Viaje 2

Fue a la discoteca de su padre y rebuscó hasta que encontró lo que estaba buscando: un disco amarillo limón con una franja fucsia asomó. Indiegó lo abrazó a su pecho, subió a la habitación, se tomó un prozac, colocó el vinilo en el tocadiscos y empezó a viajar. “El rosa no combina con el amarillo…”.Gritó y gritó furioso: la rabia, la rabia, la rabia. A veces no hay mejor combustible para viajar.

 

Reino Unido, 1976: no hay futuro. Una bomba llamada punk estalla en las calles de Londres y amenaza con arrasar a todo el país. Los británicos no lo inventaron, pero lo convirtieron en un movimiento que trascendió a lo estrictamente musical. En una lectura estrictamente formal, la estética punk se moldea en Estados Unidos, principalmente en Nueva York con formaciones como “Ramones” o “Voidoids”, pero es en Londres en 1976 donde finalmente estalla este movimiento.

Una música rápida y feroz es capaz de expresar la rabia de una generación de jóvenes desorientados y desencantados que sufrían la dureza de la peor crisis vivida por el antaño poderoso Imperio Británico. La crisis del petróleo sumada a otros factores produjo resultados nefastos: un importante desempleo, crecimiento de los barrios pobres, falta de respuestas y la perspectiva de un horizonte negro a aquellos sueños de realización que habían sido la meta de las generaciones anteriores.

El clima social era el adecuado para el estallido, pero también lo era el musical: los viejos dioses roqueros de los sesenta estaban acabados o endosiados. La industria musical cultural había generado un cúmulo de grandes escenarios, donde mega estrellas pop llenas de luces, vestuario y contratos millonarios con las grandes discográficas, simbolizaban la realidad de un estilo de vida que no identificaba a muchos jóvenes que se sentían día a día cada vez más marginados por el sistema.  La purpurina del glam rock había perdido brillo. De Norteamérica llegaba el eco de un excitante nuevo rock creado por Iggy Pop, MC5, los Ramones o los New York Dolls que preconizaba la ética del “háztelo tú mismo”.

Precisamente, el fallido manager de los New York Dolls fue el vínculo entre el punk británico y americano: con todos ustedes Malcom McLaren. Este señor, responsable del fracaso comercial de los últimos discos de New York Dolls, se empapó de las influencias que giraban por aquel entonces alrededor de Richard Hell (The Voidoids) y llevó a Londres toda esta estética abriendo una tienda de ropa de segunda mano en el barrio Kings Road junto a su compañera Vivienne Westwood.

Sex Pistols – Holiday in the Sun (3:19). Vacaciones baratas en la miseria de los demás.” Una canción que versa sobre unas vacaciones que pasaron en Berlín. A pesar de la decadencia, el muro y la locura de esta ciudad, tan mala era su impresión sobre Londres que les encantó Berlín.

Y fue en esta tienda de nombre SEX donde a la sombra de McLaren se juntó la banda que nos ocupa: Sex Pistols. Steve Jones en guitarra, Paul Cook en batería y Glen Matlock en bajo eran miembros de una banda llamada The Strand y pidieron ayuda a Malcom McLaren para que los condujera en su carrera artística. Sólo faltaba la voz y la fueron a encontrar en un joven londinense desempleado que casi siempre llevaba una camiseta con la leyenda “Odio a Pink Floyd” y que era asiduo a la tienda. Su nombre John Lydon, aunque era más conocido como Johnny Rotten, algo así como “Juanito el Podrido”, apodo ganado por el estado de sus dientes; su aspecto, inquietante; su voz, asmática: todos los elementos para un fracaso. Pero resulta que con todos estos ingredientes, y una capacidad única para crear letras sencillas cargadas de rabia y desprecio hicieron que los Sex Pistols fueran la chispa que hizo arder todo el panorama musical y cultural de mediados de los setenta para horror de las mentes bienpensantes del Reino Unido.

A través de cuatro sencillos y multitud de conciertos, los Sex Pistols fueron influyendo en toda una generación hasta tal punto que gran parte de la música tras su paso no puede explicarse sin ellos: valga como ejemplo que en el concierto que los Sex Pistols dieron el 4 de junio de 1976 en el Lesser Free Trade Hall de Manchester, a pesar de no haber más 42 espectadores, muchos de ellos años después admitieron haber decidido ese mismo día dedicarse a la música: Ian Curtis, Peter Hook y Bernard Summer formarían la banda Joy Division; Pete Shelley crearía el grupo The Buzzcocks; Anthony Wilson fundaría el sello discográfico clave del indie, Factory Records; Morrisey crearía el grupo The Smiths; y hasta Mick Hucknall, fundador de Simply Red, se hallaba presente aquel día.

Sex Pistols – Anarchy in the UK (3:31). Fue lanzado como el primer single de la banda el 26 de noviembre de 1976. La letra de la canción expone un concepto nihilista y violento de la anarquía con frases como: soy un anticristo, soy un anarquista, no sé lo que quiero pero sé cómo conseguirlo. Un manifiesto rugiente en el que se declara odio a cualquier tipo de autoridad.

Los Sex Pistols acrecentaron aceleradamente su fama. Aquella explosión de popularidad los llevó a ser contratados en octubre de ese mismo año por la multinacional EMI. Su primer single, “Anarchy in the UK” y su presentación en el show de Bill Grundy, un clásico de la televisión inglesa donde los Pistols se despacharon con toda una lista de obscenidades y descontrol, fueron demasiado para la retraída y nacionalista sociedad inglesa y para la discográfica, que no dudó en rescindirles el contrato. De cualquier manera, ya toda Inglaterra conocía a los Sex Pistols, una banda que dividía al país. Mientras que la generación de sus padres los condenaba por su rebeldía dirigida principalmente a las instituciones monárquicas, los perseguía y pretendía censurar sus shows, los jóvenes de finales de los setentas se sumaban en masa al incipiente punk (que debe su nombre a una publicación de la época) y denunciaban la hipocresía de una sociedad en crisis que hacía la vista gorda a su declinación.

En Mayo de 1977 la multinacional Virgin Records los contrató para lanzar su primer LP: Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols (“Me importa unos cojones, aquí estan los Sex Pistols”). Ya Sid Vicius, un fan de la banda que no sabía tocar el bajo, había sustituido a Matlock. La reacción conservadora ante la publicación del álbum no se haría esperar. De los 30 conciertos programados para el Anarchy Tour, que contaba con la participación de The Damned, The Heartbreakers y The Clash, debido a las amenazas constantes y el miedo de los dueños de los clubs a que se cumplieran se redujeron a 3. Bandas fascistas comenzaron a agredir a los punks en las calles londinenses; el propio Rotten fue atacado a cuchillazos a la salida de un pub. Los Sex Pistols comenzaron a tocar con pseudónimos (“S.P.O.T.S.”: “Sex Pistols On Tour Secretly”) para despistar a los fascistas. También recibieron una catarata de acciones legales en contra de la utilización de la palabra “bollocks” (cojones) en la portada de su disco, que debieron suprimir, aunque ganaron los procesos en los tribunales. Ante la prohibición de tocar en suelo británico, los Pistols consiguieron un barco para tocar en las aguas del río Támesis durante la semana del celebración jubileo de la Reina, toda una provocación a la corona que terminó con una importante represión policial al tiempo que Rotten, esquivando golpes de los Bobbies, aullaba como podía las letras de “God Save the Queen”.

Sex Pistols – God Save The Queen (3:17). Segundo sencillo de la banda y fuente de una de sus tantas polémicas. El sencillo fue considerado por el público en general como un ataque directo a la Reina Isabel II y a la corona británica. De hecho, el título es una copia directa del himno nacional británico, “God Save the Queen” (en español, “Dios salve a la Reina”). La polémica principal se suscitó específicamente por la línea: “Dios salve a la Reina y a su gobierno fascista; te han convertido en un idiota, una potente bomba de hidrógeno” y por la famosa frase “There is no future in England’s dreaming” (en español: “no hay futuro en el sueño de Inglaterra”). Además, Rotten pronuncia la palabra Save (salve) como Shave (afeitar).

En medio del caos que eran de los Sex Pistols, a menudo se pasa por alto la gran banda que fueron: sin ellos la cultura popular de los últimos 30 años sería muy diferente. Los Pistols no intentaban derribar puertas, querían romper paredes y muros. Para ser una banda que (realmente) sólo lanzó un álbum y cuatro sencillos, han generado un mar de imitadores, ya les salían en los 70 y siguen haciéndolo hoy: no está mal para una banda cuyos miembros presumían de no saber tocar.

Pese a las afirmaciones de Nueva York, los Sex Pistols son los auténticos precursores del punk, nadie más tenía su actitud ni su honestidad. Los Pistols se inspiraron en la ira y en la pobreza, en el NO arte y en la poesía. Hay quien dice que nunca hubo un movimiento punk: estaban los Sex Pistols y después estuvo el resto. Otros dicen que los Sex Pistols y el punk no cambiaron nada: la aristocracia del rock seguía y siguió vendiendo discos como churros, la industria musical ha manipulado y manipula las tendencias, los poderes políticos permanecieron y permanecen intactos. De todos modos, el espíritu del punk sigue vivo en muchos sitios, y muchas bandas posteriores no hubieran existido sin el espíritu de los Sex Pistols: The Clash, U2, The Cure, R.E.M., Green Day, Nirvana u Oasis son algunas de las muchas bandas donde se detecta esta influencia.

Hasta aquí la historia de un grupo que consiguió ser diferente y trascendente.

Sex Pistols – Problem (4:09). Para muchos líricamente esta es la mejor canción de Never Mind the Bollocks. Canción sencilla que simplemente te pregunta que ¿qué vas a hacer con tus problemas?

 

“Tú tienes un problema, el problema eres tú, Problemas, qué vas a hacer…, problemas…” Indiego regresó de su viaje: ahora lo tenía más claro todo. O no. Por lo menos ya no sentía tanta rabia y la espinilla comenzaba a mejorar. De todas formas, seguía sin saber qué hacer con sus problemas. Tampoco sabía cuáles eran. O si. Pero el rosa y el amarillo si que combinan.

 
enero 2019
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