Viaje 10

Como pudo se levantó hacia el estante de los cedés. Rebuscó un poco y allí estaba el que buscaba: un mono disecado con aureola de santo aparecía en la portada. Como pudo volvió a la cama. En la mesilla estaba el discman. Todavía tenía fiebre. Colocó el disco en el interior del aparato, se colocó los auriculares, cerró los ojos, y a tientas pulsó el play. Una ola grave y gris de bajo se levantó repentina en sus oídos, en su cabeza. Y empezó a ver cosas, como en una película.

 

Ser raro tiene sus inconvenientes: uno puede ser que nadie te comprenda. Pero a veces también tiene sus ventajas: ser pionero. Boston, una de las ciudades más europeas de Estados Unidos, a mediados de los 80 va a ver nacer a una de las bandas más extrañas, originales y pioneras de la música alternativa. Los Pixies. Un californiano criado en Puerto Rico, Charles Tompson, a la postre, cantante, compositor y guitarra rítmico, y un guitarrista filipino, Joey Santiago, decidieron crear una formación de rock cuando ambos comparten habitación en la Universidad de Massachussets. Ambos son apasionados de la música aunque no virtuosos instrumentistas. Esto no es un hándicap para iniciarse en el ámbito musical. Lo que sobra en la música son virtuosos, lo que falta es gente con creatividad y originalidad. La búsqueda de nuevos componentes terminó cuando la bajista Kim Deal contestó al anuncio que la pareja había insertado en una publicación musical.  Para la batería, Kim recomendó a su íntimo amigo David Lovering. En 1986 los Pixies ya estaban totalmente conformados. Poco antes Charles Thompson había adoptado el nombre artístico de Black Francis.

Comenzaron a actuar por Boston llamando la atención por sus enérgicas interpretaciones en vivo. Poco después, Ivo Watts-Russell, un inquieto empresario y productor, y miembro de otro proyecto fundamental de la música independiente como This Mortal Coil, se puso en contacto con la banda para firmarles un contrato con su compañía 4 AD Records. En el sello británico apareció “Come On Pilgrim” en el año 1987. Éste EP fue el preludio de su primer Lp, “Surfer Rosa” (1988), un revolucionario, áspero y melódico disco producido por Steve Albini en el que los Pixies, bebiendo de fuentes de inspiración como Iggy Pop, The Velvet Underground o B-52’S, trazaron el camino para posteriores formaciones de noise-pop, punk-pop y rock alternativo. Este trabajo fue recibido en Europa y, especialmente en Inglaterra, con máximo fervor. Por el contrario en los Estados Unidos solamente se disfrutaba en las universidades, convirtiéndose en un éxito en un ámbito reducido. Esta repercusión llegó hasta los oídos de Elektra, compañía en la que grabaron y publicaron en 1989 su obra maestra y uno de los Lps más importantes de todos los tiempos: su título, “Doolittle”.

Debaser (02:53). El álbum abre con “Debaser”, que comparte un par de acordes con la clásica “Smells Like Teen Spirit” de Nirvana, donde el trabajo de guitarra de Santiago es inspiradísimo y cruza líneas sobre todo el tema hasta que en los coros ambos vocalistas repiten en distintos tonos y melodías el título de la canción. El tema es algo así como una declaración de amor a la película de Buñuel y Dalí, «Un Perro Andaluz». El cantante cuenta cómo se ha alquilado una película donde seccionan el ojo de una chica muy elegante, y que por ello se ha convertido en un «chien andalusie». Black Francis dijo lo siguiente en una entrevista: «era genial, el público cantaba conmigo eso de «chien andalusie», aunque ninguno entendiésemos muy bien qué quería decir».

¿Cómo se emprende un segundo álbum después de un brillante debut? Si hay alguien a quienes se le puede realizar esta pregunta es a The Pixies. La única forma de obtener algo tan espontáneo, natural y simple como su primer disco «Surfer Rosa» fue apuntar al extremo opuesto. Ahí donde «Surfer Rosa» es visceral, en Doolittle brillan las melodías. Ahí en donde las melodías de guitarras sonaban como liberar un monstruo que vive en los amplificadores, los solos en Doolittle son ideales para cantar, y ahí donde las canciones estaban enterradas detrás de paredes de sonido y guitarras quebradas, ahora The Pixies casi flirtean con el post-punk.  Pocos discos en la historia alcanza la perfección como éste. Conservan la aridez y la catarsis de “Surfer Rosa” pero mejoran los temas en el trato melódico, conformando un trabajo mayúsculo al alcance de muy pocos. Producido por Gil Norton, el disco (que alcanzó el número 8 en el Reino Unido) contiene quince piezas vociferadas con abrasiva y ansiosa factura por Black Francis, acompañado en ocasiones por la suave y sensual facultad vocal de la talentosa bajista Kim Deal y siempre escoltado por un sugerente, retumbante e intenso sonido subyugado por la sinuosa guitarra del magnífico Joey Santiago, por posesos ritmos llenos de fascinación y por una atractiva e impactante capacidad creativa en sus estructuras melódicas. “Doolittle” es un álbum radicalmente diferente de “Surfer Rosa”, que sin embargo se las ingenia para dejar las marcas puestas de por qué los Pixies son los Pixies y qué es eso que los hace tan únicos y especiales. Un placer ver una banda que ante el esfuerzo de suceder un álbum brillante son capaces de reinventarse así, manteniendo todo aquello que hicieron bien en su esfuerzo anterior, fieles a sus principios y con vista al futuro.

Here Comes Your Men (03:21).  Volviendo al ámbito playero llega el single “Here Comes Your Man”, tema simplón pero efectivo lleno de gemitas y melodías en todos los versos. Ideal para escuchar en una isla desierta mientras se espera ser rescatados. Es curioso que «Here Comes Your Man» fuese una de las canciones más odiadas por los miembros del grupo,  debido a ser tan rematadamente pop (comprensible, ya que Francis la escribió en su juventud, mucho antes de formar el grupo). La guitarra tropical del principio es inconfundiblea. Lo cierto es que está muy bien construida, el estribillo (y sobre todo la parte en la que Kim Deal canta «So long, so long») es muy pegadizo, y el cantante se luce en la interpretación vocal. Así que, por muy suave e inocente que sea, no se puede negar que es uno de los mejores temas de Doolittle.

Doolittle está, por un lado, entre los discos de pop más violentos jamás grabados, si no en número de víctimas, sí en la desolación de sus calamidades. Incluye violaciones, mutilación de ojos, vampirismo, asfixia, embadurnamiento de toneladas de basura y el caos de un tiroteo a ciegas; cuando se pronuncian las palabras mágicas, todo el mundo muere aplastado. Cuando no habla de matar o mutilar, el disco gira hacia un aborrecimiento sexual depravado y visiones apocalípticas. Y aún así, incluso con sus alaridos y sus tempestades, es uno de los discos más melódicos y adorables dentro del rock alternativo, y Thompson (o Black Francis o Frank Black) ha pasado buena parte de dos décadas insistiendo a los periodistas que no hay un significado real a todo ese horror y ese pánico, que las letras son sólo palabras que encajan bien: «No hay ninguna intención», dice. «La intención es sentirlo, disfrutarlo, que entretenga».  Doolittle, en primera y última instancia, es otra apabullante demostración del poder cambiante del rock’n’roll, capaz de mutar en explosiones renovadoras cuando es accionado por la imaginación de seres sin prejuicios. Así que bienvenidos a Pixieland, la tierra donde la inocencia provoca catástrofes, la belleza se alimenta de palabras inquietantes y los monos van al cielo.

Si por Rock Alternativo entendemos “cajón de sastre”, Pixies fue la mejor banda de Rock Alternativo de la historia y «Doolittle» la obra maestra. Las influencias de “Doolittle” son innumerables: desde el punk más agresivo hasta el pop más sesentero pasando por Post Punk, Western, Hardcore, Reggae y Surf Rock y, en general, de todo menos Heavy Metal (y seguro que lo intentaron). Lo verdaderamente impresionante de los Pixies es que consigan tantos sonidos distintos sin salir de la instrumentación del básica del Rock… ¡sin ni siquiera efectos añadidos! Quince temas como quince joyas. Todas distintas. ¿Es eso posible? Sí, si tienes una habilidad compositiva como la de Black Francis.

Monkey Gone To Heaven (02:57). El pop se hace todavía más notorio en esta canción, uno de los clásicos indiscutidos de la banda, donde se escuchan incluso cellos sobre el riff que se mantiene todo el tema explotando en los coros con la voz de Black. Parte de una estructura sencilla pero con un estribillo legendario, al que se le añade una letra apocalíptica sobre el calentamiento global y la contaminación y unos disimulados arreglos orquestales, y lo que sale es oro puro. Es una de las canciones más conmovedoras que ha dado la música alternativa, pero que deja en el oyente intranquilidad sobre lo que le depara al ser humano y al planeta el futuro: se podría decir que es la canción ecologista más perturbadora jamás hecha.

Pixies: creatividad, ingenio, singularidad, estridencia, insólitas líneas de guitarra, bajos musculosos, voces que tanto pueden adoptar tonalidades susurrantes como desgañitadas y una notable carga melódica. Quienes lo escucharon en su época por primera vez descubrieron que aquel grupo no se parecía a nada que hubieran escuchado antes. Tan pronto desprendían una energía salvaje como sorprendían con dulces y adictivas melodías. Hablaban de ovnis, de ciencia ficción, de incesto y de violencia bíblica. Eran raros. Baterías frenéticas, guitarras retorciéndose. Es díficil describir el estilo de los Pixies. En muchas páginas web hablan de él como una mezcla de noise, punk rock, surf y pop. Lo mejor es escucharlos por uno mismo para hacerse a la idea.

La encarnizada, insana y fiera factura vocal del líder Black Francis (luego conocido como Frank Black), la sobria ejecución de Kim Deal al bajo, las connotaciones surf de la característica, hiriente y poco convencional guitarra de Joey Santiago, y la potente batería de David Lovering toman cuerpo y consistencia en lacerantes, psicóticos y atmosféricos temas que agrupan abrasivas texturas noise-rock y letras surrealistas y sinsentido en pegadizas melodías pop que han marcado un hito en la década de los 90. Su legado se expandió en multitud de bandas de similar sonido pero, por lo general, más previsibles, de menor talento y singularidad.

Hey (03:31). Esta es una de esas pocas canciones en las que el oyente nunca sabe si transmiten tristeza o ganas de vivir. Al principio parece que no va a ser gran cosa, pero luego crece mucho.  No sigue el estilo de la mayoría de las canciones del disco, ya que la guitarra suena más bien a folk. Sin embargo es uno de los himnos indiscutidos del indie rock de todos los tiempos, con la línea de bajo más pegadiza que la banda tiene en su arsenal, y una letra absolutamente pasional en la entrega, una canción de amor totalmente sórdida y honesta.

Pixies han tenido una carrera distinta a la de cualquier otro grupo de rock alternativo, desapareciendo sin ser la nueva gran sensación, convirtiéndose en dioses ausentes. Las malas relaciones entre Kim Deal y Black Francis terminaron rompiendo el grupo en 1992. Francis se rebautizó como Frank Black y dio inicio a su carrera en solitario. Por su parte Kim Deal continuó su trayectoria con The Breeders, y Joey Santiago y David Lovering formaron The Martinis, banda en la que también se encontraba la futura esposa de Santiago, Linda Mallari. Sin Iggy Pop y los Stooges, sin Lou Reed y la Velvet o sin Dick Dale o Pere Ubu no hubiesen existido los Pixies. Pero sin los Pixies no hubiesen aparecido gran parte de los grupos alternativos surgidos a partir de los años 90, entre ellos Nirvana (Kurt Cobain era un confeso fan del grupo), Weezer, Radiohead, Pearl Jam o Pavement. Estamos ante una de las bandas más influyentes de la historia del rock: hicieron sólo cuatro discos, pero ninguno baja del sobresaliente.

Hoy hemos querido presentar el que por muchos es considerado el mejor. Doolittle es la personificación de su abrasivo, exhuberante y enigmático pop. Un pasaje por la locura, la critica a la sociedad, la progresión de acordes, el pararte de tu silla, las baladas pop desgarradoras, los gritos maravillosos, el rock en la onda más surf y el punk de los grandes revivido en composiciones tan violentas como brillantes. Quién podía haber sospechado que de unas canciones basadas en sonidos crudos y distorsionados, de unas letras sobre muerte, suicidio, sexo y los pasajes más grotescos de la Biblia, y de la voz desquiciada de un Black Francis que no se priva de gritar, chillar y ladrar, iban a salir melodías tan adorables.

 

Aquel mediodía, Indiego creyó regresar de un viaje de los suyos. Creyó estar bien, ya recuperado del estado febril por el que había pasado esa misma mañana. Creyó estar en su habitación. Seguía cansado, muy cansado. No había nadie en casa, así que aún podía dormir un rato más. En la calle, los cipreses azules apuntaban al cielo amarillo limón. Dentro de la tienda de ultramarinos, un ser extrañísimo sacaba las cuentas de lo ganado durante la mañana vendiendo cabezas disecadas. Hacía calor, mucho calor. Por eso los albatros se había refugiado en la sombra de los soportales. Todo parecía muy normal mientras Indiego dormía.

septiembre 2019
L M X J V S D
« Nov    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30  

Sintonía