Viaje 18

En el bolsillo de delante, junto a la cartera estaba el discman y el disco. En la carátula había una enredadera que lo cubría todo en bosque lúgubre. Sacó el CD de su interior y lo metió en la boca del discman. Pulsó el play y subió la rueda del volumen al máximo. El redoble de una batería lo llenó todo, un bajo, una guitarra rítmica y una voz nasal empezaron a sonar. Cerró los ojos. Quizá ahora podría dormir, descansar. Sólo quería eso.

 

En 1983 el mundo parece acercarse sin remedio al holocausto nuclear. Estados Unidos, bajo el gobierno de Ronald Reagan, aumentaba el tono hostil hacia la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que ya en esos años empezaba a dar muestras del colapso que vendría poco después. En el mundo de la música, parecía que sólo había dos posibilidades: hacerse seguidor del techno-pop o del hard-rock. Pero también hay gente empeñada en que nada de esto, ni el holocausto nuclear ni el reinado de la música vacía, ocurra.

En Estados Unidos, ya ha habido en estos primeros años de los 80 artistas que desafían a la moda: The Feelies en Nueva Jersey o Violent Femmes en Wisconsin, mezclando con maestría la música folk con los fundamentos del punk, han abierto la espoleta para lo que se conoce como rock alternativo americano. Sin embargo, todavía a este nuevo estilo le falta una obra maestra que ayude a cristalizar y a fundamentar a través del éxito. Y eso estaba a punto de ocurrir. Desde el estado sureño de Georgia, concretamente en Athens, cuatro jóvenes estudiantes universitarios decidieron dejar los libros para formar un cuarteto de rock.

Dos de ellos, el bajista y vocalista Mike Mills y el batería Bill Berry habían formado parte de diversos conjuntos en Macon, ciudad en la que ambos compartieron aula de instituto. Cuando acabaron sus estudios secundarios y se trasladaron a la Universidad de Georgia, coincidieron con el cantante Michael Stipe, hijo de militar y estudiante de arte, y Peter Buck, coleccionista de Lps de los sesenta y setenta que trabajaba en una tienda de discos.

En vez de estudiar comienzan a compartir sus gustos musicales: los Byrds, con su mezcla de folk-rock con psicodelia, la exploración sonora de bandas como la Velvet Underground o Television, el ímpetu del garaje 60’s o el proto-punk de Iggy Pop y los Stooges, junto a modelos melódicos de grupos como The Beatles o The Beach Boys. Y así hasta conformar una banda a la que llamaron Twisted Kites, actuando por primera vez el 5 de abril de 1980 en una fiesta de cumpleaños que organizó un amigo común. Poco después se rebautizaron. Abrieron al azar un diccionario y fueron a topar con la palabra precisa: R.E.M. Las iniciales significan: “Rapid Eye Movement” (Movimiento Rápido de Ojos), un término técnico que indica cómo se ven las cosas en los sueños.

A comienzos del año 1981 publicaron su primer single, el garajero “Radio Free Europe”, que comenzó a tener éxito entre las radios universitarias y las emisoras independientes. Este sencillo, nombrado single del año en el “Village Voice”, les facilitó un contrato con la compañía I. R. S. Records, para la que grabaron el Ep “Chronic Town” (1982); en este EP se aprecian ya las características básicas del grupo con el enigmático lirismo de Stipe, el significado tañido de Buck a la guitarra y la pujanza en la sección rítmica de Mills y Berry. Y sólo un año después, la confirmación definitiva de que otras formas de entender la música no sólo eran posibles, sino que además podían tener éxito. En abril de 1983, publican su primer LP: su título, Murmur.

“Murmur” se puede traducir como “murmullo” o “susurro”; también puede referirse en medicina a “un soplo en el corazón”; incluso es el nombre de un demonio. En definitiva, se trata de una palabra sencilla cargada de misterio. Lo mismo ocurre con este disco. El misterio es lo que hace a “Murmur” tan especial: misterio por las letras crípticas y con mil sentidos distintos; por la música, que lo mismo recuerdo a los años 60 que al post-punk; o por la forma en que está producido. Misterio porque un disco así, de apariencia tan alternativa, es a la vez una obra de fácil digestión y que, en primera instancia, a muchos no les parece para tanto.

R.E.M. – Pilgrimage (04:30). Susurros al comienzo, un bajo y una batería a continuación construyendo el esqueleto de una canción. Rasgueos de guitarra y la voz de Stipe recitando letras crípticas y misteriosas que parecen no querer significar nada. Y la melodía sólo en los coros invitando a que alguien se marche con nuestra fortuna.

Tras “Chronic Town”, R.E.M. se plantaron en el estudio de grabación con una sola idea clara: querían un disco hecho con guitarras acústicas, uno que sonase aún más a las raíces de la música americana. El grupo atravesaba una crisis de confianza en sí mismo: la primera vez que habían intentado grabar las canciones para su primer disco largo, el productor que habían elegido se los había llevado a Atlanta, habían grabado una canción y Hague la había aderezado con unos sintetizadores que les horrorizaron. Tras eso, pensaban que nadie les iba a comprender. Pero encontraron a dos productores que lo consiguieron: mimaron al grupo y lograron crear un buen clima de trabajo. Además, les propusieron hacer una producción especial y R.E.M. aceptaron, aun con ciertas reservas.

Murmur se grabó en un estudio que era utilizado habitualmente por grupos religiosos. En cuanto se supo, la prensa musical, siempre dada a la mitología, quiso ver en el misterio de aquel debut (calificado en sus críticas con palabras como “enigmático”, “hipnotizado” o “una vaga obsesión”) algo profundamente espiritual. Pero Murmur era muy terrenal. El disco plantaba los pies en la tierra, pero como si la realidad se mezclara con lo fantástico, donde lo cotidiano fuera irreal. En “Murmur” se da esa mezcla de candidez y melancolía por un tiempo pasado que nadie ha vivido; hay una atmósfera peculiar, de tristeza contenida, que acentúan las guitarras de Peter Buck. Hay, además, una sección de ritmos prodigiosamente sutil, contundente cuando debe serlo, pero que en ese mismo momento te acaricia: la batería de Bill Berry suena post-punk y, sin embargo, nunca convierte a las canciones en algo agresivo. También está un bajista capaz de sacar chispas de su instrumento, con líneas sencillas a la vez que inexcusables: Mike Mills brilla a las cuatro cuerdas. Y no se sabe si el bajo está plegado a lo que hacen las guitarras o, al contrario, es Peter Buck quien, con sus arpegios, trata de ponerse a la altura del bajista. Y luego está Michael Stipe, vocalista impresionante, garganta con mil recursos, versátil hasta lo insospechado. Capaz de ponerse tenso y balbucear palabras atropelladamente o de sonar cristalino e inteligible en la misma canción. Hay en la garganta de Stipe el mismo misterio que el que sus compañeros aplican a sus instrumentos y, además, la cualidad de tocar la fibra. Cuando Stipe se fuerza, al oyente no le queda más remedio que estremecerse. Pero una cosa hay que tener clara: las canciones de “Murmur” no se enfrentan con el oyente, sino que le acunan.

R.E.M. – Moral Kiosk (03:32). Guitarras y bajos en la canción que probablemente más se acerca al post-punk o a la new wave, en el que se pueden ver las influencias de Blondie o de The B-52′s, pero con ese estilo tan propio. Letras crípticas de nuevo que hacen preguntar a quien la escucha si el significado está en el título o escondida dentro de un verso. El enigma de nuevo, de nuevo el misterio.

Si Murmur hubiese sido publicado en 1994 seguramente hubiese sido considerado como un buen disco, nada fuera de lo común, un buen disco, nada más. Pero “Murmur” no nació en 1994, sino en 1983, lo que lo transforma en una producción que está por lo menos una década adelantado a su época. Con su publicación REM realizaron uno de los debuts más impresionantes de los 80. Las canciones que lo componen tienen una estructura muy simple, de poca duración, con un sonido semiacústico y una producción nada ostentosa, cuyas melodías a la primera escucha no parecían muy relevantes, pero que poco a poco, no bien el oído las repasaba sin prejuicios, trasegaban el alma, revolvían los sentimientos, emocionaban como pocos álbumes de esos años.

Cuando IRS publicó el debut de REM, no había un grupo que sonara ni remotamente parecido al sonido de este LP; era la época de la new wave, música cargada de sintetizadores y por el otro lado, el hard rock, con sus solos de guitarra. Las dos reglas que se autoimpusieron los cuatro miembros de R.E.M. fueron no usar sintetizadores y no hacer solos de guitarra…; y así a lo largo de los 13 temas que componen el disco, crean un sonido único a medio camino entre el post punk, el rock y el jangle pop, algo que los medios especializados no supieron ubicar y que tuvieron que acabar creando la difusa etiqueta de “alternativo”. También se les ubicaría en el “college rock”, junto a grupos indies como The Smiths o The Replacements, pues las emisoras universitarias era las únicas que pinchaban sus temas.

“Murmur” es un disco modesto sí: no hay ambición en ninguno de los instrumentistas, no hay nada que intente dejar al oyente con la boca abierta. Y sin embargo lo consiguen: todo es bueno y todo gusta. Sí, hay puntos más bajos y puntos más altos, como en una buena sinfonía, pero se valora el total, y el total es excelente.

“Murmur” no solo es el primer LP de este cuarteto de Georgia, sino que es su mejor esfuerzo, el más logrado, el más evocativo, el que mejor funciona como conjunto. Obviamente, sus canciones nunca tuvieron mucha más difusión que las radios universitarias pero es claro que el material no tiene nada que envidiarle a aquel que nos presentarían luego en álbumes más populares como los que publicaron a principio de los años 90.

“Murmur” fue un soplo de aire fresco en la escena alternativa americana de aquel 1983. En aquella época en la que los cds no existían ni había internet, y el rollo indie y alternativo lo conocían cuatro bichos raros, R.E.M. publicó un álbum de lo más accesible, en el que casi todas las canciones podrían ser un hit en potencia. Lamentablemente, al final solo vendieron 200.000 copias, y eso que tuvo unas estupendas críticas, y del que el disco fue nombrado de lo mejor de ese año por casi todos los medios.

R.E.M. – Perfect Circle (03:30). Una suave y melancólica balada liderada por una guitarra acústica country muy a lo Byrds para hacer una de las canciones más bellas de las que R.E.M. han sabido componer. A veces la belleza se supera a sí misma y las canciones hermosas pueden ser aún más hermosas, y esta canción a cada escucha lo demuestra.

Es difícil concebir la existencia de un disco de debut tan perfecto como “Murmur”. Cuando apareció parecía tenerlo todo: el descubrimiento de una banda excitante, un repertorio luminoso que personificaba a la recuperación de sonidos y valores perdidos en los años ochenta, convirtiéndose en obra cumbre de lo que se llamó Nuevo Rock Americano, nombre que aglutinaba a una serie de artistas a la reconquista de los instrumentos y sonidos tradicionales frente a las asépticas y planas producciones de entonces.

Pero sobre todo estaba envuelto de un halo de misterio que lo hacía distinto. Desde las impenetrables letras, el sonido repleto de ecos que parecían provenir de otro sitio, o las guitarras tan enrevesadas y frondosas, en “Murmur” las cualidades oníricas de la música de R.E.M., entonces muy comentadas, se encontraron en su momento álgido. Todo el mundo intentaba entender que significaban sus canciones y nadie lo conseguía. Pero el esfuerzo de preguntar era en este caso la respuesta y la recompensa. Se hacía y se hace imposible no sentirse hechizado por la desgarrada voz de Stipe o por las delicadas capas de guitarras de Buck, que recuperaba a los Byrds sin sonar nunca como ellos, por el sonido percusivo del bajo de Mills, o por el nervio de la batería de Berry que jugueteaba con las guitarras. En misterio. Este debut largo de R.E.M. se resume en eso: en el enigma, en la incapacidad de comprender cómo cuatro jovenzuelos con poca experiencia pudieron parir algo tan sutil y seguir haciendo música después de eso.

“Queríamos hacer un disco atemporal”, dijo el guitarrista Peter Buck del debut de R.E.M. Y la banda hizo justo eso. Las letras y las melodías parecen enterradas, casi subliminales, y hasta las canciones más pegadizas se resisten a la claridad.

Murmur, editado  cuando la Generación X empezaba la universidad, fue una pieza clave en la fundación del rock alternativo. Puede considerarse en ese sentido como un bicho raro, en su época no había nada parecido, y no lo hubo hasta muy avanzada la década, marcó precedente para el movimiento alternativo de finales de los 80 y principios de los 90 del cual tanto se aprovecho la industria discográfica, si se lo compara con contemporáneos se puede tener una perspectiva mas clara de su genialidad, la edad no se le nota, y a pesar de ser un disco bastante oscuro, es bastante más alegre (por lo menos musicalmente) que varios de sus coetáneos.

R.E.M. – Sitting Still (03:18).

“Murmur” es un disco imprescindible por lo que supuso en la fecha de su lanzamientos y por lo que es en sí mismo. Un excelente disco, simple pero complejo a la vez, mucha guitarra acústica para una época en donde el rey sintetizador dominaba la escena, todo un paso adelante en lo que a música refiere, y con el doble merito de ser un disco debut, un verdadero pionero del rock alternativo, un disco sin edad, un disco que sin duda, merece ser escuchado.

No todas las bandas talentosas triunfan. No todas las bandas talentosas que triunfan lo hacen por más de 25 años. No todas las bandas talentosas que triunfan por más de 25 años pueden ir reinventándose y, desde luego, no todas las bandas talentosas que triunfan por más de 25 años reinventándose, logran mantener el nivel de calidad como el que R.E.M. demostraron hasta septiembre de 2011, fecha en la que anunciaron su disolución. Un EP y 5 álbumes en la discográfica independiente IRS, y 11 álbumes en Warner les contemplan, y los escasos resbalones que se les pueden atribuir están, para cada oyente en particular, en un sitio diferente.

“Murmur” se presenta como un álbum con un sonido muy personal que demuestra que este era un grupo “diferente”, pese a que sea fácil encontrar influencias. Con los años serían inspiración de muchas otras bandas, y ganarían mucho más dinero y mucha más popularidad que con este disco, pero “Murmur” sigue siendo un fragmento bien conservado de un momento, de una visión, de una forma de hacer las cosas. Por suerte sus canciones son redescubiertas por nuevos entusiastas que buscan explorar toda esa música que el mainstream ocultó en su momento y nos sigue ocultando. A estos entusiastas los llamarán raros, pero aquí sabemos que son diferentes.

 

 

Indiego no apareció por el piso hasta tres días después, justo antes de que Ricardo llamara a sus padres y todo se liara hasta el infinito. -¿Dónde has estado? ¿Habíamos pensado lo peor? Un día sin dar señales es comprensible, ¿pero tres?- Indiego estaba sonriendo. Sus ojeras habían desaparecido. Hasta estaba más moreno. -Estaba descansando; y ahora, si no te importa, voy a ducharme y me voy a volver a acostar.- Después se pasó dos días seguidos durmiendo. Y todo volvió a ser como antes.

enero 2019
L M X J V S D
« Nov    
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  

Sintonía