Viaje 20

Se duchó procurando no despertar a ninguno de sus compañeros de piso. Fue a su habitación y cerró la puerta. Sobre la mesilla estaba su discman. Estaba perdido. Rebuscó en la pila de cedés y rescató aquel de oscura en la que aparecían dos hombres horteras. Abrió el cedé y lo colocó dentro de la boca del discman. Comprobó que éste tenía baterías. Se sentía utilizado. Examinó uno de los cajones y encontró un paquete intacto de sus pastillas: se tragó dos con un poco de agua. Se sentía perdido. Luego se acostó sobre la cama, se puso los auriculares y pulsó el play; luego adelantó hacia la segunda canción. Un zumbido triste y frío de sintetizador empezó a sonar. No estaba triste, pero sí tenía ganas de llorar.

 

El pasado 28 de junio se celebró en algunos países del mundo el Día Internacional del Orgullo Día Internacional del Orgullo LGBT (lesbiana, gay, bisexual y transexual), también conocido como Día del Orgullo Gay, conmemorando el 28 de junio de 1969, fecha en la que sucedieron los disturbios de Stonewall en Nueva York. La meta fundamental que se pretende con esta fecha es conseguir que no haya personas que sientan que deben avergonzarse de lo que son, cualquiera sea su sexo, orientación sexual o identidad sexual. Recordemos que esto no hace tanto tiempo era incluso perseguido y motivo de cárcel también en el llamado mundo occidental: a Adam Turing, padre de la informática moderna, se le dio a elegir entre prisión o castración para curar su homosexualidad y eligió el suicidio en 1954 en la puritana Inglaterra.

Todavía en el año 1979 la homosexualidad no estaba aceptada en la noble Inglaterra, ni siquiera en el transgresor mundo del punk. Los punks podían y debían ser agresivos, violentos, anarquistas, malhablados, pero nunca, nunca homosexuales. Pero eso estaba a punto de cambiar.

En 1979, el año del London Calling de los Clash, fue el año en que el punk empezó a decaer, en  que el impulso de la Revolución del 77 mostraba signos de agotamiento: Sid Vicious moría por sobredosis de heroína en febrero; la mayor parte de los grupos seminales del movimiento pasaban por momentos bajos. Empezaban a escucharse voces discordantes que iban creando en su devenir un nuevo estilo conocido como pos-punk, lleno de guitarras abrasivas y ritmos imperiosos. Y en ese año, en distintos puntos de la geografía británica la idea del “do it yourself” [hazlo tú mismo] prendió en territorios musicales inesperados. Los muchachos de los sintetizadores, carentes del espíritu gamberro de los punkis, se presentaban en directo como alienígenas afectados y arrogantes: desde Sheffield, The Human League, lanzaba en 1979 su primer disco largo; Gary Numan, al frente de Tubeaway Army, conseguía su primer número uno: Are friends electric?; y en la industrial Leeds, al Norte, dos estudiantes de arte debutaban como dúo electrónico. Estaba a punto de estallar el tsunami del tecno pop, y estos dos muchachos iban a ser pioneros del movimiento: su nombre Soft Cell.

Marc Almond y Dave Ball habían formado Soft Cell en Leeds en 1978, cuando ambos eran estudiantes de arte. El primero, vocalista de aire algo dramático, influido por cantautores como Jacques Brel o Scott Walker, el segundo, cerebro en la sombra dedicado en exclusiva a la parte instrumental. Publicaron un primer EP en 1980 sin excesiva repercusión.

Soft Cell fueron unos de los pioneros en utilizar la formula del dúo con cantante excéntrico y andrógino (Marc Almond en este caso) que se hacía acompañar de un experto en el aparataje electrónico (Dave Ball) de único compañero, como ya hicieron Suicide, DAF, O.M.D. (estos de forma más sobria) o con posterioridad Pet Shop Boys, e incluso algunas desafortunadas secuelas españolas.

Y de pronto, en 1981 todo estalló cuando Soft Cell publicaron como single una adaptación tecnificada de un clásico del estilo Northern Soul cantado por Gloria Jones. Su título: “Tainted Love”.

Tainted Love (02:35). Este es un tema compuesto en 1964 por Ed Cobb para Gloria Jones, última pareja de Marc Bolan (T-Rex), que no se hizo popular hasta que Soft Cell lo versionara en 1981. Esta canción fue carta de presentación del grupo y, décadas más tarde, su característico inicio constituye, para cualquier aficionado a la música (con la intervención frecuente de la nostalgia), el paradigma del sonido de una década, de todo un estilo. Un éxito tan espectacular que condenó al grupo a la consideración de “one hit wonder”.

Las letras del afectado y melodramático Almond hacían referencia habitualmente a elementos de un determinado submundo gay, nunca antes reflejado expresamente en la música popular, y a la hipocresía de algunas personas que, formando parte de él, renegaban públicamente del mismo dando una imagen respetable cara al exterior; sus letras también hablaban de drogas y cirugía plástica, de amores y desamores; pero todo ello estaba bañado en un cocktail musical que incluía fundamentalmente pop y soul de guante blanco, que, aunque realizado con la instrumentación electrónica de Ball, los convertía en un producto perfectamente consumible por todos los públicos.

Mark Almond es un excelente vocalista de gestualidades convulsas que convertía sus actuaciones en auténticos dramas escénicos, a la altura de las artistas de los cabarets. Dave Ball por su parte se las apañaba y muy bien con los sintetizadores y la guitarra eléctrica, dándole a todo el conjunto un aire decadente y frío, capaz de conjugar el ambiente de un bar de bajos fondos de los años 20 con el ambiente futurista que aportan los sintetizadores y las programaciones.

Y en medio de la fingida frialdad y el pretendido hedonismo que quieren transmitir en sus temas, Soft Cell mostraban en sus composiciones, sobre todo en las letras de Almond, ciertos aspectos, mucho más sórdidos y traumáticos que los que una escucha superficial del disco puede suponer. No debe ser fácil moverse entre soñar con encuentros juveniles en sótanos con marineros de permiso, y la violencia con la que su padre, militar profesional, reaccionaba ante su hábito de pintarse los ojos. Un drama solo mitigado por la música y el fulgurante triunfo del synth-pop de Soft Cell.

Youth (03:21). El clima synth pop ominoso de este tema funciona como una especie de mantra para olvidar el pasado y construir una nueva personalidad. “Juventud, juventud, juventud, el sueño” canta el último de los versos de una canción que se abre con una especie de lamento por la juventud perdida.

“Non-Stop Erotic Cabaret” refleja como ningún otro disco la excitación de aquel momento único: el comienzo de una década ambiciosa y cruel, llena de sueños y frustraciones, la década de los 80, al ser grabado en plena eclosión de New York como capital mundial y como meca gay. También refleja el consumo de la nueva droga del momento, el MDMA, que todavía en esos momentos no estaba prohibida (lo estaría a partir de 1985).

El proceso de grabación de este primer álbum de Soft Cell también tuvo algo de salvaje. Cuenta la leyenda que Marc Almond y David Ball se las arreglaron con el instrumental que tenían a mano: un grabador Revox, un synclavier (uno de los primeros sintetizadores) NED perteneciente al productor Mike Thorne, y una caja de ritmos Roland también prestada. Lo que se dice, un modo muy punk de abordar y ejecutar la música.

El disco fue exitoso y polémico, destacando el revuelo que generaron sus videoclips en general, como una muestra más de los cambios que la década de los 80 trajeron al mundo de la música: la MTV inició transmisiones el 1 de agosto de 1981, y los videoclips empezaron a ser la más radical y rentable de las innovaciones de la historia de la televisión, y una de las herramientas más importantes dentro de la promoción de la venta de grabaciones musicales.

Bedsitter (03:35). Con una excelente instrumentación electrónica, destaca de nuevo como uno de los mejores temas del disco (no en vano fue single) con inolvidable estribillo “Riendo, bailando, bebiendo, amando, y ahora estoy solo en mi tierra de apartamentos, mi único hogar”. Una celebración que es también un lamento sobre la vida materialista y disoluta de un amante de la noche.

Un éxito tan espectacular como el que obtuvieron con “Tainted Love” condenó al grupo a la consideración de one hit wonder, relegando el resto de las canciones de los cuatro discos del dúo a una inmerecida condición de material de relleno. Afortunadamente, el talento del dúo daba para mucho más, por lo que presentaron un disco ejemplar, que se apartaba de los cánones más comerciales de la época para ofrecer un disco más comprometido, valiente, y extraño que la media del momento.

“Non-Stop Erotic Cabaret” supuso el canto de cisne de Soft Cell, que continuaron hasta 1983 publicando tres discos más, pero ninguno de este calibre. Tras él se vieron involucrados cada vez más en problemas de drogas y diversos escándalos, especialmente Almond. El grupo se disolvió por discrepancias internas antes de la publicación de su último disco de estudio. Marc Almond prosiguió con una extensa carrera en solitario, constante pero con una audiencia minoritaria y fiel, donde ha experimentado con todo tipo de géneros, desde la canción de aires afrancesados hasta la dance music. Dave Ball formó parte de un grupo de fugaz presencia llamado The Grid. Tuvieron una reunificación breve y de escasa repercusión en 2002, lo justo para publicar un disco, “Cruelty Without Beauty”, incapaz de suministrar ninguna canción a su repertorio de clásicos. Su carrera es un ejemplo de alejamiento progresivo de un gran éxito inicial; sus discos fueron progresivamente más complejos y difíciles para el oyente. Para el dúo hubiera sido, seguro, más sencillo, optar por repetir el esquema de seguir haciendo versiones de canciones de relativa popularidad: pero su material propio no disponía del gancho comercial necesario, a pesar de su calidad.

Tal vez desde la distancia que dan los más de 30 años pasados desde su publicación no se pueda apreciar la importancia que tuvo este disco en el mundo de la música pop.

Say Hello, Wave Goodbye (05:24). Majestuosa balada musicalizada con enorme talento y con un Marc Almond sencillamente impresionante en el trabajo vocal declamando una letra que habla del final de un amor secreto e imposible.

“Non-Stop Erotic Cabaret” es sin duda una de las principales obras del emergente estilo synth-pop, un brillante disco con personalidad propia que a pesar de contener una canción tan sublime como “Tainted Love”, muestra una cohesión poco frecuente en su condición de primer disco. Cuando otros grupos del movimiento ya acudían con experiencia (The Human League, por ejemplo, triunfaron también en 1981 pero con su tercer LP), Soft Cell entregaron un primer disco con diez canciones, algunas de las cuales han sido traicionadas en su sonido por el paso del tiempo, pero entre las que brillan bastantes joyas.

Además es un disco que en su realización bebe de los fundamentos del punk y que desarrolla, a través de una música completamente personal y de original estilo, los mandamientos de la new wave y el tecno-pop. A estos preceptos le añaden polémicas referencias al hedonismo extremo de la escena gay de Nueva York. En resumen, los miembros de Soft Cell publicaron un disco abocado al fracaso que los llevó al éxito, a un éxito tan repentino y fugaz, que tras él todo fue declive.

Sin embargo, tras este disco, tras sus polémicas letras y sus controvertidos vídeos, fue más fácil ser un dúo de tecno-pop como Pet Shop Boys o Erasure, y fue más fácil ser declaradamente gay como Frankie Goes To Hollywood, y fue más fácil ser polémico como muchos de los artistas que se inspiraron en este grupo y en este disco para desarrollar sus carreras artísticas.

 

 

Algunas veces, muy raras, los insectos que caen en la trampa de la hormiga-león, pueden escapar. Esos insectos, tras eso, suelen ser más precavidos: evitan caminar en sustratos arenosos, sortean las oquedades que se abren en el suelo. Indiego regresó de su viaje extrañamente despejado. Abrió sus grandes ojos, se levantó de la cama y se quedó mirándose en el espejo. De pronto sonrió. Una ocurrencia, a modo de chispazo, estuvo a punto de hacerle estallar la cabeza. Si hay que tener miedo de caminar, mejor desarrollar alas y volar. La sonrisa terminó siendo una carcajada.

enero 2019
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