Viaje 14

Rebuscó en el montón desordenado en el que se había convertido su colección de discos. Allí estaba: en la portada primaba el blanco con algo de azul, frío, triste. Lo sacó de la carcasa y lo metió en su discman. Se puso los auriculares y se tragó la pastilla con un poco de agua. “No hay personas. Sí hay personas. Alegrías. Penas. Frío e insensible.” Las palabras seguían revoloteando cuando sonaron los primeros acordes de una guitarra angustiada. Todo empezaba a tener un sentido.

 

1997, a nivel mundial, no estaba siendo especialmente destacable ni para bien ni para mal. Una de las noticias de aquel año fue el anuncio por parte de científicos escoceses de haber logrado clonar a una animal: la llamaron Dolly. En cuanto a la música, más o menos estaba pasando lo mismo. En Europa el Brit Pop está en lo más alto y empieza a dar muestras de cansancio (“Be Here Now” de Oasis); en Estados Unidos el post-grunge convive con el boom del Nu-Metal y aparece un nuevo tipo de soft-rock o radiofórmula que lo mezcla todo. En ese contexto, unos tipos feos y raros de Oxford están a punto de lanzar una bomba. Dos años antes habían editado una obra maestra del pop de guitarras, “The Bends“, una joya en la que la peor de sus 12 canciones habría sido el single estrella de cualquier otro grupo. Pero ya no les vale con hacer canciones perfectas. Ya no les vale con hablar de lo mal que se sienten por su chica, o por su trabajo, o por su físico. Quieren hablar de lo mal que nos sentimos todos, y quieren hacer algo trascendente, no sólo “moderno”. La bomba tiene un nombre: “OK Computer“, y quienes están a punto de hacerla detonar, Radiohead.

La banda se había formado a finales de los años 80 por el cantante y guitarrista Thom Yorke, los guitarristas Ed O’Brien y Jonny Greenwood, el bajista Colin Greenwood (hermano mayor de Jonny) y el batería Phil Selway, iniciando su trayectoria en Oxford, ciudad inglesa en la que varios de sus miembros se habían conocido durante su etapa estudiantil. El primer nombre de la banda fue “On A Friday”, nombre derivado del día en el que solían reunirse para ensayar. Tras un período en el que se ocuparon principalmente de sus estudios universitarios, el quinteto dinamizó el grupo a comienzos de la década de los 90. Varios meses después de este retorno la banda pasó a llamarse Radiohead tomando el nombre de un título de una canción de los Talking Heads. Tras conseguir un contrato con EMI, el grupo publicó su primera grabación en disco, el EP “Drill” (1992). El mismo año apareció el single “Creep”, un tema que en principio pasó inadvertido para el gran público, pero que un año después, coincidiendo con la publicación de su Lp debut, “Pablo Honey” (1993), y la promoción del sencillo en las radios americanas, logró conseguir excelentes resultados en ventas en todo el mundo.

Posteriormente, en 1995 publicaron “The Bends”, magistral disco que consiguió llamar la atención de la crítica internacional por la madurez de su sonoridad, la hondura emocional y atormentada de las composiciones de inspiradas texturas y ricas en estructuras. Un año después de la publicación de “The Bends”, los componentes de Radiohead ya estaban hartos. Hartos de una gira interminable y hartos de una discográfica, Parlophone, que les exigía unos plazos demasiado rígidos para publicar discos. Así que decidieron irse a un estudio a las afueras de Oxford donde no había baño ni posibilidad de cocinar. Abandonaron este estudio al poco tiempo, y se instalaron, en septiembre de 1996, en la Corte de Santa Catalina, una mansión histórica propiedad de Jane Seymour, y allí, separados de la ciudad, Radiohead grabaron su mejor disco. OK Computer se publicó en junio de 1997. Inmediatamente, las revistas especializadas se apresuraron a escribir listas de los mejores álbumes de la historia para situar Ok Computer entre ellos. Inglaterra estaba orgullosa de su mejor banda desde los Beatles.

Hablar de “Ok Computer” es hablar de una obra maestra, es mencionar uno de los mejores discos de los noventa, un álbum anticipado a su tiempo, doce canciones que, por su modernidad, aún nos sorprenderían hoy, siempre que Radiohead no hubiera publicado los discos siguientes a esta joya.

Let Down (04:59). Tema de lucimiento compositivo de Jonny Greenwood, donde la voz tan particular de Yorke se combina con un piano eléctrico y guitarras. La desesperación y sentimiento de abandono construyen este himno que es la definición perfecta de lo que es OK Computer. Por su ambiente frío y decepcionante, recuerda, en parte, a la portada del disco, con esas “autopistas” azules y frías, que al fin y al cabo es lo que nos transmite el tema. Cuenta con la épica de lo putrefacto, la grandeza de la desesperación. Este tipo de sentimientos se vuelven eternos y, al mismo tiempo, tan banales como la naturaleza humana. Guitarras características, sin apenas distorsión, pero que gracias a los punteos consiguen que, junto a la voz de Yorke y O’Brien, todo acabe en un desenlace tan hermoso como desolador.

OK Computer” pudo disfrutarse por primera vez el 16 de junio de 1997 y, no solo se sigue disfrutando a día de hoy, sino que está más vigente que nunca. El disco es la premonición de una distopía futurista a la que parece que nos acercamos poco a poco, si no estamos ya en ella.

Alienación, consumismo, aislamiento, capitalismo salvaje, incomunicación. Aunque ellos dicen que no es un disco conceptual, los temas que trata están bastante claros y se repiten a lo largo del álbum. Es un disco moderno y a la vez clásico, y 16 años después sigue sonando actual, tanto en música como en contenido. Esa atemporalidad le acerca a otros discos clásicos de los que bebe, como el Dark Side Of The Moon (su referente más claro y su equivalente en los 70) y el White Album de los Beatles, con el comparte cierta frialdad y algunas estructuras y armonías. Es Art Rock, pero también es pop. Tiene canciones redondas y a la vez densas, difíciles, llenas de texturas, de ambientes (la influencia del Krautrock y de gente como Brian Eno empieza a hacerse patente). Guitarras de todos los colores (aunque menos presentes que en The Bends), orquestaciones, mellotrones, bases electrónicas, voces de robot, glockenspiels, y mucha intensidad emocional bajo la capa de frialdad externa.

OK Computer es un magistral manual de la realidad humana, un sutil compendio de sensaciones y sentimientos, descritos con una sorprendentemente efectiva atmósfera musical y por la voz de un cantante, Thom Yorke, que es expresividad pura. En OK Computer se mezclan guitarras, piano y la introducción de ruido como catalizador de emociones, y es que lo que hace revolucionario a este álbum es como todo ese caos consigue crear una atmósfera perfecta para transmitir sensaciones, que, al fin y al cabo, es de lo que se trata esto de la música.

Karma Police (04:21). Probablemente el himno más famoso de Radiohead, es posiblemente también una de las canciones de la banda sobre las que más se ha hablado. ¿Qué significa eso de “policía del karma” y qué intenta decirnos con su letra onírica y genial? Las letras ironizan sobre la moralidad y la justicia de hoy en día, sobre un sonido de balada perfecta de ambiente neutral. Hay un aire de dejadez y pasotismo en el tema que se conjuga de manera interesante con la elegancia de la línea de bajo, que es la que da la auténtica melodía al tema junto al piano.

Ok computer es considerado por muchos el mejor disco de los noventa porque es el que mejor retrata la década. A diferencia del britpop y del grunge -a los que ya superaron en sus primeras dos obras- Radiohead entendieron la forma de bisagra que dibujaban los últimos años del siglo XX, entendieron que algo estaba cambiando y nada iba a ser como antes. Lo captaron, lo vieron presente en el aire que respiraban. El disco es el más sublime canto de desesperación de lo que se conoció como Generación X. Las letras de Thom Yorke parten de un costumbrismo posmoderno para atacar sin piedad a la moral autocomplaciente, vacía, consumista e imperialista del capitalismo. Ok Computer es en forma y fondo una crítica desesperanzada.

A grandes rasgos, con algunas excepciones, es un disco bastante lineal y en mas de una ocasión la banda dijo que no se debía considerar a OK Computer como un disco conceptual pero la realidad es que a lo largo de las doce canciones que contiene, se tratan temas como el mundo capitalista en el que estamos inmersos, la locura, la tristeza, la política o la vida moderna y están entrelazadas entre sí de alguna manera.

OK Computer tiene una rara habilidad: parece no tener final, igual que tampoco parece tener principio. Da igual en que orden escuchemos los temas: lo que nos transmite depende más de nosotros mismos que de lo que escuchamos. Más que una transmisión es un despertar. Las piezas del disco se colocan ellas solas en la cabeza de quien lo escucha y cada vez que lo escucha, así que el orden no es estrictamente necesario. OK Computer es una obra completa. Que no tenga final no quiera decir que de principio a fin, valga la paradoja, no tenga ni un solo punto realmente flojo. ¿Es perfecto? La perfección es algo que no podría ser más subjetivo. No obstante, es cierto que OK Computer supuso un salto de calidad enorme en la discografía del grupo y en la historia del rock alternativo. Muchos grupos han reconocido nutrirse de su sonido y mensaje. Es un disco conceptual que no es conceptual. Es un libro de relatos hecho música.

No Surprises (03:48). Yorke insinúa un derrocamiento del gobierno: “Derribemos al gobierno, ellos no hablan para nosotros”, en medio de la canción pro-suicidio por excelencia. La canción es el testamento de un hombre con un trabajo rutinario, una vida sin alarmas y sin sorpresas (no alarms and no surprises), como dice el estribillo. Duele especialmente por cómo, sobre un apartado musical tan bonito y relajante, el mensaje agarra todo lo que supone que nos debe importar y lo tira por la borda.

La clave para descifrar el significado general de OK Computer la da el tema “Fitter, Happier”. En él una voz robotizada cuenta las bondades de una persona prácticamente perfecta, un modelo moral y social, ese ciudadano ideal que se supone que todos deberíamos ser, que no es más que un ser humano programado para ser un miembro eficiente y productivo en la sociedad, pero que todavía necesita unos cuantos retoques más, como podría ser “un cerdo enjaulado en una empresa farmacéutica”. El resto del álbum, en oposición a lo que sería este tema que acabamos de describir, es una ristra de los más básicos sentimientos humanos, que marcan nuestra existencia, y son contraproducentes para el conjunto de la sociedad, y contrarios a la automatización y previsibilidad anteriormente descrita.

La lucha eterna de los opresores y los oprimidos (y la sensación de que todos somos, a la vez, una cosa y otra), miedo, accidentes de coche, inmoralidad, injusticia, ensoñación para evadirse de la realidad, desesperación, abandono, política, amor, todo eso y mucho más en un disco que puede considerarse como uno de los puntos culmen de la música contemporánea, y un punto de inflexión para el rock internacional. El disco suena fresco como el primer día, incluso 16 años después. Cada canción diferente, un mundo en sí misma. Radiohead consiguen crear un ambiente propio en cada canción para crear el ambiente nihilista de todo el disco. La voz en falsete de Thom Yorke que parece creada para expresar emociones, cantando letras inteligentes y embriagadoras. La espectacular guitarra de Jonny Grennwood envolviéndolo todo. Ruidos para transmitir lo que una melodía no es capaz de hacer, melodías construidas con una enorme variedad de sonidos y de instrumentos, ya que cada tema tiene mil y un recovecos que esperan ser explorados por los oídos de quienes lo escuchen.

Radiohead no solo consigue con Ok Computer hacer un trabajo que puede considerarse de obra maestra del rock alternativo, mejor disco de la década de los 90, y demás títulos que le atribuyen los fans y los no tan fans. No es solo eso. OK Computer alcanza la cima de la expresión artística postmoderna, utilizando para ello algo tan sencillo y cotidiano como es el nihilismo contemporáneo, la perdida de valores, la transformación del mundo en una fría y racional máquina. El romanticismo se ha perdido, y los miembros de Radiohead no tienen intención de devolverlo al mundo, aunque con algún tema lo consiguen sin querer.

Lucky (04:19). Las guitarras en este tema son sensacionales demostrando que el grupo tiene su esencia en las guitarras. La voz, también muy destacable, nos narra la angustiosas historia de un sobreviviente de un accidente aéreo que luego se convierte en superhéroe. Una canción que también puede interpretarse como un canto antibelicista, una declaración contra la barbarie de un personaje llamado a filas.

Radiohead creó un disco para una época. Un disco que es una crítica a todo lo que representa la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI. Más que crítica, es un análisis terrorífico del mundo en el que vivimos. En el álbum hay elementos tan propios de la mentalidad digital como la recontextualización, el sampleo o la mezcla. No se podía llegar más lejos. No se podía llegar más lejos tocando una guitarra eléctrica. En esta obra está todo el noise rock de Sonic Youth, la influencia de Talking Heads  -cada vez menos evidente- y de The Pixies, la rabia de Nirvana,  el sabor británico de Oasis y la  influencia vocal de Jeff Buckley. Jonny Greenwood se doctoró con Ok Computer como uno de los mejores guitarristas de su generación. 16 años después de su gestación, el tercer disco de la banda de Oxford supone un testimonio imprescindible, quizá el mejor, para entender al hombre del siglo XXI en todo su esplendor. Para entender toda su desolación, su aislamiento, su alienación y la rabia que late en su interior. Su sensación de no continuidad con respecto a las generaciones anteriores. Esa impresión de no pertenecer a nada encuentra su mayor expresión artística en Ok Computer.

Después de este disco Radiohead ya no pudieron permitirse hacer cosas “normales”, se liaron la manta (electrónica) a la cabeza y se marcaron el arriesgadísimo Kid A, para ellos no había vuelta al pop convencional, dejaron de hacer música para nosotros y empezaron a hacerla para sí mismos, para ver dónde podían llegar. Si en 1991 el Nevermind de Nirvana mató a los 80, en 1997, con OK Computer nació el siglo XXI.

La magia de OK Computer es que llega, que transmite, que envuelve en una épica patética y desoladora. Consiguen hacer algo bueno a partir de una premisa depresiva. Es un disco que induce al hastio, al asco, al suicidio, aunque su virtud también reside en la inclusión de temas no tan personales: un par de ellos cuentan historias insustanciales, incluso pro-vida, y lo hacen de tal manera que permiten vislumbrar el mundo al que nos quieren transportar. Grandes rascacielos, naves espaciales y espectaculares supernovas, que luego se transforman en sucios engranajes y frías autopistas. Nos ponen delante un futuro lamentable y, sin embargo, no hacen más que recordarnos un mundo en el que llevamos viviendo más de medio siglo.

 

A la semana siguiente, en una revista especializada en arte aparecía una pequeña reseña sobre una exposición en la Galería SinMoldes. En la reseña se destacaba “la mirada fría, impersonal y casi inhumana que se muestra sobre estampas angustiosamente cotidianas, en las que el ser humano no está, pero se le adivina, escondido, frágil, temeroso de sí mismo. El título de la exposición es «Con otros ojos, el tiempo suficiente existir»”. Indiego cogió unas tijeras y recortó cuidadosamente la revista justo por donde estaba la reseña. Al irla a colocar en el tablón de su habitación, se pinchó el dedo con una chincheta. A pesar del punzante dolor, sonrió. Una pequeña gota de sangre se colocó para siempre en el trozo de papel cortado.

 

enero 2019
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