Viaje 16

Rebuscó en los discos y encontró el que buscaba. Esa portada fucsia y violeta, esa figura de colores imposibles en el medio. Se tomó una pastilla. Abrió la carátula y sacó el cedé. Lo colocó en su discman y pulsó el play. Una música electrónica llenó sus oídos. Música de discoteca para su cabeza. Pero detrás de aquellos acordes tan frívolos, también podía percibirse algo oscuro, muy oscuro. Sólo hacía falta fijarse bien, y en eso a Indiego no le ganaba nadie.

A lo largo de los años 80, en la Inglaterra del tatcherismo, se produjo un hecho curioso. A medida que la Dama de Hierro profundizaba en sus políticas neoliberales, el movimiento obrero se fue debilitando paulatinamente, tanto que a finales de la década, los jóvenes de las clases medias y bajas del Reino Unido preferían bailar y drogarse que reivindicar detrás de pancartas.

Desde mediados de los años 1980 una nueva subcultura de corte psicodélico emergió y comenzó a hacerse popular, especialmente en Inglaterra, pero fueron 1988 y 1989 los años en que al acid house irrumpió en el Reino Unido. Nacía la era de las raves y la música electrónica alcanzaba una popularidad inédita hasta entonces. Durante 1988-1989, las raves se convirtieron en un entorno similar a los estadios donde se presenciaban partidos de fútbol, en la medida en que se convirtieron en lugar de encuentro para personas de clase trabajadora en un tiempo en el que el sindicalismo se encontraba en declive. Y de la mano del acid house lo hizo su inseparable compañero de viaje: el éxtasis. Un estudio realizado en la década pasada reveló un curioso dato: la entrada de la metanfetamina en Inglaterra coincidió con los niveles más bajos de hooliganismo jamás registrados, un tipo de violencia instalada en la sociedad inglesa y utilizada como proyector de las frustraciones sociales en plena recesión Thatcherista. Mientras el alcohol destapa la agresividad de los violentos, la ingesta de MDMA los transforma en dóciles sirvientes del DJ al que sólo le apetece hacer amigos. El house provocó fiestas multitudinarias a las afueras de las grandes ciudades inglesas; miles de jóvenes probaban los placeres de las “magic pills”, pastillas traídas desde Ibiza, y descargaban sus efectos bailando al son de aquella música entrecortada y sensual.

También el house había calado en Manchester como el agua sobre la tierra. Cientos de maxis poblaban las cubetas de las tiendas de discos y varias radios locales se encargaban de propagar aquellos ritmos sensuales por toda la ciudad. Pero si había un lugar donde el mensaje del house había transformado el ambiente, ese era The Haçienda. Cada noche una energía increíble sacudía las paredes del club, cuyas interminables colas dando la vuelta al edificio eran ya célebres.

Y quienes años antes habían sido los dueños del lugar, no iban a permitir que esta nueva corriente los enterrara. Ellos habían pertenecido a uno de los grupos seminales del post-punk, Joy Division. Habían sobrevivido a la muerte de su amigo, Ian Curtis, cantante y compositor de ese grupo. Tras ese duro varapalo se habían reconvertido en un grupo de referencia en todo el mundo mezclando su bagaje punk con la música electrónica. Y ahora llegaba la hora de adaptarse o extinguirse. En el 88 todo estaba lleno de la sensualidad del house y de las sonrisas de los smileys, todo estaba bañado en éxtasis. Y ellos no querían quedarse atrás. Y no sólo no se quedaron atrás, sino que con el trabajo que estaban a punto de publicar iban a conseguir crear su mejor disco y una de las más importantes obras de la música alternativa. Ellos son New Order, y en enero de 1989 publicaron su quinto álbum, el que los hizo eternos, si no lo eran ya; su título, Technique.

All The Way (03:24). Segundo tema del álbum. Esta canción no es house, sino que es sonido “New Order” sin más, y como casi siempre somete a los oyentes a su tierno sonido de guitarras y teclados, llevándonos a la reflexión y a la melancolía. Como anécdota, hay que destacar que muchos consideran a esta canción, por su enorme parecido con “Just Like Heaven” como una muestra más de las influencias que New Order toman de otra banda fundamental como The Cure.

Resumir la carrera de la banda británica New Order en unos minutos no es sencillo. Porque resumir la carrera de los precursores de la conjunción rock y dance, de los visionarios de la integración de la electrónica de forma natural en el rock, de los responsables de dar respetabilidad a la música de baile, del sonido Manchester y de tantas otras cosas, no es ni mucho menos fácil.

La importancia de este grupo como icono representativo de la Inglaterra de los ochenta está hoy fuera de toda duda, gracias en gran parte a la valentía que derrocharon para redefinirse como banda, por la que nadie apostaba ni una libra (con su líder y cantante ahorcado), sobre todo cuando buscaron nuevos caminos, alejándose de la sombra de Joy Division. Tras la muerte de Ian Curtis, los tres miembros restantes, Bernard Sumner (guitarra, teclados y ahora voz), Peter Hook (bajo) y Stephen Morris (batería), decidieron continuar aportando su forma de entender la música bajo el nombre de New Order. Posteriormente se uniría a ellos Gillian Gilbert a los teclados, quien terminaría siendo la esposa de Morris. Ya en 1982 demostraron de lo que eran capaces en su nueva etapa, con un tema fundamental para la música electrónica como fue “Blue Monday”, una canción que para muchos es la más representativa y definitoria de la década de los 80. Además de grandes canciones, New Order habían dejado antes de “Technique” algunos discos fundamentales como “Power, Corruption & Lies” de 1983 o “Low-Life” de 1985.

Pero en 1988, cuando iban a grabar su quinto álbum, se presentaba un desafío: no quedarse atrás en medio de la explosión del acid house. Para la grabación se presentaron dos interesantes alternativas para la elección del estudio: el majestuoso Real World de Peter Gabriel en Bath, y Mediterranean Studios en Ibiza. Y eligieron Ibiza.

Round & Round (04:31).  Si no fuera por el bajo demoledor de Peter Hook nadie diría que no se trata de un tema de los Pet Shop Boys: una combinación de ritmos espectaculares, además de las percusiones y el bajo de Hook que se luce en el fondo. Puro tema dance lleno de matices sonoros, cambios de ritmo, percusión adictiva y final apoteósico.

Los New Order eligieron la isla mediterránea para pasar una de las vacaciones más caras de su historia sin habérselo propuesto, y de paso grabar un nuevo disco que se convertiría en una obra maestra. Ibiza era el lugar predilecto por los jóvenes británicos y europeos en búsqueda de vida nocturna e interminables fiestas “dance” en donde campeaba el Acid House. Quizás los New Order encontraron en los clubes de Ibiza una prolongación del romance que en 1981 hallaron con las discotecas de New York. “Esto virtualmente se fue convirtiendo en un desastre pues estábamos de fiesta todo el tiempo” recuerda Bernard sobre los cuatro meses que pasaron en los estudios del mediterráneo. Poco es lo que recuerda la banda sobre las sesiones de grabación, víctima de los excesos, pues el estudio tenía su propio bar, atractivas meseras las 24 horas del día y una piscina. Después de cuatro meses dominados por interminables juergas, New Order dejaría Ibiza para volver al mundo real y terminar el álbum, en el estudio de Peter Gabriel , que por coincidencia se llamaba “Real World Studios”, en un ambiente alejado de los excesos.

Y lograron crear Technique, un disco majestuoso que derrama su sonido de pop bailable placenteramente oscuro y decadente, de ritmos tan elegantes como contagiosos, líneas de bajo que se incrustan en las neuronas, teclados que constituyen la esencia de la perfección pop y melodías hedonistas al máximo. Seis años después de la revolución que originó el maxi Blue Monday, los New Order dan una vuelta de tuerca a su sonido, ya de por si innovador e influyente, para erigirse aún más como leyenda viva del techno-pop. Technique” reúne al mismo tiempo la esencia y toda la variedad de New Order, con un equilibrio perfecto entre los temas más electrónicos y directamente pensados para romper pistas y las canciones en las que bajo, guitarra y teclados llevan el peso de las mismas para darnos una lección magistral de lo que es la perfección hecha pop y, por encima de todo ello, unas melodías cuyo resultado es una sucesión de pequeñas píldoras de la felicidad en forma de canción.

Run (04:31). Otra delicia new wave, endulzada por sus guitarras acústicas y eléctricas, y ese delicioso manjar en que se convierte el sonido de los teclados hacia el final del tema; el bajo rítmico queda en segundo plano ante la guitarra eléctrica que suena hegemónica con un tempo que la dulcifica. “Run” relata parcialmente la culpabilidad que se experimenta tras los excesos. La voz de Bernard Sumner, que lo llena todo de melancolía, suena frágil y desangelada. Y como siempre la melodía como la baza insustituible que los New Order utilizan para conquistar.

New Order es uno de esos grupos que definen una década y un estilo de música: los ochenta y el tecno-pop no hubiesen sido lo mismo sin la banda de Manchester. Ya que aparte de contar en su discografía con alguno de los himnos de esos diez años (Blue Monday o Bizarre Love Triangle), fueron el grupo que dio dignidad a ese mundo de cardados imposibles, hombreras y pop sintético. En el fondo tenían muy poco que ver con los grupos de aquella época, y de aquel estilo. En la música de New Order, las guitarras casi siempre estaban más que presentes, y de hecho es una de sus señas de identidad. Además, las letras eran bastante más oscuras. Por no hablar de que sus pintas de tipos normales para nada casaban con las modas estilísticas de los ochenta.

New Order venían arrastrando la cruz de Joy Division desde que se formaron tras el suicidio de Ian Curtis. Podían dar con beats más o menos acerados; podían buscar la luz con mayor o menor desacierto; podían parir melodías expresando con mayor o menor compasión su génesis. Pero siempre acababan desprendiendo una frialdad estremecedora que contrastaba con la voz de Bernard Sumner. En este aspecto “Technique” es la ruptura radical. Una portada con colores intensamente saturados da la bienvenida a quienes estén dispuestos a aceptar la inmersión de New Order en lo que ellos deben entender por hedonismo, el meterse de lleno en el `ritmo de la noche´ aunque con la cabeza fría. Así, se escuchan los bajos más sintéticos de Peter Hook con combinaciones rítmicas espectaculares, que atrapan los altibajos de euforia y reflexión. Quien lo escucha puede perderse moviéndose entre las luces, puede rendirse a la magnificencia del sonido, pero este disco no le dejará abandonarse en paz: siempre hay un punto oscuro y serio en la recámara, las letras construyen muchas veces sentencias imborrables.

Dream Attack (05:15). Regresa la calma con este tema. La canción, una melódica pieza new wave retocada por ciertos elementos de sintetizadores, es la que cierra el disco, la que hace que se enciendan las luces, es el mensaje subliminal y inequívoco de que ha llegado el fin de la sesión discotequera de hoy.

El disco muestra la exploración sonora que New Order hizo en territorios techno y acid house, tan en boga por aquella época. Estilos en el que ellos habían ejercido notable influencia. Este álbum sería lamentablemente su último gran álbum; los de Manchester no volverían a crear otra obra maestra. Technique marcaría el fin de la etapa más creativa y genial de la banda y también de una década brillante. Lo que vendría luego sería solo una serie de excelentes canciones pero no más grandes álbumes. Es el disco en el que logran un sonido tecno con una ligera mezcla del new wave; por ello es considerado el disco que marca el cambio de la música de baile enfocada al hedonismo a la música de baile enfocada a la introspección. Technique es un disco fundamental, en el que, a través de una impagable colección de maravillosas canciones, New Order resumen y amplían todo su magisterio como banda visionaria y mítica de la música que se ha escuchado en los últimos 25 años. Es uno de esos discos tan asombrosamente perfectos como desconocidos por el gran público, un álbum que merece formar parte de cualquier lista de discos fundamentales para comprender la música que escuchamos actualmente.

New Order es el eslabón no tan perdido entre la electrónica, el pop y el rock. Hoy la unión entre todos esos géneros es cosa de todos los días, parece que eso es lo que hacen todas las bandas. Pero durante mucho tiempo no fue así: New Order fue pieza clave en la unión de géneros. Tomando las enseñanzas de bandas como Kraftwerk y Neu!, y mezclándolo con lo aprendido durante su tiempo con Joy Division dieron lugar a un nuevo sonido que estableció las guías que inspiraron a un sinnúmero de bandas: desde Hot Chip hasta Cut Copy pasando por The Chemical Brothers y U2, todos le deben algo a New Order. La verdad es que ni por imagen, ni por verborrea intelectual podrían destacar los miembros del grupo en cualquiera de las artes, pero como un enigma irresoluble lo cierto es que se han metido en el bolsillo a tres generaciones de británicos, siendo posiblemente el grupo más querido en su país.

Cuando regresó de su viaje pasó un rato acostado en la cama. Al rato, recordó aquella frase de San Agustín que había leído en uno de los rancios libros de sus abuelos: “Dios lo que más odia después del pecado es la tristeza, porque nos predispone al pecado.” Sonrió mientras se dirigía hacia la ducha. Esa noche iba a salir. Y todas las demás mientras estuviera en Ibiza. Él era triste. Quizá ahí radicaba la explicación del gusto que parecía tener por lo prohibido, por el pecado. En las semanas que le quedaban en Ibiza iba a hacer rabiar a Dios

febrero 2019
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