Viaje 17

Aquella tarde-noche se quedó a solas. Los padres habían ido a comprar los últimos regalos de la próxima Navidad, y luego irían a comer a casa de unos amigos. Fue a la habitación de sus padres y sorprendentemente su madre había dejado de nuevo las pastillas donde solía. Cogió una. Subió a su habitación, se tomó el prozac, sacó el vinilo de su carátula y lo colocó en el tocadiscos. Love. Las caras de colores lo miraban. Recordó a Paul. Y fue ahí, en ese preciso instante que Indiego comenzó a notar que se iba, que se marchaba, que abandonaba su habitación y su cama para viajar.

En 1967 los tiempos están cambiando. Lo había adelantado Bob Dylan tres años antes, pero en Estados Unidos en aquel año, estaban pasando cosas que iban a influir en el futuro de esta nación y de todo el mundo. La guerra de Vietnam empieza a ser contestada por jóvenes en las calles de las principales ciudades. En San Francisco en ese año había pasado como un huracán cargado de flores, amor y drogas el Verano del Amor. Y a pesar de que la psicodelia, el LSD y los mensajes de amor empapaban la música y la cultura, en ese año también aparecieron músicos que desafiaban tales mensajes.

Desde Nueva York, la Velvet Underground había enseñado a base de ruido y distorsión, y a través de letras oscuras, la cara triste de la modernidad. En California, los Doors también demostraban con psicodelia empapada en blues y poesía, que haciendo realidad el mensaje de “amor, sexo, drogas y rock’n roll'” se despreciaba a la autoridad. En 1967, los Beatles estaban en su mejor momento y sacaron en ese mismo año los álbumes “Revolver” y “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”; The Beach Boys acababan de arrasar en California con “Pet Sounds”; The Rolling Stones habían destrozado la crítica y la música pop con la joya “Aftermath”, y una banda nueva llamada The Who se une al momento con “The Who Sell Out”.

En noviembre de 1967 en Estados Unidos, activistas de los derechos civiles tienen éxito en su campaña de extender la definición de homicidio para que incluya también el asesinato de un negro. Y en ese mismo mes, una banda liderada precisamente por un negro iba a publicar su tercer álbum. En ese año, no tuvo gran éxito, pasó desapercibido y no llegó muy alto en las listas de ventas. Sin embargo, con el tiempo a ese disco se le ha dado la importancia que se merece, y es considerado por muchos críticos uno de los álbumes fundamentales de la historia del rock. La banda se llama Love, así de simple y directo. Y la joya que regalaron al mundo, “Forever Changes”.

¿Y qué fue Love? Love fue una banda de rock estadounidense de finales de los 60 y principios de los 70, liderada por el cantante, guitarrista y compositor Arthur Lee. Él, nacido en 1945 en Memphis, fue el primer hippie negro, antes que Jimi Hendrix. Ya en el año 1963, cuando ensayaba sus primeras canciones en un edificio de San Fransisco debido al ruido que el equipo ocasionaba un vecino le disparó con un arma de fuego en el hombro. En el año 1965 y esta vez en la ciudad de Los Angeles, Lee formó varias grupos de nulo éxito; posteriormente formó la banda Grass Roots, pero cambió el nombre para no coincidir con un grupo con el mismo nombre, cuando éste logró triunfar en listas americanas. Terminaron llamándose Love. Junto a Lee se encontraban Bryan MacLean (guitarra rítmica y cantante), su íntimo amigo Johnny Echols, Johnny Fleckenstein (bajo) y Don Conka (batería). Estos dos últimos, abandonaron la formación en breve siendo sustituidos por Ken Forssi y Alban “Snoopy” Pfisterer. Un negro, un mulato y tres blancos conformaron entonces una de las primeras bandas “multiétnicas” americanas. Su estilo musical viene determinado por la capacidad visionaria de Lee, éste recogió diversas influencias, las más importantes proceden de los Beatles, los Rolling Stones y los Byrds.

A finales de 1966 y tras un seguimiento de culto en los clubes angelinos, Love fue el primer grupo en firmar con Jack Holzman y su sello Elektra. Arthur Lee por esa misma época descubrió al grupo The Doors y les consiguió un contrato con su primer mánager.

Su primer y notable Lp titulado simplemente “Love” (1966) ponía de manifiesto el liderazgo de Lee (quien tocaba casi todos los pasajes de batería del álbum) y su apego por el folk-rock de la Costa Oeste liderado por los Byrds. En febrero de 1967, llegó su segundo disco titulado “Da Capo” (1967), un sensacional álbum. Y en noviembre de ese mismo año publicaron su mejor álbum y uno de los discos fundamentales de la historia de la música popular: “Forever Changes”, compuesto por 11 excepcionales composiciones de brillante lírica con rasgos surreales y capacidad sonora que atrapaban con fastuosidad la música californiana de la época.

Alone Again Or (03:16). Es el tema que abre el disco, es el gran icono del mismo, y único single extraído, con escaso éxito. No está compuesto por Arthur Lee, sino por Bryan MacLean. Sencillamente es uno de los temas más bonitos y originales de la historia del rock, tal vez por abrirse con su preciosa intro acústica. Un himno cuya composición tiene tintes de música española, guitarras mágicas, punteos, coros y espectaculares solos de trompeta.

“Forever Changes” muestra cómo se debe producir un álbum: presenta uno de los más inteligentes arreglos y orquestaciones que se han escuchado nunca, además del delicado cuidado musical y de la enorme y genial capacidad creativa de su líder Arthur Lee. Ningún tema de este disco del 67 tiene desperdicio. Una obra maestra sin más.

Con unos precedentes del calibre de “Love” (1966), con más de cien mil copias vendidas ese año y “Da Capo” (1967), que consiguió el primer Top 40, la gestación de “Forever Changes” tenía forzosamente que ser productiva. Y lo fue. Concebido como un álbum acústico, terminó convirtiéndose en otra cosa diferente, pues los arreglos de orquesta y las guitarras eléctricas adquirieron parte del protagonismo que se les quería negar. No obstante, es un disco que generaciones enteras han cantado, bailado y tocado a los acordes de dos simples guitarras acústicas. “Forever Changes” se gestó al tiempo que Jimi Hendrix comenzaba también a preparar lo que sería una nueva dimensión en el mundo de la guitarra eléctrica: el verano del 67. No obstante, Arthur Lee sabía que no podía competir con Hendrix en ese terreno, por lo que decidió tomar un camino totalmente divergente y centrarse en las armonías acústicas. Si los primeros dos discos estaban orientados a la Psicodelia garajera, el grupo liderado por Arthur Lee decidió dar un giro radical a su propuesta para convertirse en uno de los grupos más importantes de la Psicodelia barroca en su más pura expresión.

Y es que Love, al margen de la anécdota de ser una de las primeras bandas multirraciales, habían explotado la psicodelia antes que nadie, habían navegado en una especie de proto-punk y garaje antes que nadie, y la guitarra de Johnny Echols había sonado a lo Hendrix antes que Hendrix. Y cuando la gran masa les seguía ignorando y Hendrix empezaba a erigirse en el rey absoluto, ellos dieron marcha atrás. Afortunadamente fueron capaces de reaccionar al “colocón” y se centraron ante el toque de su productor, Botnick, para firmar “Forever Changes”, el álbum de su vida. Y es que a veces ser vanguardia supone dar un paso atrás. Lo que ya habían punteado en sus dos trabajos anteriores explotaría aquí: rock, soul, psicodelia, folk, jazz, música latina, música clásica… ¿es esto posible?

A House Is Not A Motel (03:31). Los miembros de Love cambian de tercio y muestran su cara más rockera y más ácida en un tema, que explora la parte más oscura del corazón de Arthur Lee, y donde la guitarra eléctrica cobra un protagonismo notable en las manos de Johnny Echols y Bryan MacLean, en lo que parece ser un duelo musical entre dos guitarristas.

Este disco es una de esas obras imprescindibles que surgen en un momento de máxima crispación en el seno de una banda, cuando todos los miembros no se llevan nada bien entre ellos, todo parece irse al garete y lo último que se espera de ellos es que creen una joya como esta. “Forever Changes” es el tercer y último disco de Love con los miembros originales. Unos consumían drogas alucinógenas y otros se decantaron por los depresivos, pero a pesar de ello el equilibrio musical existente es algo grandioso, si a esto se le suman las incursiones orquestales que aparecen a lo largo de todo el álbum estamos ante una experiencia artística pasmosa que deja sin palabras. “Cuando grabé ese disco”, dijo el cantante Arthur Lee, “creía que estaba a punto de morir y que ésas iban a ser mis últimas palabras”. Cuando Love entraron en el estudio para trabajar en Forever Changes, el productor Bruce Botnick tuvo que buscar músicos de estudio ante el lamentable estado de Lee, McLean y compañía.

Las drogas estaban al orden del día en aquella época y también dentro de la vida de los miembros de la banda, tanto que el grupo y su carrera no eran una prioridad para ellos frente a la poderosa atracción de las sustancias. Sin embargo, en lugar del LSD o la marihuana más propias de esa época, ellos preferían al demonio, la heroína, y por si fuera poco, no había forma de sacar a Lee de Los Ángeles, con el grandísimo inconveniente que ello suponía para promocionar a la banda.

Líricamente “Forever Changes” responde a lo que era Arthur Lee. Un tipo complicado, inadaptado, individualista, críptico y al filo de la navaja. Pero además, en el verano del amor, Love quisieron dejar muy claro que ellos no eran de la optimista San Francisco, empeño que probablemente influyese en su relativo ostracismo. La delicadeza de los arreglos y orquestaciones es un punto altísimo del disco. Vientos, cuerdas, teclado y percusión acompañan la voz igualmente sutil de Lee, que no evade ningún tópico en su líricas, con referencias al amor, a la libertad, a la psicodelia, al hastío y a la muerte.

Andmoreagain (03:18). Una canción de terciopelo en la que se reivindican estilos menos “agresivos” y rompedores para el momento, y dejando entrever por primera vez en el disco los arreglos orquestales que darían una magnitud impensable a “Forever Changes” en la historia de la música. Otra canción exquisitamente arreglada, una increíble conjunción de orquestra y guitarra acústica convertida en balada, con un Arthur Lee pletórico con su cristalina voz.

“Forever Changes” no fue un éxito en el momento de su lanzamiento, noviembre de 1967. A duras penas alcanzó el puesto 154 en los ránkings de álbumes, y el single “Alone Again Or” se diluyó al no alcanzar ni siquiera el Top 100. Las ventas del disco fueron decentes, pero menores que sus dos predecesores. No obstante, con el paso de los años los ha superado y ha alcanzado el status de disco de oro, convirtiéndose en la obra maestra dentro de la carrera de Love. En Estados Unidos la suerte le fue algo más propicia y el disco alcanzó el puesto 24 en las listas. Desgraciadamente, la falta de éxito llevó al grupo a sumirse en un letargo del que saldrían esporádicamente para grabar otros discos, pero ya no sería lo mismo.

Con la perspectiva histórica que ahora se puede tener, no cabe duda de que “Forever Changes” es uno de los discos más interesantes de la historia del rock. Su mezcla de folk-rock y psicodelia se anticipó a su época, no siendo jamás superada por ninguna otra banda. Su original sonido, sus arreglos geniales y esas composiciones maravillosas le han dado ese halo de gloria que nadie podrá jamás arrebatarle. tiene once cortes imprescindibles para entender la música actual.

Éste es un disco sin un solo punto flojo, sin una canción para saltar. Infravalorado después de su publicación, fue el tiempo el que le devolvió su lugar en la historia de la música: un disco absolutamente sensacional, considerado como el mejor álbum psicodélico de todos los tiempos; “Forever Changes” es una de las obras clave, que ayudó a definir a la psicodelia que recién estaba surgiendo en esos momentos. Es precursor en utilizar instrumentos poco convencionales para la época como violines, violonchelo y trombón. Difícil de encasillar, sutil, hermoso, con furia explotada en los momentos justos, con sensualidad, susurros y un poco de lamento, como el amor mismo.

The Good Humor Man He Sees Everything Like This (03:08). Melancolía, añoranza de alguien que recuerda su pasado; toda la canción tiene un punto nostálgico en su melodía, con algunos pasajes algo infantiles producidos por la orquestra. Parece que Lee quiera recordar su infancia. Y al final de la canción

un desajuste en la orquestación hace creer a quien la escuche por primera vez que el disco se ha rayado.

La historia de Love no dio para mucho más. Tras 1967 no hay nada que reseñar. Arthur Lee se encargó de desmontarlo todo y hacer lo que quiso con el nombre del grupo. Tras muchos problemas personales y salir de la cárcel en 2001 tras cinco años y medio de prisión, el díscolo mulato se embarcó en una exitosa gira mundial bajo el nombre de “Arthur Lee With Love”. Cinco años después fallecería sin pena ni gloria. Pero para la historia dejó tres discos muy buenos, uno de ellos, “Forever Changes”, enorme. Un disco para sentarse a escucharlo, apreciar cada detalle, la ejecución vocal e instrumental y, sobre todo, el tremendo impacto que tuvo en la escena psicodélica de la época. Repleto de joyas, bastante variado, con algunos de los mejores arreglos jamás escuchados en un disco de Pop o Rock. Eclipsado por sus contemporáneos The Beatles o The Beach Boys, pero nunca inferior. Clásico imperecedero y magistral.

Poco a poco “Forever Changes” ha sido puesto en su lugar, erigido entre los mejores una y otra vez cada vez que la crítica se pone a listar olimpos de discos históricos. Pero donde realmente encuentra su lugar es en la vastísima y declarada influencia que ha dejado en multitud de bandas a lo largo de las décadas.

No en vano el mismísimo Jim Morrison declaró que “si los Doors pidiéramos ser tan grandes como Love mi vida sería completa” o Robert Plant, el famoso vocalista de Led Zeppelin, quien siempre ha declarado que Love eran una de sus bandas favoritas. Tras ellos, grupos fundamentales como Big Star, Television Personalities, Teenage Fanclub, Yo La Tengo o Belle & Sebastian, muestran en su obra la profunda huella que este grupo y su disco “Forever Changes” han dejado desde su publicación en la música alternativa.

Pasarían más de quince minutos desde que acabara el disco para que Indiego regresara de su viaje. Se levantó y se miró al espejo. Aproximó su cara a la luna y besó su reflejo. Primero con delicadeza, luego con lascivia y finalmente, con furia. Oyó el ruido de la puerta principal al abrirse. Corrió hacia la cama y se hizo el dormido. En seguida oyó que alguien entró a su habitación; era su madre, su dulce olor la delataba. Ella lo arropó, apagó las luces y salió de la habitación. Si se hubiera quedado habría podido oír cómo bajo las sábanas Indiego lloraba. Pero no era de tristeza. Lloraba por amor, por amor hacia sí mismo. – El amor siempre cambia, por eso duele.-

diciembre 2018
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