Viaje 31

Rebuscó en la maleta que había traído y sacó la bolsa donde guardaba los discos cuando viajaba. Entre los cuatro o cinco que había llevado estaba el apropiado. Sacó de la maleta su discman, tan cascado por fuera. También de la maleta sacó su neceser: sus pastillas estaban allí. Se tomó una. Metió el cedé en la boca del aparato. Por un momento observó la carátula. Una muchacha recostada, con la mano apoyada en la mejilla derecha, miraba hacia el vacío; un libro titulado “The Trial” descansaba junto a ella en la almohada. La foto era en blanco y negro, pero estaba virada hacia un rojo apasionado. En blanco estaba escrito el título. Pulsó el play y una voz dulcísima lo acompañó a viajar.

 

 

En 1996, Escocia, la más septentrional de las cuatro naciones que componen el Reino Unido, la antigua Caledonia, la parte de Britania que en tiempos de los romanos se encontraba al norte del muro de Adriano, parecía querer romper su aislamiento y darse a conocer a lo grande. En febrero, la película “Trainspotting“, que narra las desventuras de un grupo de heroinómanos de Edimburgo que no tienen aspiraciones en su paso por la vida, es estrenada y enseguida consigue un gran éxito de crítica y público. El 5 de julio nace también en Edimburgo, la oveja Dolly, el primer mamífero clonado. Y también en Escocia, pero esta vez en Glasgow, en 1996 se va a dar a conocer uno de los grupos más interesantes del panorama indie, y ese mismo año, con su segunda obra, este grupo va a publicar uno de los discos más importantes de la escena independiente y de la música en general.

Stuart Murdoch pasó su niñez en Ayr, una pequeña ciudad ubicada en la costa occidental de Escocia. Murdoch era un fan irredento de la banda Felt, lo que le hizo abandonar Escocia a principios de los 90’s para irse a Londres a la búsqueda de Lawrence Hayward, líder de la citada banda, al cual no consiguió localizar. Cuando llegó el momento de ir a la Universidad, Stuart se mudó a Glasgow donde planeaba estudiar física, pero poco a poco su interés por la literatura y su aptitud por la escritura le fueron transportando hacia las letras. Es en medio de sus estudios universitarios cuando Stuart empezó a sentirse extremadamente agotado y al poco tiempo fue diagnosticado con Síndrome de Fatiga Crónica, lo que le imposibilitó seguir con sus estudios, trabajar o hacer cualquier otra actividad y tuvo que retirarse a la casa de sus padres para tratar de sobrellevar esta enfermedad que lo condenó por un tiempo a la postración y el aislamiento.

Es en este momento de debilidad física cuando Stuart, imposibilitado de salir de casa, comenzó a utilizar la única energía que tenía para ir desde su habitación hasta la sala donde estaba el piano y poco a poco, de manera casi sorprendente para el compositor, empezaron a gestarse sus primeras canciones de una forma casi terapéutica.

Tras tres años de enfermedad, reposo y aislamiento, Stuart se recuperó lo suficiente como para empezar a tener una vida cercana a lo normal y con su repertorio de composiciones bajo el brazo decidió unirse a un programa social para músicos desempleados llamado Beat Box, el mismo que ofrecía la oportunidad de usar un estudio de grabación, conocer a otros músicos y recibir una pequeña pensión. Es aquí donde conoció a Stuart David, con quien descubrió que tenía una gran afinidad musical y se juntaron para empezar a dar forma a los primeros esbozos de canciones. Stuart David no sabía tocar ningún instrumento, pero las canciones eran tan simples que no tuvo dificultad en agregarles las líneas de bajo. Murdoch por su parte tenía tan poca gente a quien le gustaban sus canciones que a pesar de que el aporte musical de David era mínimo, por lo menos tenía el consuelo de que había alguien a quien le interesaba su música.

A finales de 1995 termina de reclutar a los integrantes de la banda en un peculiar casting que tendrá lugar en una cafetería y en el que Stuart Murdoch se dejará guiar por su instinto; los elegidos fueron: Sarah Martin (violin), Stevie Jackson (guitarra), Chris Geddes (teclados), Stuart David (bajo), Richard Colburn (batería), Isobel Campbell (cello), y por supuesto Stuart Murdoch, que se convertirá en guitarrista y vocalista de este curioso proyecto. Los siete integrantes son estudiantes y deciden que la banda se quedará simplemente en un proyecto, un pasatiempo fugaz que no les robará demasiado tiempo, de hecho convienen que grabarán dos discos y desaparecerán.

El nombre definitivo de Belle and Sebastian se dio cuando a Stuart Murdoch se le ocurrió canalizar sus canciones a través de un dueto ficticio compuesto por dos hermanos llamados “Belle and Sebastian”, nombre tomado de una novela de la escritora francesa Cécile Aubry, y que trata de las desventuras de un joven llamado Sebastien y su perro, un mastín del Pirineo llamado Belle; esta historia se haría muy famosa a principios de los 70’s gracias a una serie de televisión francesa e incluso tendría su propia versión nipona, a modo de dibujos animados al más puro estilo Heidi.

En mayo de 1996 deciden autopublicarse un disco bajo el título de “Tigermilk”, que grabaron en tres días, del que sólo se harán 1000 copias y sólo verán la luz en vinilo. Lo que en principio surge como un simple proyecto de fin de curso sin visos de continuidad se convierte en un fenómeno gracias a la mejor difusión posible, el “boca-a-boca”. Ya con este disco dejan claras sus propuestas. La portada parece sacada de la discografía de los Smiths: en blanco y negro un desnudo de mujer completamente neutralizado por un tigre de felpa que le da sentido al título del álbum, en un juego descaradamente tierno que le quita todo el escándalo que esto pudiera llegar a tener. Y luego las canciones: melodías dulces de arreglos perfeccionistas, sutiles, orquestales, y sobre ellas letras infinitamente tristes, desesperanzadas (o quizá solo realistas). Tal fue el éxito del disco que una de las compañías discográficas independientes, Jeepster Records, casa de otros grupos de la escena escocesa, les fichó en agosto y en noviembre ya estaba en las tiendas su segundo álbum. De repente Belle and Sebastian se convierten en una sensación, y seis meses después de su primer disco ya tienen en la calle otro trabajo. Se acababa de gestar uno de los mejores álbumes de pop de los últimos 25 años; de nuevo, su carátula una fotografía sencilla y cotidiana virada al rojo. En esta ocasión, su título sería “If You’re Feeling Sinister”. Los temas, 10 canciones a cada cual más perfecta.

Belle And Sebastian – Like Dylan In The Movies (04:10). Usando la referencia del documental de título Don’t Look Back, filmado por D.A. Pennebaker, que cubre principalmente la gira británica ofrecida por Bob Dylan en 1965, Stuart Murdoch se atreve a dar consejos a un adolescente tras la pérdida del primer amor. Y todo con una dulzura que se va construyendo con la adición de instrumentos: cello, violines, guitarras, voces, piano, para dejar una melodía que cualquier ser sensible quisiera escuchar una y otra vez.

“If You´re Feeling Sinister” es uno de los discos más interesantes hechos a partir de los años 90´s y posiblemente se lo podría considerar como uno de los más influyentes de las últimas décadas. Con este disco pasa algo que solo acontece con los mejores trabajos de la historia, y es que no hay puntos bajos, solo una compilación de 10 canciones y todas de gran calidad.

Muchos críticos afirman que este disco fue realmente el primero de la banda, ya que “Tigermilk” empezó a escucharse en círculos privilegiados (y todavía más privilegiados son aquellos que hoy poseen una copia de ese primigenio vinilo por el que hoy en día se pagan más de 100 euros) y era casi un trabajo artesanal realizado por la propia banda, “If You’re Feeling Sinister” en cambio cuenta ya con el apoyo de una discográfica, lo que le permitirá una mayor difusión que supondrá la presentación de Belle and Sebastian en sociedad. Sea como fuere, el disco supone un auténtico bombazo que servirá para enterrar definitivamente al grunge, estilo que había acaparado toda la atención en la primera mitad de los 90’s y que con sus distorsiones había desterrado durante una buena época la dulzura y la sensibilidad del pop inteligente.

Belle And Sebastian le dan el tiro de gracia al grunge con un trabajo maravilloso; con trombones, cornetas, violines, cellos, con un cuidadoso trabajo de voces, con una música que se creía en desuso y que volvía su mirada a la década musical por excelencia, los 60’s. Se abría así una puerta que llevaba unos cuantos años cerrada, la de una música atemporal, a medio camino entre la luminosidad y la nostalgia, entre el hedonismo y la introspección, entre el technicolor y el evocador blanco y negro, con unas letras inteligentes e inteligibles y con un fino sentido del humor que bebe de la literatura y el cine a partes iguales; un camino por el que, en lo sucesivo, transitarían numerosas bandas, aunque ninguna con el éxito y el saber hacer de Belle and Sebastian.

Belle And Sebastian es uno de los grupos más comentados de las últimas dos décadas. Desde su aparición, underground y tímida a mediados de los noventas, el grupo se convirtió en un favorito inmediato de los amantes del art pop y aficionados acérrimos a la música independiente. La agrupación escocesa ha experimentado uno de los fenómenos de popularidad más interesantes de los últimos tiempos, debido a su creciente inmersión en la cultura pop basada más que nada en la pura calidad de sus discos y a métodos que no utilizan la maquinaria de la industria discográfica masiva, sino a una exposición en medios alternativos y un “boca a boca” contemporáneo logrado gracias a las redes sociales.

Belle And Sebastian – The Fox In the Snow (03:57). Con un piano se abre una de las canciones más destacables del disco. Luego se van añadiendo distintos instrumentos sobre la que dulce voz de Murdoch va desgranando una metáfora de cómo las personas vamos dando nuestros pasos en la vida como los zorros en la nieve cuando buscan su comida.

Belle And Sebastian consiguieron dotar de esplendor tanto en lo artístico como en lo comercial a una corriente dentro del indie pop que llegó a destacar en los años 80, pero que en los años 90 había sufrido un claro declive: el twee-pop que nació en buena parte en Escocia a partir de las propuestas de grupos como Orange Juice, The Shop Assistants, The Pastels o Aztec Camera. Sin embargo, a la base twee, Murdoch y compañía van añadiendo una serie de extras que es lo que convierte a Belle And Sebastian una banda distinta y pionera dentro de la música independiente.

Utilizan en su obra las envolturas del pop barroco, género derivado del pop psicodélico y surgido a mediados de los años 60, que se caracteriza por utilizar arreglos orquestales o instrumentos propios de la música clásica como violines, violonchelos, flautas, arpas o trompetas, y cuyos representantes destacables pueden ser los Love de “Forever Changes”, Donovan (cantautor y guitarrista curiosamente escocés) o The Zombies.

También incluyen en sus canciones las enseñanzas de grupos tan importantes dentro de la historia de la música independiente como The Smiths o Felt, grupo fetiche de Stuart Murdoch. También de los grupos del sonido C-86 toman varios preceptos, así como del sonido Sarah, definitorio de las bandas que publicaban en este sello (The Field Mice o Talulah Gosh). En las letras y en la forma de cantar de Murdoch también se detecta la influencia de Lou Reed o Nick Drake, así como una gran carga literaria, con especial influencia del escritor J.D. Salinger, y en ellas cuenta historias agridulces sobre frustraciones juveniles, casi siempre narradas en tercera persona. La estética elegida para sus portadas y sus vídeo clips también contenía guiños a los años 60, principalmente al espíritu y la estética de la Nouvelle Vague.

En definitiva, Belle And Sebastian pueden ser considerados uno de los grupos responsables del renacimiento de la música indie tal y como la entendemos hoy en día, en su versión más pop, imponiendo este estilo en una época dominada por el grunge, el brit-pop, el trip-hop o la escena dance.

Las influencias de Belle And Sebastian en la música posterior es innegable. Grupos como Camera Obscura, Los Campesinos, The Decemberists, The New Pornographers, The Magic Numbers o The Hidden Cameras no pueden negar las evidentes inspiraciones que encuentran en Belle And Sebastian al desarrollar su carrera. Tampoco lo pueden hacer artistas como Jens Lekman, Sondre Lerche o el genial Sufjan Stevens. Aquí en España el sonido Donosti-Pop o el denominado Tonti-Pop también han sido influenciados por las enseñanzas de este grupo.

Belle And Sebastian – Get Me Away From Here, I’m Dying (03:25). En una melodía luminosa una letra escandalosamente cruda y tal vez cruel. “Sácame de aquí, que me estoy muriendo” dice el protagonista y uno no sabe si se refiere a una historia inventada o a la realidad que vive. Tenues, unas trompetas, hacia el final de la canción la tornan aún más melancólica.

Tras “If You’re Feeling Sinister” Belle and Sebastian continúan su brillante carrera consagrados como la mejor banda de pop del momento y en 1997 editan tres EP’s que no decepcionan, se trata de “Dog On Wheels”, que verá la luz en mayo, “Lazy Line Painter Jane”, que saldrá a la calle en julio, y “3.. 6.. 9 Seconds Of Light”, que se editará en octubre. La banda consigue desarrollar un estilo propio que va más allá de la música y de las letras y que se prolonga en las portadas de sus discos, que siguen todas una misma línea, e incluso en su actitud vital, fruto de una particular idiosincrasia que les llevará a tocar en iglesias o en librerías.

Todas estas referencias darían comienzo a la leyenda de Belle & Sebastian, siendo alabados por la crítica musical y adorados por una creciente base de fans. Este inesperado éxito a los pocos meses de haberse formado como grupo, no sentó bien a Murdoch y al resto de la banda, a lo que reaccionaron mostrando una actitud huraña hacia su nueva popularidad, negándose a conceder entrevistas, hacer conciertos o publicar fotos promocionales, lo que sirvió para acrecentar su culto.

En 1998 editan “The Boy with The Arab Strap”, otro álbum a destacar por su calidad, que consiguió un premio en los Brits Awards de 1999 como revelación. Sin embargo, a partir de entonces su música transitará por caminos más convencionales, aunque sin perder la esencia primigenia de Belle and Sebastian, pero sin la inspiración y la frescura de sus primeros discos. En 1999 se reedita “Tigermilk”, y un año más tarde la banda edita su disco más flojo, “Fold Your Hands Child, You Walk Like a Peasant”, tras el cual Stuart David abandonará Belle And Sebastian para dedicarse a su propia banda, Looper.

En 2001 Belle and Sebastian sorprenden con dos buenos EP’s, “Jonathan David” y “I’m Waking Up to Us”, y se encargan además de la banda sonora de la película de Todd Solondz “Storytelling” (estrenada en España con el título de “Cosas que no se olvidan”); será un año muy agitado en el que se embarcan en una gira interminable por Estados Unidos y Canadá, en mitad de la cual Isobel Campbell decide abandonar el barco para comenzar su carrera en solitario.

En 2003 deciden cambiar de discográfica y retomar la senda perdida con un nuevo trabajo, “Dear Catastrophe Waitress”, que será muy bien acogido por la crítica y que cuenta con su single más exitoso hasta la fecha, “I’m a Cuckoo”, a pesar de ello ya nunca volverán a alcanzar el nivel de “If You’re Feeling Sinister”. En 2006 vio la luz “The Life Pursuit” y en 2010 “Write About Love”. También hay que destacar la publicación de dos recopilatorios de EP’s, rarezas, caras B y demos: “Push Barman To Open Old Wounds”, un disco editado en 2005, y “The Third Eye Centre” publicado en agosto de 2013.

Belle And Sebastian – If You’re Feeling Sinister (05:17). Voces de niños jugando abren la canción que da título al disco. Luego una guitarra y un piano dibujan una melodía sobre la que de nuevo Murdoch nos cuenta una historia o muchas de personas buscando su lugar en un mundo agridulce, buscando un sentido en un mundo que a veces, muchas veces, es absurdo.

Pocas veces en la vida se tiene la oportunidad de escuchar un disco tan redondo como “If You’re Feeling Sinister”, uno de esos discos que cuando se descubre provoca que las cosas se replanteen: una auténtica medicina para escépticos del pop y arma arrojadiza de cortante filo para mentes llenas de prejuicios musicales.

Hace diecisiete años, cuando se publicó este disco, el tono menor, la intimidad y la delicadeza en el pop eran un riesgo. Y así lo entendió una legión de fans que estaban faltos de estos estímulos en aquella época. Hoy, esos mismos valores son ya convencionales, una marca, algo establecido en la música del XXI; pero no por ello dejan de ser agradables y acogedores. Al menos, en su tierra, en Escocia, tierra de magníficos grupos de música, se les reconoce: Belle And Sebastian es considerada la mejor banda de todos los tiempos según una encuesta de Radio 1, por encima de grupos tan emblemáticos como The Jesus And Mary Chain, Primal Scream, Teenage Fanclub, Travis o Simple Minds.

Tal vez Belle & Sebastian han perdido algo de calidez y candidez en esta evolución hacia una densidad de arreglos e instrumentación, asumiendo un sonido más profesional, y abandonando en parte ese sano ideario amateur y do it yourself que ha dado vida a los mejores grupos de indie pop de la historia, y que tan bien lucieron en sus comienzos. Han ganado en luz y pegajosidad –sus himnos lo son más que nunca–, pero a costa de perder poso melancólico y cierta delicadeza.

Pero en la música indie siempre habrá un hueco para un grupo que llenó el universo de texturas de sensibilidad verdadera, melancolía a rachas, bordados con vientos que parecen nubes, con canciones que deslumbran y emocionan llenas de melancolía pop que nuestros tímpanos pedían a gritos. Alguien dijo que Belle And Sebastian no hacen música para escuchar, sólo hacen música para recordar.

 

Una semana después, a la abuela, ya completamente recuperada, le dieron el alta. En la casa todos la recibieron con alegría y jolgorio. Indiego la acompañó a su habitación y notó cómo la abuela puso cara de alivio cuando miró hacia la estantería y vio el cofre en el mismo lugar donde lo había dejado antes de enfermar. No sabía la vieja que unas fotocopias de sus diarios estaban guardadas en la maleta de Indiego. Y nadie sabía ni podía saber las puertas que empezaron a abrirse desde entonces.

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