Viaje 11

En su minúscula habitación también cabía un pequeño radiocasete que tenía un compartimento para cedés. Mientras se pintaba los labios y se sentía mejor que nunca le apeteció escuchar aquel disco; antes le echó otra calada profunda a aquel porro. Abrió la caja del cedé y lo colocó en la boca mecánica del aparato. Mejor que nunca, mejor que nunca. 21 años, los labios pintados, la música.

 

Cuando Lou Reed abandona los Velvet Underground, a mediados de 1970, literalmente desapareció de la escena musical. Se alejó de todo lo que tenía algún vínculo con lo que había estado haciendo hasta ese momento: Tomó un trabajo como mecanógrafo en la firma de su padre. El mismo Reed comenta que hubo un enorme problema con el representante, que le obligó a dar un paso al costado para intentar “curar sus heridas”. Cuando se desentendió de The Velvet Underground, debía responder a una pregunta clave: ¿cómo ser Lou Reed? Escapó del anonimato neoyorquino camino de Londres. Allí terminó grabando un disco en solitario (Lou Reed, 1972), que al ser grabado en Londres con la colaboración de músicos clásicos (algún miembro del grupo progresivo YES entre ellos), no era representativo de su sonido. Este trabajo, publicado en mayo de 1972 bajo el sello RCA- fue un total fracaso, excepto para un editor de la revista Rolling Stone (que lo calificó de ‘casi perfecto’).

En el verano de 1972, en Londres reinaba un artista: David Bowie. Acababa de publicar “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust An The Spiders From Mars“, y su trascendencia en el mundo de la música estaba fuera de toda duda. RCA aprovechó que ‘el camaleón’ era fan de Lou Reed desde su época de The Velvet Underground para proponerlo como productor del siguiente disco de Lou Reed. A Bowie le sorprendió que Reed quisiera trabajar con él como su productor, pues se sentía intimidado por todo lo que el de Brooklyn había hecho hasta ese momento. El trasfondo de todo aquello es, según muchos, que RCA quería que la música de Lou Reed llegara al público pop que Bowie ya dominaba en ese entonces. Tener a alguien como David Bowie entre sus colaboradores, hizo que muchos miraran hacia él y estuviesen pendientes de la calidad del trabajo que ambos lograrían. Pero no sólo Bowie estaría a cargo de la producción de este disco: a su lado tendía a Mick Ronson, guitarrista, compositor y compañero de viaje en la agrupación Spiders From Mars.

Ya en agosto de 1972 en los estudios Trident, Lou Reed trabajaba en el disco, en compañía de Bowie y Ronson, responsables de una producción intuitiva, con arreglos que parecen improvisados en un arrebato de genialidad y que en conjunto confieren al disco un fascinante aire de extravagante cabaret intimista. Parece un despropósito sinsentido, con el bajo en primer plano, una tuba pomposa, la batería perfumada de swing, unos coros parodia del doo-wop… Un auténtico despropósito, pero un bendito despropósito con un título mítico para la música rock: Transformer.

 

Vicious (02:58).  Un adicto al speed y a otras drogas como era Lou Reed tilda a alguien de “vicioso” en esta canción. Y es con este tema con el que se abre el disco. Una potente melodía y guitarras descaradas que podrían recordar a los tiempos de Velvet Underground pero sin embargo no lo hacen, porque la influencia de la música de Bowie también se nota. El cambio es evidente en el momento en que la canción comienza. Con frases como “No eres la clase de persona con quien quiero estar “, Reed expresa su furia hacia alguien. Reed parece describir a una chica viciosa de una forma muy cruda como suelen ser las letras del cantante, pero quizá se refiere a otra persona. ¿Quizá hacia su pasado representado en Andy Warhol? ¿Quizá hacia sí mismo? Una canción con significado ambiguo para abrir un disco ambiguo y enigmático.

Hay encuentros musicales que han marcado un antes y un después en la historia de la música: John Lennon conoce a Paul McCartney; Syd Barrett a David Gilmour y Roger Waters, o Morrissey a Johnny Marr. Uno de estos encuentros fue el de David Bowie y Lou Reed, que tuvo como consecuencia la realización de este disco. Transformer tiene mucho de los Velvet, pero no es un disco basado en ellos: es otro material, un proyecto completamente nuevo. Reed se dio cuenta de que no podía seguir esa línea pues no podría conseguir sonar como la Velvet ya que para empezar, él no tenía una banda. Bowie y Ronson supieron guiarlo para hacer un disco de glam rock que se convirtió en uno de los más trascendentales de la segunda mitad del siglo XX y no sólo por su música sino también por sus salvajes letras. Guitarras eléctricas (más limpias y menos oscuras en su mayoría que las de The Velvet), instrumentos de viento, muchos coros y ritmos rock llenan un disco que tiene un claro aire a las obras de Bowie.

Perfect Day (03:47). Hay distintas interpretaciones de la canción “Perfect Day” sobre si Reed habla del amor o de su adicción a las drogas. En cualquier caso describe cómo sería un día perfecto: bebiendo sangría con otra persona en el parque y al anochecer volver a casa o alimentar a los animales en el zoológico, una película y a casa, pero como en toda gran canción de Reed las cosas no son lo que parecen. Una canción donde lo amigable se vuelve sombrío y triste, y sin embargo hermoso, la gran canción a medida que Frank Sinatra se murió sin grabar. Originalmente la canción fue grabada en una guitarra en una demo que Reed le mostró a Bowie; fue él quien sugirió hacerla en piano y nos brindó una de las más bellas canciones jamás hechas.  Una curiosidad que habla de su perfección atemporal: llegó a ser número uno en Inglaterra 25 años después de haber sido escrita.

Este disco tiene mucho que ver con lo que cosechó Reed con la Velvet en cuanto al aprendizaje, más allá del fracaso sufrido con su primer disco, pero también deja entrever la personalidad cambiante de Reed, esta vez salpicado de Glam en algunos temas resultado de la compañía de Bowie y Ronson. Pero el protagonista es Lou Reed: es indiscutible que el disco está creado, armado y escrito por él. Las canciones tienen su sello, mas allá de los arreglos que hayan aportado los demás participantes en la producción y grabación del álbum. La aportación de Bowie se siente, el disco es mucho más minucioso y “glam” que los trabajos anteriores de Reed. Guitarras limpias, voces claras, coros con un sesgo “popero” y melodías pegajosas. Pero es a través de Reed, su esencia, su inevitable oscuridad y atormentadas líricas que el disco llega a ser lo que es.

Lou Reed seguramente no le guste a todo el mundo, pero fue capaz de marcar a más de una generación, convirtiéndose en icono de la movida underground y rockera de Nueva York en los años 60, un artista de verdad, con momentos y vaivenes como todos los artistas, como todas las personas. Un artista lleno de vicios, fetiches, misterio y  locura, por momentos depresivo y cansado de todo. Por momentos eufórico y roquero, dueño del rock neoyorkino y siempre mostrando una actitud radical.

Walk On The Wild Side (04:07). Si con la Velvet, Reed ya había dibujado con sus letras vivas imágenes de un mundo underground lleno de travestis, prostitutas, alcohólicos y drogas, con esta canción eleva este mundo a arte. Reed hace una invitación a caminar en el lado más salvaje llevados por una banda sonora que se mueve entre el glam rock y el jazz, dedicándole cada verso a un personaje distinto: Holly, que se fue de Miami haciendo autostop, se afeitó las piernas y ya dejó de ser él para ser ella; Candy, que era querida por todos; Sugar Plum Fairy, que salió a la calle buscando alimento para el alma y un lugar para comer o Jackie, que se creía que era James Dean por un día. Mientras, como dice la canción, las chicas de color cantan: “doo doo doo, doo…”

Si alguien estuvo inmerso en la locura del “underground” de New York de los 70, fue Lou Reed. Perdido en una adicción a la heroína y el vértigo de un mundo tan cambiante, Reed siempre supo canalizar todos sus sentimientos en las fuertes letras que acompañan sus trabajos. Hoy, mucho tiempo pasó de esa realidad sórdida, marginal, corrupta y candente que Transformer relata fervientemente, y aún así no podemos dejar de imaginarla. Y es que así se siente, como un relato de sus andanzas en ese clima tan sombrío y visceral. Con un particular énfasis en los detalles y en la descripción de cada personaje, Reed nos encamina en este viaje por el vertiginoso under newyorkino, nos invita a “caminar por el lado salvaje”.

Dicen que Lou Reed tiene el ego más grande del mundo y que es una persona bastante difícil en cuanto a trato, pero lo cierto es que su talento es indiscutible y que la poesía y magia que encierra sus letras y música es inigualable. Nadie en los años 60 y 70 habló de drogas, sexualidad  y otros temas “tabúes” tan abiertamente como él. Utilizar el sadomasoquismo, las drogas y la marginalidad en canciones capaces de sonar en la radio a comienzos de los años 70 habla de su tremenda personalidad, capaz de desafiar los oídos virginales y puritanos de la sociedad de aquellos tiempo

Satellite Of Love (03:44). Su recargada producción y delicada melodía puede distraer de la celosa paranoia del protagonista, pero no cabe duda de que es otra canción cargada de ambigüedad y dobles significados. Reed ha dicho muchas veces que entiende de qué tratan las canciones cuando las interpreta frente al público. Así, con los años se dio cuenta que este tema “Satellite Of love” (con un muy buen desempeño de Bowie en los coros) en el fondo habla de celos. Y cierto es que las letras hablan de obsesión, de acechar a alguien, pero que aún así se erige como una entrañable balada que, en el fondo, destaca el romance que va más allá de la misma obsesión.

Con Transformer (1972) Reed se vio convertido en estrella de rock, posición nunca alcanzada con The Velvet Underground. El disco muestra a un Reed accesible que al mismo tiempo, exhibía un perfil decadente, dado a los malos hábitos, muy explotable publicitariamente. Con este disco consiguió lo que quería: Reed acertó a ser Lou Reed, pero tuvo que compartir su triunfo con Bowie y “Ziggy Stardust”. Y eso su ego no se lo podía permitir. Reed conseguiría el éxito comercial con este disco al que ayudó, y mucho, la participación de Bowie en el proyecto. A pesar de ello, Bowie y Reed acabaron con su relación de trabajo y amistad después de la publicación del disco. No trascendió el motivo de su discusión y no volvieron a colaborar hasta pasados más de 20 años cuando Reed participó en el concierto para celebrar los 50 años de Bowie en el Madison Square Garden en 1997. Los dos volverían a colaborar de nuevo con el disco “The Raven” de Reed en 2003.

Lou Reed emprendió con este disco una carrera que le convirtió en icono de la cultura rock. Alistado en las filas del malditismo pero experimentador ocasional del éxito comercial, Reed es una figura arisca  y magnética cuyo espectro expresivo cubre desde el terrorismo sonoro eléctrico hasta el diálogo con la literatura: elevar la narrativa del rock al estatus de material poético de altura es una de sus últimas causas, compatible con el cultivo de depurados sonidos de guitarra.

 

Cuando aterrizó de su viaje y abrió los ojos, estaba recostado boca abajo en la cama. Se levantó. En el espejo vio como la pintura de sus labios se había extendido hacia sus carrillos, hacia el bigote, hacia la barbilla. Donde antes había una perfecta mariposa labial, ahora había una mancha que transformaba su cara en una careta patética. 21 años. Mejor que nunca. Tal vez no todo estaba tan bien. Dudó por un instante. Luego, fue al baño y se lavó la cara quitándose la pintura rosácea del carmín. Cuando regresó a su habitación, abrió su neceser y sacó otra barra de labios. Pulsó de nuevo el play y se pintó. Esa noche iba a salir. En el espejo, una mariposa negra se posó sobre sus labios.

enero 2019
L M X J V S D
« Nov    
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  

Sintonía