Viaje 15

De pronto un ansia quemante le hizo incorporarse y salir disparado hacia el tercer cajón de la maltrecha mesilla. Ayer mismo había comprado una caja de pastillas. Se tomó dos, las necesitaba. Se las tomó sin agua. Después fue a la pila de discos y encontró aquel que Josito le descubrió detrás del instituto compartiendo auriculares y fumando porros: en la carátula dos niñas se abrazaban felices, como hermanas. Sacó el CD de su interior y lo metió en la boca para cedés del cassete. Pulsó el play y subió la rueda del volumen al máximo. El redoble de una batería lo llenó todo, luego una guitarras desgarradoras empezaron a sonar con fuerza. Iba muy rápido, se dijo, y empezó a viajar.

1993 fue el primer año de gobierno de Bill Clinton como presidente de Estados Unidos. 1993 fue el año en que los dinosaurios de Parque Jurásico gobernaron en las salas de cine. Europa seguía desangrándose por Bosnia, mientras en España sólo se oía por la televisión la palabra corrupción. En la música, el grunge parece ocuparlo todo, tanto que parece que empieza a hacerse necesaria una alternativa a esta música que empezó siendo alternativa. Y fue justo entonces que desde Chicago, Billy Corgan encabezando los Smashing Pumpkins, creaba en 1993 una alternativa al grunge, la alternativa de la alternativa, el disco que mejor dibujará musicalmente al concepto de “Generación X”. Su título: “Siamese Dream”.

The Smashing Pumpkins, llamada hasta 1995 Smashing Pumpkins, se formó en 1988 en Chicago. El nombre de la banda fue elegido por Billy Corgan antes de su formación. El significado es ambiguo y, aunque el sentido con el que se bautizó la banda fue el de “calabazas aplastantes”, también podría ser “aplastando calabazas”, puesto que smashing puede ser un adjetivo o un gerundio.

Mientras trabajaba en una tienda de discos, Corgan conoció al guitarrista James Iha. Ambos comenzaron a escribir canciones juntos, ayudados por una caja de ritmos, dando el primer concierto bajo el nombre Smashing Pumpkins en julio de 1988. Poco después se unió al dúo D’arcy Wretzky, una bajista. El 10 de agosto de 1988 realizaron la primera presentación como trío (Corgan, Iha, Wretzky y una caja de ritmos) en el club Avalon de Chicago. Después del concierto, el propietario del Cabaret Metro, uno de los más famosos locales de Chicago, realizó una oferta a la banda en la que les ofrecía su apoyo a cambio de reemplazar la caja de ritmos por un baterista. El elegido fue Jimmy Chamberlin, quien había formado parte de algunas formaciones de jazz. Esta es precisamente la formación clásica del grupo, que permaneció junta hasta el año 1997: Billy Corgan, compositor, cante y guitarrista; James Iha, guitarrista; D’arcy Wretzky, bajista y Jimmy Chamberlin, batería.

The Smashing Pumpkins lanzó sus primeros sencillos en 1990 en distintas discográficas, firmando a finales de ese año con Virgin Records. Para la grabación del álbum debut de The Smashing Pumpkins, la discográfica contrató al entonces productor de Sonic Youth y Nirvana, Butch Vig. Juntos grabaron en 1991 el álbum “Gish”, publicado en mayo de ese año. El disco, a pesar de su gran calidad, se convirtió en un éxito de menor importancia, eclipsado por el éxito de Nevermind de Nirvana. Así y todo, el nombre del grupo empezó a sonar con fuerza en los circuitos alternativos de principios de los 90 y poco a poco el disco comenzó a tener éxito. Sin embargo, tras este sorprendente éxito de su debut, su camino se había torcido. Jimmy Chamberlin, el batería, vivía sumido en la heroína y el alcohol; James Iha y D´arcy Wretzky, guitarra y bajo, acababan de romper estrepitosamente una fugaz relación sentimental, y Billy Corgan, el alma del grupo, siendo incapaz de escribir y sumido en una depresión, se había intentado suicidar. Con estos mimbres, en diciembre de 1992, la banda entró en unos estudios en Atlanta con el fin de reinventarse o desaparecer.

Poco duraron en Atlanta. Jimmy Chamberlain, perdido en una espiral sin retorno, no podía seguir las sesiones y el grupo se vio obligado a cambiar de estudio con frecuencia para que el batería perdiera sus contactos y no pudiera comprar más heroína. Sin embargo y cuando todo parecía perdido, Billy Corgan se encerró en el estudio 16 horas diarias durante meses y, quizás gracias al “Loveless” de My Bloody Valentine que escuchaba de forma permanente, o la paciencia encomiable del productor Butch Vig, recuperó la inspiración y con ella su genialidad maldita de inseguridad y éxito mal digerido.

Cherub Rock (04:58). Contundente ramalazo de furia contra las fronteras del mundo indie. Un suave redoble de batería de Chamberlain, es continuado por unas notas simples de guitarra de Iha para que luego entre un riff de guitarra muy potente y distorsionado por parte de Corgan. Excelente la línea melódica que tejen Iha y Corgan, resguardada por el buen hacer de D’Arcy al bajo. Las guitarras, pese a estar en primer plano, aparecen como pasadas por agua, como diluidas y exprimidas de nuevo para sacar un jugo totalmente distinto. La fabulosa base rítmica (batería insuperable de Jimmy Chamberlain) y un estribillo preciso en el que de nuevo sobresale la voz entre candorosa y dolida de Corgan pidiendo “let me ouuut” hacen el resto.

Corgan partió de la base de “Gish” y de los rudimentos más básicos del grunge, pero consiguió dotar al sonido de una nueva orientación. Utilizando cientos de cuerdas y percusiones cercanas al jazz, impregnó las guitarras de un cierto halo de barroquismo equilibrado y sublime con un resultado inmejorable, una obra maestra. Redondeando la genialidad de Corgan a base de esmero y equilibrio, Butch Vig, en poco tiempo acababa de firmar, nada más y nada menos, el triángulo mágico del sonido de los años noventa,  el “Nevermind” de Nirvana, el “Dirty” de Sonic Youth y quizás el mejor disco de la década de la música americana, el “Siamese Dream” de Smashing Pumpkins.

Smashing Pumpkins llegaban de milagro a su segundo disco que se convirtió por derecho propio en uno de los discos fundamentales de la historia de la música alternativa, y gracias a este disco los Smashing Pumpkins se convirtieron sin lugar a dudas en una de las formaciones más importantes y exitosas de los 90. Un grupo en el que Billy Corgan, guitarrista y cantante de la banda fue considerado en su día como uno de los genios de la década, una mente perturbada que plasmaba cada uno de sus demonios en canciones muy bonitas o bien en temas violentos

Kurt Cobain era la camisa de franela y Billy Corgan el jersey de cuello cisne, el tipo que le dio un aire de sensibilidad de autor al rock alternativo de los 90. No destrozaba guitarras, las acariciaba en estáticas oleadas de heavy mientras leía un libro de poesía. Con “Siamese Dream”, Corgan construyó un monumento al rock artístico y al trastorno obsesivo-compulsivo.

Today (03:20). Una de las mejores intros del rock; una simple melodía como de caja de música con una guitarra desnuda conseguida tras 12 horas repitiendo los cuatro compases. Nunca las murallas de guitarras sonaron tan bien en esta canción que transpira sensación de inocencia y felicidad. En cierto modo, Today es lo más cerca que va a estar Corgan de las convenciones indies, con sus subidas y bajadas, sus contrastes y sus claroscuros.

Billy Corgan puede ser la persona más enojada y deprimida del rock y no le importa atacar a su padre, a su vida, a sus compañeros o a él mismo en sus letras. Pero la diferencia entre cortarse las venas y este disco radica en que el enojo es el vehículo de la decepción más que la tristeza. Él es capaz de transmitir todo el odio y frustración con música (que no ruido), y con letras (que no palabras al azar). Con una cultura musical que roza el eclecticismo, fue capaz de conjugar en este disco la potencia de Black Sabbath, con la sutileza oscura y tenebrosa de The Cure, incluso con la psicodelia más ácida del rock de los 60 o con la música acústica de los cantautores folk.

Ese eclecticismo es el que hizo que muchos compañeros de generación (por ejemplo, Pavement o Courtney Love) tildaran a Smashing Pumpkins de excéntricos heavys disfrazados de alternativos, o de alternativos dirigidos a las masas y al mercado. Y este éxito que tanto molestó a sus compañeros de generación comenzó con “Siamese Dream”: el disco debutó en el número diez en la lista Billboard, y vendió cerca de 4.000.000 de copias solamente en Estados Unidos.

Y es que este disco fue capaz de aunar el éxito con la calidad como pocos lo han sido en la historia de la música rock. Tal vez porque contiene una paradoja en sí mismo: es un sueño, sí, pero al contrario de lo que reza su título, no hay cabida para hermanos naturalmente unidos. “Siamese Dream” es un disco único, y lo seguirá siendo. Y es que nadie ha conseguido captar un sonido tan particular desde entonces. Corgan supo convertir sus intimistas inquietudes emocionales e intelectuales en obras cargadas de contundencia, sonido rugoso y chirriante, y efectividad en la puesta en escena. Por eso, a pesar de las críticas de sus compañeros de generación, si alguna banda puede ser encasillada dentro de lo que se denomina rock alternativo, es, sin duda, Smashing Pumpkins.

Disarm (03:17). Indiscutiblemente una de las mejores canciones de la discografía de Smashing Pumpkins. Pop acústico y dramático ribeteado por violines y percusiones de orquesta. Ampulosa en el buen sentido, nunca grandilocuente, Disarm demuestra lo alto que apuntaba la inspiración de Billy Corgan en este disco. Épica de habitación de adolescente. Una gozada.

El segundo disco de The Smashing Pumpkins fue el que los llevó a la fama. Un discazo de rock alternativo con bastantes complejidades, un disco con el que se consolidaron como una de las bandas más importantes de la década de los 90 y de la música moderna en general. “Siamese Dream” arranca sin pretensiones, tal y como es, pero en sus 62 minutos, resume y rezuma odio, aspereza, desazón, tristeza, melancolía, desencantamiento… a pesar de su título, no hay sueños en este álbum o, al menos, no tienen un final feliz. Siamese Dream habla de fracaso, frustración, desesperación y soledad.

Las canciones del disco combinan la fluidez del grunge más guitarrero y evidente con una ornamentación progresiva e inesperada que las dota de una personalidad inconfundible. Violentos riffs de guitarra,  grabadas una y otra vez, una encima de la otra, creando muros de sonido; sombrías orquestaciones; una batería furiosa cuando quiere; una peculiar voz. El sonido del disco fue retocado y estudiado por Corgan hasta la exageración, partiendo de la premisa de que había que sonar con fuerza; pero al mismo tiempo: crear sugestión en el oyente.

Tiene una atmósfera de shoegaze, quizá fruto de la influencia de My Bloody Valentine, mezclada con metal y noise. En resumen lo tiene todo, bellas percusiones, graves sólidos, lleno de riffs de guitarra, buenas vocalizaciones de dos minutos de música con uso de palabras sencillas pero poéticas. Smashing Pumpkins lograron crear un paisaje sonoro brillante, deslumbrante y de ensueño. No se le puede pedir más a un álbum de tales características, “Siamese Dream” tiene todo lo que se puede esperar de un álbum de rock alternativo y más.

Mayonaise (05:49). De inicio y final con sonidos casi country, puede aspirar a mejor canción del disco. Comienza con una guitarra limpia que rasguea limpiamente una serie de tres acordes, acompañando a una segunda que hace un solo efectivo y fácil, sin derroche de virtuosismo de ningún tipo. Una melancolía sincera que se transmite con los acordes de una guitarra acústica. Todo un ejemplo de cómo el sonido Smashing Pumpkins podía, en sus mejores tiempotes, apelar a la sensibilidad para, literalmente, sanar penas. De eso trata Mayonaise y sus distorsiones, con esa melodía inesperada, susurrante y desesperada a partes iguales, y esas paradas de ritmo (conseguidas cortando la cinta literalmente, el ordenador lo usaban para jugar al buscaminas). El desasosiego de intentar volver a aquellos tiempos de nuestra vida en los que éramos felices, sabiendo de antemano que eso es ya imposible inundan un tema que pese a intentar ser optimista; refleja otra vez el vasto complejo mundo interior de las personas.

The Smashing Pumpkins ha sido una banda, como tantas otras, dominada por los altibajos. Ascensos y caídas de calidad sonora y de cuestiones personales, que como cuenta la leyenda rockera han puesto al líder Billy Corgan al borde del suicidio en alguna que otra ocasión, cuestión que se antojaba necesaria en cualquier banda de culto que se precie. Después de “Siamese Dream” volvieron a alcanzar su techo creativo con el álbum “Mellon Collie & The Infinite Sadness”. Sin embargo, en 1996 el grupo se vio envuelto en la polémica y la tragedia: Jimmy Chamberlin y Jonathan Melvoin, teclista de la gira de ese año, sufrieron una sobredosis de heroína y alcohol en un hotel, teniendo como resultado la muerte de Melvoin y la posterior expulsión del grupo de Chamberlin. Tras eso, incursiones en sonidos más electrónicos, y la salida de D’arcy y James Iha del grupo, han ido minando poco a poco la calidad del sonido de los Smashing Pumpkins.

De todas formas para la historia Smashing Pumpkins queda como una de las grandes bandas surgida del alternativismo de los 90 en los Estados Unidos, una banda que supo alcanzar en algunos de sus discos y en muchas de sus canciones el estatus de indispensables del rock.

Casi 20 años han pasado desde que Billy Corgan y compañía reinventasen el género rock creando “Siamese Dream” y pusieran la banda sonora perfecta para los abanderados de la generación X, el estandarte de toda una oleada de jóvenes de rabiosa pasividad. Casi 20 años después las 13 canciones que componen el álbum siguen conservándose intactas, perfectas e inmutables, infinitas.

Iba muy rápido, Josito siempre tuvo prisa por llegar a algún sitio. Indiego abrió la lata donde guardaba las fotos y buscó una donde, en primer plano, Josito sonreía con su cara de porrero eterno; los ojos achinados, una sonrisa entre bobalicona y perversa. Iba muy rápido. Indiego volvió a llorar y sintió cómo de pronto y de golpe empezaba a entender eso que la gente llama madurez. Madurez iba a ser sentir miedo por todo y disimularlo. Ahora que estaba solo y todavía un poco aturdido por el viaje no quiso disimular. Y se puso a llorar como un niño mientras besaba la foto de Josito.

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