Viaje 28

Se animó a escucharlo. Sin razón. Se tomó una pastilla, abrió la caja del cedé y metió el disco en la bandeja del equipo. Pulsó el play. Una batería poderosa empezó a romper la quietud de su habitación. Desazón. Después un riff de guitarra. Y luego una voz desganada y melancólica empezó a cantar en el idioma más estúpido y más bello del mundo.

 

Quien va delante se suele llevar las loas y los parabienes, pero antes suelen llevarse los golpes.  Hoy nos vamos con un grupo que por ser punta de lanza del movimiento indie en España, han sido y son venerados sin medida pero rechazados de la misma forma.

Ellos supieron conectar con aficionados a la música hastiados de la degradación del pop español de los 80 y proporcionar las mismas sensaciones que estaban causando terremotos en la escena de la música independiente alrededor de todo el mundo y todo esto cantando en español. ¿Quiénes son? Sí, hoy viajamos con Los Planetas.

Juan  Ramón Rodríguez, conocido popularmente como J, conoce a Florentino Muñoz, más conocido como Florent, en la Universidad de Granada, donde el primero estudiaba Sociología y el segundo Derecho. Sus gustos musicales comunes (The Velvet Underground, The Church) les hacen conectar, y deciden montar una banda a la que llaman Los Subterráneos homenajeando a Kerouac. J a la voz, Florent a la guitarra, y a ellos se unirán May Oliver, novia de J entonces, al bajo, y Paco Rodríguez a la batería. Como en esa época existía el grupo Christina y los Subterráneos, deciden cambiar el nombre a otro en la línea, Los Planetas. No es que sea un nombre demasiado brillante pero eso era lo de menos.

En aquellos años grupos como Dinosaur Jr, Sonic Youth, Happy Mondays, My Bloody Valentine, Pixies, The Stone Roses, The Jesus and Mary Chain y Spacemen 3 empezaban a sonar con más fuerza y los planetas envian su maqueta a los programas de Radio 3 de Julio Ruiz y Jesús Ordovás. Luis Calvo funda una discografica nueva en Madrid llamada Elefant Records y organiza la gira “Noise Pop” en el año 1992 e incluye a los Planetas en el cartel de actuaciones.

Luego participan en concursos de maquetas ganando el de Diario Pop e imponiéndose en la liga de maquetas de Disco Grande por dos años, así como llegando a la final del concurso de maquetas de Rock de Lux que no ganarán. Antes de eso habían editado en Elefant su primer EP “Medusa” (1993). El disco tiene mucha repercusión, por lo que instan al sello madrileño a grabarles un LP bajo amenaza de firmar con la multinacional. Sin embargo la compañía no acceden, y Los Planetas terminan grabando su primer álbum para RCA-BMG.

“Super 8” (1994) fue grabado bajo la dirección de Fino Oyonarte de Los Enemigos, con una portada icono generacional y canciones sensacionales como “¿Qué puedo hacer?”, himno de angustia amorosa adolescente que no envejece ni jamás lo hará. El álbum es recibido con cierta frialdad por los medios, incluso con división de opiniones. Las cifras, mucho más modestas de lo esperado pues no llegan a diez mil copias, convierten la ilusión en decepción. Sin embargo, el EP con canciones sobrantes de las sesiones de grabación de “Super 8” titulado “Nuevas Sensaciones” (1995) gusta tanto a la compañía que piensa que puede ser un revulsivo para el disco, y saca una edición en doble CD que lo incluye.

Una par de años más tarde deciden cambiar la estrategia y hacerse más accesibles. Paco Rodríguez abandona el grupo y lo sustituye Raúl Santos en la batería. Contratan a un nuevo productor de renombre, Kurt Ralske (líder del grupo indie neoyorquino Ultra Vivid Scene), y la compañía apuesta por ellos con más fuerza, haciéndolos sonar en las radiofórmulas con la canción “Himno generacional #83” como adelanto. El resultado, “Pop” (1996) es muy desparejo y el tiempo lo ha dejado en la parte de atrás de sus logros, pero consiguen ampliar su base de seguidores. Las tensiones por la vida de estrellas del rock hacen que la bajista original, la carismática May Oliver, deje la banda sustituida por Fernando Novi.

Tampoco este disco cumple las expectativas del grupo. Quedando descontentos con él, surgen muchas tensiones entre la grabación de este trabajo y el siguiente que propician la aparición de insistentes rumores sobre la disolución del grupo, alimentados aún más por una desastrosa gira que hace que muchos les miren con desconfianza.

En definitiva: Los Planetas eran un completo desastre en 1997. El grupo estaba hecho trizas: tanto Raúl Santos como Fernando Novi abandonaron el grupo; Florent, guitarra, compositor y fundador del grupo, estaba sumido en una fuerte adicción a las drogas; existían demasiados problemas internos y personales para sacar el grupo adelante, pero como suele suceder tantas veces, los problemas y los obstáculos ayudan a estimular obras maestras. Ni el manager ni el sello discográfico veían claro que el grupo pudiera tenerse en pie, pero, en su delirio, Los Planetas ya habían decidido que grabarían su tercer disco en Nueva York con el mismo productor, y allí fueron para hacer, a partir del dolor, la obra maestra de la música independiente de los años 90 en España. En enero de 1998 fueron hacia la Gran Manzana, y ya el 13 de abril de 1998 se publica el tercer álbum de Los Planetas bajo un título absurdo homenaje a Bob Dylan: “Una Semana En El Motor De Un Autobús”. Su portada, el pictograma que se utiliza para señalar una substancia tóxica, avisa de un contenido que puede ser perjudicial para la salud.

Los Planetas – Segundo Premio (05:31). La sola introducción de la batería seguida por la guitarra da paso a una melodía triste, homenaje a Etienne Daho, respaldada por una letra que nos cuenta la rencorosa historia sobre un amor perdido, para acabar con ruido de guitarras distorsionadas. La canción se construye con un ritmo peculiar y un riff en el que tienen más importancia los violines y la batería, la auténtica protagonista de su sonido. La historia no puede ser más sencilla: Chica deja chico y ni se molesta en decírselo; Chico se queda hecho una piltrafa y abriga la secreta esperanza de que un día Chica se dé cuenta del error cometido y se arrepienta sufriendo. Para aclarar su título valen las palabras de su compositor. “si no te tengo, pero al menos puedo hacerte daño, ya sirve para algo: ése es el segundo premio.”

Con un cancionero mucho más certero que en el pasado, surgiendo de su delicado estado como banda, con una potencia instrumental nunca vista antes y con la ambición de crear una gran obra, alumbran “Una Semana en el Motor de un Autobús”.

Para la grabación del disco, que duró un mes, contaron con el escocés Kieran Stephen como bajista y con el granadino Eric Jiménez (ex KGB y también en Lagartija Nick). También colaboran en el disco Jesús Izquierdo (teclados) y Banin Fraile (teclados, guitarras y efectos), quien acabará formando parte de la formación estable del grupo.

Más certeros que nunca en las canciones directas, y mucho más acertados que las demás veces en las que se aproximan al space-rock, unos sencillos pero efectivos arreglos de cuerdas y vientos consiguen recoger un estado de opinión en prensa y aficionados como pocas veces se recuerda. Dan el salto necesario casi doblando las ventas anteriores, y si siempre habían sido un referente, ahora pasan a ser un icono. El disco es elegido por la revista Rockdelux mejor disco del año, segundo mejor disco de la década de los 90 y 18º mejor disco nacional del siglo XX. Aparte de ser la cumbre de ventas de Los Planetas, “Una Semana en el Motor de un Autobús” supuso la reinvención del grupo. J, su cabecilla, olvidó la frivolidad inicial para comprometerse con la creación, asumiendo la experimentación y la aventura.

“Una Semana en el Motor de un Autobús” es un disco con el que desde el primer momento se tiene la sensación de haber sido compuesto desde la rabia y las dificultades. A lo largo de una hora, el disco relata una semana en la vida del protagonista del disco, una semana de desengaños amorosos, fiestas, euforia, drogas, rabia, subidas, bajadas, etc., en definitiva, un álbum conceptual con su historia, su principio, y su final.

Se dice y se discute sobre si este disco es la historia de un personaje, alguien que experimenta todo lo dicho, ya sea con mayores o menores tintes autobiográficos. Sea como fuere lo cierto es que es claramente apreciable una estructura narrativa en el disco. El desamor en el bloque inicial, la búsqueda y encuentro del refugio drogadicto en la zona central, y la reflexión sobre el pozo autodestructivo, las opciones de salida, y las consecuencias de la vida marcada y lastrada en el final.

Musicalmente hablando el álbum es bastante simple y con exposiciones claras de indie: cada canción se puede sentir parecida a la anterior, pero en realidad todas son distintas, contadas como experiencias personales, lo que le da al álbum un aura de diario personal musicado. La música de J alcanza grandes cimas de nostalgia, y su peculiar forma de cantar parece que quiere relatar entre sollozos sus problemas, sus experiencias, sus sentimientos.

Las tensiones y dudas del grupo son la materia prima sobre la que se construirá el disco más épico y amargo de la escena alternativa española de los años 90. En las canciones laten los problemas internos del grupo y, también, los dilemas morales de cualquier artista que defiende a muerte su obra mientras ansía conquistar al gran público.

Los Planetas – La Playa (04:04). El single más accesible, fue el tercero que publicó la banda extraído del disco. Otra canción de desamor, perfecta para celebrar un antivalentín que fue la mejor canción de 1998 para Rockdelux. Desde el lado más pop del disco y desde una suerte de balada post-rock, se puede ver como vienen las dudas, el trasegar excusas, el creerse si los celos tienen o no base.

El tercer elepé del grupo granadino habla del desencanto posadolescente y explica, de la manera más simple posible, emociones complejas: tanteando la madurez con la resaca del amor y las drogas; banda sonora de una generación. Para el crítico Jesús Llorente es “no solo el disco más importante publicado por un grupo nacido del indie, sino también uno de los mejores trabajos de pop en castellano desde que el pop en castellano existe”.

Un disco que responde a una unidad de planteamiento, a una aventura experimental; un disco de los grandes. Cantos al dolor, el alienamiento, las drogas y las miserias generacionales, llenan de un lirismo conmovedor los doce temas del LP. Los Planetas no aspiran a la épica a cualquier precio, pero ahí están los arreglos de cuerda y viento, los abruptos cambios de ritmo, la voz a veces dolida y a veces drogada de J, las guitarras apocalípticas, los estribillos rotundos y apasionados, y unas letras, inquietantes y sencillas: nunca con tan pocas palabras y con un vocabulario tan limitado y escasamente pirotécnico se había conseguido emocionar así.

Posteriormente a “Una Semana En El Motor De Un Autobús” Los Planetas han seguido trabajando para erigirse en uno de los grupos fundamentales del indie nacional, y sin duda alguna, el más exitoso y polémico. Musicalmente seguirán por un tiempo experimentando desde las posiciones más ruidistas del indie hacia el rock sinfónico, pasando por el pop atmosférico cercano al space-rock y a la psicodelia. Tras un EP y un recopilatorio, en el año 2000 publican otra obra cumbre para el indie nacional: su título “Unidad de Desplazamiento”.

Con posterioridad publicarían dos discos más en esta nueva senda, hasta llegar en el año 2007 a dar un giro radical al asunto: investigando en las raíces – J se convierte en un estudioso del flamenco clásico – deciden hacer una obra inspirando cada canción en uno de sus palos, adaptando letras, compases, sentimientos a la manera de hacer tradicional de la banda. El resultado fue “La Leyenda del Espacio” (2007) que se mira en el espejo de “La Leyenda del Tiempo” de Camarón de la Isla. Este disco supone otro triunfo artístico absoluto, siendo una obra con aroma de clásico, con dificultad para su absorción y comprensión inmediata. Posterior a ese álbum es “Una Ópera Egipcia” (2009), último disco publicado hasta la fecha, donde ahondan en logros anteriores y abren nuevos e interesantes caminos.

Con tres discos calificados por la critica como indispensables, con una infinidad de canciones que pueden considerarse clásicas, se explica el hecho de que Los Planetas figuren oficialmente como la banda más influyente, reverenciada, diseccionada y sesuda del rock independiente patrio de estas dos últimas décadas.

Sus detractores dirán que si no se les entiende cuando cantan, que si tienen una actitud desdeñosa, que si, que si… Pero la realidad es que llevan 20 años en la cumbre del rock independiente español y son la influencia máxima, la banda por antonomasia del indie español. Sus defectos (la afinación de Jota al cantar) son compensadas por su personalidad, por su lenguaje directo y por sus confesiones nada amables sobre el amor, la droga o la muerte. Los Planetas han marcado a una generación con su estilo y sus letras. Muchos de quienes fueron adolescentes y jóvenes allá por los primeros 90 fueron creciendo con el rock distorsionado y delicadamente melódico del grupo.

Los Planetas – Ciencia Ficción (02:39). La canción más corta del disco, revela la cara más punk del grupo, y es como una isla dentro del álbum: es energética y rápida, y hace romper la sintonía onírica del disco. Puede estar vista como esa rabia de venganza que el protagonista puede tener dentro después de los iniciales temas de desesperación del álbum. Indie-pop acelerado, con esa letra anticapitalista tan actual en estos momentos, que relanza enérgica y veloz la garra y el mensaje de venganza.

Hay gente que acusa a Los Planetas de ser un grupo mainstream infiltrado en el indie. En su defensa habrá que tener en cuenta lo complicado de la historia de esta banda: trabajar en una multinacional manteniendo una libertad artística sin precedentes tiene que haber requerido un precio.

El desaliento, la entrega, el individuo que se vacía en lo infinito (experiencias lisérgicas pero también éticas), la amistad entre Jota y Florent, la fe y, sobre todo, la intuición, hacen de Los Planetas un grupo único en la historia del rock español.

Los Planetas no han reinventado la rueda o han hecho algo especialmente novedoso musicalmente. Sin embargo, si al escuchar música lo que se busca es recordar momentos felices y tristes de la vida en forma de canciones, ellos han creado el testimonio más auténtico que se pueda encontrar. Y esa emoción es al final lo que mucha gente todavía busca en la música. Autenticidad. Es lo que mantiene a la gente que siga adelante con su vida y siga escuchando a Los Planetas.

Los Planetas no fueron los primeros en ponerle el cascabel al gato de la música patria una vez que los ecos de la Movida remitían y se apagaban, pero sí que fueron el icono principal y la estrella emergente del panorama alternativo, una vez que los noventa echaron a rodar exigiendo cambios. Desde el principio de su carrera, dejaron su impronta clara, revolucionando relativamente el panorama y poniendo las orejas tiesas a una nueva generación de jóvenes en busca de héroes, a la par que a un buen número que no lo eran tanto y que, bien por imposición del escaparate, bien por nuevas inquietudes, buscaban a alguien más en el panteón.

Fue la primera banda declaradamente indie que cantaron en español, cosa infrecuente en aquel momento, y lo que les distinguían de sus compañeros de generación es su ambición. Nadie puede negar que si ha habido una carrera ajena a presiones comerciales o de cualquier tipo, que enfocase sus obras con el único planteamiento de lo que querían hacer en ese momento -aun a riesgo de hacer cosas que pudieran verse equivocadas o incluso suicidas- ha sido la de Los Planetas. Y todo esto dentro del marco de una multinacional como BMG / RCA, a pesar de las nunca ocultas tiranteces con esta. Una relación de casi quince años que parece tocar a su fin en 2008, con el cambio de compañía a Universal.

Los Planetas – Toxicosmos (07:42). Esta canción es una brutal reflexión de más de siete minutos sobre los senderos que toma una vida que creemos jodida y el pesar de la perspectiva del paso del tiempo. Su evolución post-rock, con tintes de space-rock, de la parsimonia al estruendo, es de manual. Canción difícil y estremecedora: su incomodidad resalta, además, en una belleza melódica y sinfónica magistralmente ejecutada por la banda. Contiene las frases, ciertas y demoledoras, que susurra al micrófono la voz de J, acerca de los detalles de un viaje lisérgico. Sentencias que desgarran, estilo marca de la casa del grupo andaluz, por su crudeza y belleza.

Los Planetas capaces de hacer y encuadrarse en estilos tan diferentes como el pop-rock, el flamenco, el noise, el slowcore, la psicodelia, el space rock, o el power pop, son por derecho propio, referentes del indie hecho en español.

“Una Semana En El Motor De Un Autobús” es una biblia para la gente decepcionada, defraudada, triste, corneada, pero gente que desesperadamente busca una evasión y una rabiosa venganza: en este disco siempre habrá una frase, con la que los decepcionados pueden identificarse y se vean reflejados, porque el disco es en global, más allá de la temática concreta que pueda apreciarse en lo superficial, una metáfora clara de la vida a base de decepciones, fracasos, traiciones, obsesiones, luchas con uno mismo, círculos viciosos y la losa del paso del tiempo.

Este disco estableció el mejor ejemplo de “sonido Planeta”, al menos de primera etapa. Puso de manifiesto todas las vertientes que los granadinos eran capaz de manejar. Demostró que muchas veces, un lenguaje sencillo, llano, lleno de lugares comunes y mensajes simples, pero sin caer en lo vulgar, es la mejor vía para expresar sentimientos humanos y conectarlos con la gente. Un disco inolvidable e irrepetible que sentó cátedra y dejó huellas que aún hoy pueden atisbarse en la música alternativa nacional.

J, Florent y compañía lograron trasladar una serie de conflictos internos motivados por las relaciones humanas a canciones violentamente realistas, con fiereza e inquietante precisión en contraste con el hedonismo y la despreocupación latente en buena parte de la escena indie de la época. Una Semana En El Motor De Un Autobús (1998) es uno de los discos con los que definitivamente se abrían de par en par las puertas de la independencia española, pero sobre todo se impone como incuestionable referente de toda una generación. Un trabajo que rezumaba aroma a clásico en su primera e inolvidable escucha, y al que el paso de los años no ha hecho sino reafirmar en esa eterna posición.

 

¿Cuánto tiempo he perdido ahí afuera?, cuánto por descubrir en mi cabeza, es tan basto que casi da pereza, casi pienso que no tengo fuerzas para hacerlo y encontrar dentro de mí algo nuevo. Definitivamente Indiego estaba hecho un lío. Pero le gustaba, así que volvió a pulsar el play. Sin razón.

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