Viaje 22

Estaba solo en su habitación. Y tristísimo. Por eso fue hacia donde guardaba los discos y rebuscó hasta encontrar el que buscaba. En una carátula de color verde, la fotografía de un hombre alto que mira a una ventana entreabierta. Recordó otro de los versos de Cristina: «con la tristeza de quien ama pero olvida sus ojos». Una quemazón terrible se apoderó de su pecho. Abrió la caja y sacó el cedé. Lo introdujo en el equipo y pulsó el play. Melancólicos acordes de guitarra llenaban la habitación mientras Indiego se tragaba de golpe dos pastillas. Luego se acostó mirando al techo. Y a su lado un montón de cartas azules descansaban desordenadas.

 

A veces, la línea que separa el éxito del fracaso es tan estrecha que los creadores que se quedan ahí; pueden parecer náufragos incapaces de llegar a tiempo a una playa salvadora. Justo cuando creen hacer pie, una ola o una corriente los vuelve a alejar de la costa. En el caso de la música, lo malo es que esta línea la disponen jueces por lo general muy fríos y feroces: las ventas y la prensa musical.

Una de las historias más crueles de la música es la que les vamos a contar y tiene como protagonista a un alto y atractivo joven inglés, aunque nacido en Birmania; su nombre, Nick Drake.

De las muchas cosas de las que la prensa musical tiene que avergonzarse, la más grave de todas es la de haber ninguneado no el primero sino los tres discos de Nick Drake. Basta un dato: Nick Drake vendió en su momento lo mismo de forma internacional que un grupo español de música independiente como La Buena Vida.

Nick Drake nació el 19 de junio de 1948, en la ciudad de Rangoon, ubicada en el país entonces conocido como Birmania, hoy Myanmar. Rodney, su padre, se encontraba en ese país desde los años 30 trabajando como ingeniero. Ahí conoció a Mary Lloyd, su futura esposa, una mujer con una gran sensibilidad artística y cuyas composiciones musicales serían de gran influencia para su hijo. Dos años después, los Drake se mudaron de vuelta a casa, en una zona cercana a Birmingham. Ese lugar sería fundamental en la vida de Nick, ya que ahí fue donde se crió, vivió su infancia y donde pasó sus últimos días.

Poco hacía presagiar su destino durante sus años escolares. De niño y durante su pubertad, Nick Drake era prácticamente lo opuesto al cliché del músico atormentado: tenía un buen rendimiento escolar y ya había desarrollado un creciente interés por el deporte, estableciendo un record en las 100 yardas planas que aún perdura y capitaneando al equipo de rugby local. Ya a los 16 años, el deporte había dado cada vez más paso a la pasión que marcaría su vida: la música. A esa edad ya había formado su primer grupo y tocaba en la orquesta de su colegio. Los instrumentos que dominaba eran el piano, el clarinete y el saxo, mientras que sus gustos se inclinaban por el lado del jazz y la música clásica. A los pocos meses, Drake compró su primera guitarra. Estos últimos dos detalles marcarían fuertemente el sonido propio que terminó buscando en sus discos.

A pesar de haber bajado considerablemente su rendimiento académico los siguientes meses, Drake recibió una beca para estudiar literatura inglesa en Cambridge. Emocionado, aceptó, pero antes –a principios de 1967- decidió irse por seis meses a la universidad De Aix-Marseille, en Francia, toda vez que la traducción del francés al inglés era parte importante de lo que serían sus estudios. Este viaje probaría ser vital en su futuro. Aquí no sólo incursionó por primera vez con la marihuana y el LSD, sino que también desarrolló la técnica en la guitarra que imprimió en sus discos. Según recuerdan sus amigos en esta época, Drake tenía muy poco interés en lo académico. En vez de eso, pasaba horas y horas probando distintas afinaciones y arpegios, mientras tocaba canciones de algunos de los artistas más representativos del folk británico de la época, como Bert Jansch o Jackson C. Frank. Durante este viaje surgieron algunas de sus primeras composiciones. Además, era común que, para ganar algo de dinero, fuera con sus amigos a tocar por dinero en las calles del centro de la ciudad.

Antes de volver para enrolarse en la universidad, Nick decidió hacer un último viaje con sus amigos. El destino era la ciudad de Marrakesh, en busca de evadir la rutina y, por supuesto, de drogas y diversión sin límites, tanto que terminó tocando la guitarra para los Rolling Stones en un restaurante de esta ciudad marroquí.

A los meses después, en octubre, Drake ya estaba en Cambridge. A pesar de encontrarse sumamente desilusionado y de prestar muy poco interés a los estudios, el ambiente ahí dentro demostró ser crucial en su definición como músico. Musicalmente hablando, a estas alturas Nick Drake ya había compuesto una buena cantidad de las canciones que aparecerían en su disco debut. Además, por estos días ya había mostrado varias en presentaciones en el circuito universitario. A fines de 1967, ya habiendo terminado su primer trimestre en Cambridge, apareció la oportunidad que dio inicio a su carrera profesional.

Poco antes de Navidad, el nombre de Nick Drake aparecía en un festival de beneficencia que duraba 24 horas, en el que destacaban los nombres de los norteamericanos Country Joe and the Fish y del inglés Ashley Hutchings, miembro de Fairport Convention, probablemente el grupo más importante del folk británico de la época.

Terminada su presentación, Hutchings felicitó a Drake y le ofreció presentarle a Joe Boyd, un joven productor y manager norteamericano que se encontraba muy inmerso en la escena folk inglesa. Después de escucharlo, Boyd quedó impresionado. A pesar de detectar variadas influencias, describió la esencia de lo que escuchaba como “misteriosamente original”. El entusiasmo de Boyd crecía y crecía. Ahora necesitaba encontrar la forma de traspasar el talento que tenía al frente al estudio. Empezaba a gestarse un disco debut fundamental: Five Leaves Left.

Time Has Told Me (04:27). Un poema hecho canción abre el disco. Nick Drake cuenta una conversación con el mismo tiempo, un diálogo filosófico en medio de guitarras tocadas de una forma especial, como si tocarla doliese. Y sobre estos arpegios, versos infinitos: «dejaré las costumbres que me hacen ser // lo que en realidad no quiero ser«.

La primera decisión importante ya estaba tomada. Las grabaciones se llevarían a cabo en el estudio Sound Techniques, ubicado en el acomodado barrio de Chelsea, en Londres. Co-fundado por el veterano John Wood –que trabajaba en la división de música clásica del sello Decca- el mítico lugar albergó sesiones de artistas como Pink Floyd o The Who. Dos aspectos fueron claves en esta elección. En lo musical, Wood había trabajado dos años, junto a Joe Boyd, en el LP «In My Life», de la cantante Judy Collins, uno de los primeros discos de folk contemporáneo en usar arreglos de música clásica. Y en lo práctico, por esos días Boyd trabajaba ahí mismo en Unhalfbricking, el tercer disco de Fairport Convention.

Las sesiones no serían nada de fáciles. A pesar de caracterizarse por haber grabado rápidamente con grupos como Pink Floyd, Incredible String Band y los mismos Fairport Convention, Joe Boyd se tomó su tiempo con Nick Drake. Con él todo era mucho más interrumpido. Grababan un par de canciones, las analizaban, esperaban unas semanas y luego veían qué podían hacer con ellas. Parte de esto se debía a los constantes bloqueos que sufría Drake. Cuando eso pasaba, no quedaba más que terminar las sesiones y retomar en otro momento. Musicalmente, era necesario agregar varios instrumentos. Así fue como fueron apareciendo varios artistas sugeridos por Boyd. Entre los que más participaron estaban el guitarrista de Fairport Convention Richard Thompson y el pianista Paul Harris. Ninguno de ellos convivió en el estudio con Drake; incluso, las partes de piano de este último fueron grabadas en Nueva York por el mismo Boyd.

Los instrumentos más básicos estaban grabados, por lo que ahora el problema pasaba por los arreglos orquestales. Ésta fue una de las mayores piedras de tope en las grabaciones. Algo en lo que estaban de acuerdo Drake y Boyd era en que no querían que sonar muy rimbombantes. Ejemplos para esto les sobraban: discos como Sgt. Pepper’s, Pet Sounds y los primeros trabajos de Tim Buckley y Van Morrison. Cuando llegó la hora de elegir al encargado, Nick Drake sacó finalmente a relucir su carácter: la compañía había llevado a un conocido arreglista para preparar unas pocas canciones para una orquesta de 15 músicos. Nick empezó a irritarse cada vez más y más, y a pesar de su aparente timidez dejó clara su oposición a esos arreglos. Así que llamó a Robert Kirby, su amigo músico, absolutamente amateur de Cambridge, que iba a comprender mucho mejor lo que Nick quería. Y la compañía contrató a Kirby, junto con un puñado de músicos, y quedaron sorprendidos de lo bueno que era. Los arreglos de Kirby en el disco son exuberantemente barrocos, con un abundante uso de instrumentos de cuerda, en particular violonchelos y contrabajos. Pero en primer plano están siempre la voz y la guitarra de Nick, suaves como para volar, sensibles como para modelar el ánimo o la emoción.

Después de largos meses, el disco estaba terminado. La distribución de las canciones estuvo a cargo de Boyd y John Wood, para que los dos lados fuesen equivalentes. El diseño –que no dejó del todo contento a Drake- fue hecho luego de una sesión con el fotógrafo Keith Morris, quien fue el único fotógrafo que acompañó la carrera de Drake. La mitad del trabajo estaba hecho.

Finalmente, el nombre elegido por Drake para su debut fue «Five Leaves Left», una poética alusión que todo fumador entendería: cuando un paquete de papelillos de fumar ‘Rizla’ estaba a punto de acabarse, un emblema con estas tres palabras (5 leaves left: quedan 5 hojas) avisa de que se está acabando el papel.

Way To Blue (03:11). Una orquestación sublime y la voz más dulce de Nick Drake; letras extrañas que van cosiendo una de las canciones más grandiosas de este disco: «Dime todo lo que sepas//enséñame lo que tengas que enseñar

La fecha de lanzamiento original era julio de 1969. Por problemas en la post-producción, «Five Leaves Left» finalmente vio la luz el 1 de septiembre, casi un año después de iniciadas las sesiones de grabación, por el cada vez más influyente sello Island. El disco sólo vendió cinco mil copias. La compañía Island y Joe Boyd no se asustaron con la baja cantidad de discos vendidos. Eso era normal para la escena folk en Inglaterra y cada vez tenían más claro que lo que había pasado con Leonard Cohen (quien había vendido más de cien mil copias con su primer disco) había sido único. A pesar de tratar de conseguir un contrato para su distribución en Estados Unidos, país en el que confiaban que Drake conseguiría una audiencia fiel en el underground, los esfuerzos de Boyd nunca rindieron sus frutos.

La prensa tampoco fue de gran ayuda. Las críticas fueron dispares y Nick Drake sólo dio una escueta entrevista en vida. De ella, lo que más puede sacarse en limpio fue el desagrado que tenía el músico por tocar en vivo. Justamente ésa fue la causa principal de su fracaso comercial.

La única forma que tenían los músicos folk de lograr la fama era tocando en vivo. La poca prensa, las bajas ventas y la nula rotación en las radios eran comunes, por lo que muchos tocaban repetidas veces y en varios lugares, para así ganar la mayor cantidad posible de seguidores. Esto, sin embargo, desagradaba de sobremanera a Drake. A diferencia de otros sellos más grandes, Witchseason no tenía el dinero suficiente para contratar gente que acompañara a Drake. Varios usaban distintas afinaciones, pero para eso tenían varias guitarras y un roadie que se las pasaba entre canciones. Nick Drake, en cambio, viajaba solo. La estrategia había funcionado con Fairport Convention y la Incredible String Band, pero fracasó con Drake. Por si esto fuera poco, la timidez de Drake se comenzó a hacer evidente sobre el escenario. Los cantautores sin recursos se valían de chistes y una directa conversación con el público mientras cambiaban las afinaciones de sus guitarras. Por su parte, Nick Drake se limitaba a mirar el suelo en silencio, tomándose varios minutos entre canciones. Si la gente en el público empezaba a hablar, perdía la paciencia y dejaba el escenario. Fue en esta etapa en la que el sueño de la fama se comenzó a esfumar para el cantautor. Fue éste también el momento en el que su timidez se agravó por culpa de la frustración, algo que quedó plasmado en sus dos discos posteriores.

El segundo disco, Bryter Layter, fue publicado en 1970. Suena menos desolador que Five Leaves Left: los ritmos de piano sincopados y los alegres saxos y flautas parecen burlarse de las melancólicas letras. En el estudio de grabación continuó la búsqueda de Nick de la perfección como demuestras los sucesivos rechazos que hizo de las grabaciones finales por no estar satisfecho con los arreglos. Al final, la grabación del disco duró unos nueve meses, adivinándose en sus arreglos una mayor influencia de Joe Boyd y John Wood (productor e ingeniero de nuevo). Boyd y Wood consideran a Bryter Layter el álbum más perfecto que hayan hecho, una auténtica obra maestra. Cuando se publicó Boyd dijo que el disco haría de Nick una estrella, pero se equivocaba. El álbum no se vendió tan bien como esperaban y Nick se sintió muy decepcionado, aunque la compañía, Island Records, estaba satisfecha con las 15000 copias vendidas.

The Thoughts of Mary Jane (03: 22). Una flauta y una guitarra, y la voz de Nick Drake van declamando un poema en torno a una mujer llamada Mary Jane. Preguntas y preguntas en torno a ella, que casi se convierte en un personaje mágico, a las que se añaden orquestaciones deliciosas: «¿Quién puede conocer// los pensamientos de Mary Jane?»

Poco después de la publicación de Bryter Layter, Joe Boyd vendió su discográfica ‘Witchseason’ a Chris Blackwell, el propietario de ‘Island Records’, y se trasladó a Los Ángeles. Esto supuso un duro golpe para Nick, que –según su propio padre– quería a Joe más que a nadie. Como Nick se sentía tan mal, sus padres, y el propio Boyd por teléfono, le insistieron para que visitase a un psiquiatra. Al final, ya en 1971, Nick accedió. El psiquiatra le prescribió tres antidepresivos diferentes, declarando que era un caso de depresión interna, sin causas externas concretas. Pero Nick no era constante tomando sus píldoras; lo hacía como si fueran aspirinas para un dolor de cabeza. Empezaba a tomarlas y cuando se sentía mejor las dejaba, argumentando «voy a superar esto por mí mismo». Volvió a vivir con sus padres en Tanworth-in-Arden, aunque hacía viajes esporádicos conduciendo hasta Londres. La depresión se hizo agobiante. Nick solía sentarse durante horas en una silla, moviendo nerviosamente las manos sobre sus rodillas mientras miraba fijamente por la ventana u observaba el brillo de sus zapatos.

En verano de 1971 Chris Blackwell, el dueño de ‘Island Records’, que apreciaba el trabajo de Drake, ofreció a éste su apartamento en la costa española. Cuando Nick regresó en octubre llamó a John Wood para grabar un nuevo álbum.

Grabó «Pink Moon» en dos noches, cantando sin otro acompañamiento que su guitarra y unos escuetos arreglos de piano. Wood supuso que se trataba de grabaciones preliminares y le preguntó a Nick cómo quería que fueran los arreglos. Y Nick respondió que no quería arreglos con su famosa frase: «No frills» (sin florituras). El álbum era corto, menos de 30 minutos, pero Nick no tenía más canciones. Sin atreverse a dar explicaciones a la compañía por la ausencia de arreglos, Nick Drake dejó la cinta master al recepcionista de ‘Island Records’, y ésta fue encontrada por sorpresa varios días después. El disco se publicó en febrero de 1972 y se vendió aún menos que sus antecesores.

En «Pink Moon» los temas avanzan de forma relajada, dibujando una atmósfera homogénea dictada por una voz que es casi un susurro. La escasa estructura melódica hace de las canciones poesía esquelética, atascada en una comunicación a medias, rica en alusiones y metáforas, inescrutables referencias cruzadas hacia un ser torturado, que se mueve a tientas en la incertidumbre.

Después de «Pink Moon» Nick empeoró. Se autoingresó en un hospital psiquiátrico local durante cinco semanas y después volvió a casa de sus padres. Decía que no entendía el sentido de la vida.

Como no era capaz de escribir música buscó otra cosa que hacer. Visitó la oficina de reclutamiento del ejército pero no superó la entrevista. Después lo contrataron como programador de ordenadores en la empresa de su padre, pero tuvo que viajar a Londres y vivir solo en un hotel, y a los tres días lo dejó.

En febrero de 1974 Nick Drake grabó cinco canciones con la ayuda del leal John Wood, que pretendían ser el inicio de su próximo álbum. Drake estaba morbosamente deprimido cuando escribió las canciones. En el estudio, una vez terminadas las pistas instrumentales, Wood le dijo: «Estás teniendo problemas con las palabras». «Sí –replicó él–, no puedo pensar en palabras. No siento ninguna emoción respecto de nada. No quiero reír ni llorar. Estoy insensible, muerto por dentro».

Tras este intento fallido Nick decidió dejar de cantar, y esta decisión le hizo sentirse feliz de nuevo. Se fue a París a vivir en una barcaza sobre el Sena, y decidió que le encantaba estar ahí y que refrescaría su francés. Decía que no iba a volver a grabar canciones, pero que las escribiría para otros, tal vez para la cantante francesa Françoise Hardy, que ya en una ocasión se lo había pedido. Era el verano de 1974.

Fruit Tree (04:49). De nuevo la guitarra acústica como protagonista casi única de una canción que parece una declaración de intenciones o visto con la distancia como un presagio de lo que habría de pasar; las orquestaciones a modo de réquiem también ayudan a darle un aire fúnebre: «Los hombres de fama nunca podrán encontrar el camino//hasta que el tiempo haya volado lejos del día de su muerte

Poco después regresó desde París a casa de sus padres. Seguía combatiendo varios trastornos de salud como la depresión y el insomnio. El mediodía del 25 de noviembre de 1974 su madre, abrió la puerta de la habitación de Nick extrañada por la hora que era; vio varios discos junto al ‘pick-up’ estéreo. Sobre el plato, uno de los conciertos de Brandemburgo de Bach, una música que su hijo escuchaba a menudo. Nick Drake yacía muerto en su cama. La muerte se había producido sobre las 6 de la madrugada, debida a una sobredosis de Tryptizol. Se trata de un antidepresivo que Nick solía tomar, y que en esta ocasión había ingerido, tal vez por equivocación, en lugar de sus píldoras para dormir. El ayudante del juez de instrucción declaró que se trataba de un suicidio. Lo cierto es que Nick no dejó ninguna nota, y nunca se sabrá si realmente quiso quitarse la vida. Nick Drake está enterrado en un lugar marginal del cementerio de Tanworth-in-Arden. Su modesta lápida (en la que aparecen también los nombres de sus padres ya fallecidos) mira hacia un paisaje de colinas y praderas. Un lugar de descanso ideal para un hombre tan enamorado de las generosas ofrendas de la naturaleza.

Fue famoso más después de muerto que en vida. Su música folk, melancólica y acústica, hoy es sonido de culto y ha influido a numerosos artistas famosos. Fue un hombre de gran inteligencia, sensibilidad artística y carácter, que muchos consideran un genio. Nunca buscó la fama: rehusaba entrevistas o conciertos, quizás por eso sus álbumes no tuvieron la repercusión adecuada. Muchos grandes artistas de la música como Robert Smith o Elton John o grupos como Coldplay, Belle & Sebastian o R.E.M, entre otros, han recibido influencias de este músico.

La convivencia con la generación hippie, la influencia de Baudelaire, el blues, el country, el primer disco de Leonard Cohen recién salido al mercado, ‘Astral Weeks’ de Van Morrison, la filosofía zen en conjunción con su poeta favorito William Blake, los círculos budistas en la universidad, la cercanía de The Incredible String Band, Donovan y la extraña amistad con Françoise Hardy son algunos de los caminos curiosos con que se tropieza este cantautor alto y algo desgarbado, vestido con ropa demasiado pequeña para su tamaño (medía 1 metro y 92 centímetros), que deja de tocar en directo porque lo odia y se avergüenza -dicen- de lo que guapo que es.

Los que le conocieron, dijeron que nunca había sido una persona feliz. Algunos de los que se acercan a su música lo acusan de ser demasiado triste. Para ellos queda lo que sobre la música de Nick Drake ha dicho la  cantautora y actriz Linda Thompson: “Es imposible que su música me produzca tristeza. ¿De qué manera puede ser triste el arte tan bien hecho?”.

 

 

Cuando regresó de su viaje sintió el cálido roce de un papel en su mano derecha. Era una carta azul. La releyó de nuevo mientras el silencio se encargaba de poner la habitación en orden. “… Sé que duele, pero ni tú ni yo tuvimos la culpa. Por mi parte has de saber que aún creo estar viviendo en aquellos meses, contigo, siempre contigo. Te quiere mucho, Cristina.” Indiego tenía los ojos bañados en lágrimas cuando terminó de leer y un corazón muchísimo más viejo. Cuando se levantó y fue hacia el baño, la noche estaba tocando los cristales de las ventanas.

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