Viaje 32

Todavía consciente pulsa el play del aparato de música. Lleva escuchando el mismo disco toda la semana. Lleva fumando así toda la semana. Sobre la mesa, la carátula del disco parece una ironía: una vela encendida. Cuando comienza a sonar aquella guitarra y aquella dulce voz recita una letanía, Indiego se recuesta en la cama como si no existiera nada más que el ruido, como si solo en el ruido pudiera ser feliz.

 

 

Aunque los punks decían que el año cero de la música era 1976 por haber matado al rock, en Nueva York, a finales de los setenta surgió un movimiento que sí pretendió acabar con la música rock tal y como se conocía. En el Nueva York de 1979, un puñado de grupos de nombre marciano (DNA, Mars, James Chance & The Contortions, Teenage Jesus & The Jerks) representaron una verdadera herejía, un ultrajante desaire a la tradición rock. Para ellos, los punks de los Sex Pistols o Ramones tenían raíces en el rock; los grupos punk de la primera hornada podían ser más acelerados, más autosuficientes; pero, al fin y el cabo, el mismo sonido. Y no hay nada malo en ello. Sólo que pone en tela de juicio la verisimilitud de su rechazo a la tradición.

La No Wave neoyorquina, que así es como se denominó esta corriente, sí es una ruptura. Para algunos, éste es el verdadero punk. Para empezar, sus influencias: el free jazz de Albert Ayler, la experimentación de La Monte Young, el blues desmoronado de Captain Beefheart, el ambientalismo incómodo de Can o Faust. De los grupos recientes, sólo parecían aceptar a Stooges, Voidoids y, muy especialmente, a Suicide. El dúo neoyorquino de electrónica rockabíllica, con su look futurista, actitud de “No queremos entretener a la gente”, desprecio por las convenciones del rock y sonido amenazante serían considerados, con razón, los padrinos de la No Wave.La No Wave era un movimiento sin mandamientos: sus cohesiones eran la amistad, la colaboración mutua y el entorno urbano, pero también un nihilismo, rechazo a pasado/futuro, voluntad autodestructiva y completo desinterés en el “éxito” que se antojaban honestos

El recopilatorio “No New York” de 1979, recopilado por Brian Eno, pondría a algunos de aquellos extremistas en el mapa. Tanto DNA (el trío de Arto Lindsay) como Mars reestructuraron la canción pop, ignorando acordes, dejando el esqueleto o inundándolo de ruido. Los Contortions de James Chance mezclaban James Brown y free jazz con tupés en crecimiento y aullidos acuchillantes. ¿Y Teenage Jesus & The Jerks? La temática torturada, imagen criminal y sonido nuclear del grupo de Lydia Lunch no eran precisamente para bailar. Y había más grupos que quedaron fuera de este recopilatorio: las fenomenales UT, ni un sólo acorde convencional. Las tribales punk-funkeras Bush Tetras. Los breves Theoretical Girls, de donde emergería el experimentalista Glenn Branca. Y de los coletazos finales de este breve movimiento nació una de las bandas fundamentales del sonido alternativo: Sonic Youth.

Thurston Moore partió de Conneticut para la Gran Manzana a los dieciocho años. Su primera aventura musical la vivió junto a la banda de punk Even Worse. Al igual que Lee Ranaldo, que venía de Long Island, había marchado al Soho neoyorquino atraído por los primeros trabajos de Television o Talking Heads. Lo que se encontraron al llegar a Nueva York era mucho más abrasivo. Enseguida vieron un mundo de posibilidades al descubrir las guitarras monolíticas y disonantes de los grupos y artistas de la No Wave, especialmente con Glenn Branca, con quien ambos tocaron. Ellos dos, junto a la novia de Moore, Kim Gordon, formaron Sonic Youth en 1981. En verano del año 1981 el grupo, completado por la teclista Ann DeMarnis y el batería Richard Edson actuó en vivo en el “Noise Festival”. Un año después publicaron en el sello de Branca, Natural Records, el Ep “Sonic Youth” (1982), un disco en el que ya no aparecía DeMarnis, quien terminó dejando la banda poco después de su formación. En 1983, y ahora con Bob Bert en la batería, apareció su primer Lp, “Confusion Is Sex”, visceral y catártico catálogo de canciones de cariz punk y experimental. Al mismo tiempo editaron un Ep titulado “Kill yr. Idols”, disco en donde incidían en este primer caótico, estridente, oscuro y lijoso sonido y en su concepción nihilista de la música. En 1984 la pareja Thurston Moore y Kim Gordon contrajo matrimonio.

En 1985 publicaron su segundo LP de título “Bad Moon Rising”. Publicado en Blast First, el disco redundaba en el noise-rock, en infringir las claves básicas de la ordenación pop y en la complejidad vanguardista para desarrollar fascinantes panoramas sónicos.

Para la grabación en SST de “Evol” (1986), Lee, Thurston y Kim, quienes contaron con la ayuda en la producción de Martin Bisi, volvieron a cambiar de batería, incorporándose a las baquetas Steve Shelley tras la marcha de Bert para formar Bewitched. La formación definitiva del grupo se había conseguido y eso se tradujo en que en este disco “Evol” establecieron un canon propio de noise-rock con atmósferas insanas, altamente influyente en el emergente rock alternativo americano de aquellos años. Su sonido comenzó a vislumbrar un enfoque mayor en su utilización poco convencional de la melodía, proporcionando mayor consistencia a sus atractivos experimentos pop, haciendo del caos, el feedback, la disonancia, la atonalidad y la estridencia, belleza e insinuación. Esa dirección se desarrolló en su siguiente disco “Sister” de 1987. Con él consolidaron su puesto de estrellas en el college rock y en circuitos independientes. Los temas son más convencionales sin perder originalidad ni energía y de duración más exigua.

Sin embargo, lo mejor estaba por llegar: en 1988 Sonic Youth publicaron el epítome de su noise-rock experimental, el compendio de toda su propuesta musical, artística y filosófica. Habían logrado construir uno de los discos fundamentales para la música independiente y alternativa. Su título, “Daydream Nation”.

Sonic Youth – Teen Age Riot (06:58). Casi siete minutos de una obra maestra en eso de coser y bordar ruidos para confeccionar belleza y dulzura. La canción comienza con acordes suaves de guitarra y la voz enigmática de Kim Gordon susurrando versos, casi como si fuera una nana satánica, atropellándose a sí misma mientras las guitarras, siempre afinadas a la peculiar manera del grupo (o sea, desafinadas para cualquier oído clásico) crean un paisaje hipnótico y a la vez desolado, sexual a la vez que infantil, onírico. Tras un minuto y veinte segundos, la canción se rompe y empieza de nuevo con la voz de Moore y las guitarras haciendo ruido, construyendo la canción que guió los pasos de muchas bandas empeñadas en hacer del pop ruidoso un estilo definido, el sonido de la nueva América. Como curiosidad decir que esta canción llegó a ser número 20 en el Billboard.

Publicado en Enigma Récords, el álbum contiene dispares tejidos sonoros con travesías hipnóticas repletas de inventiva que influyeron a una importante cantidad de bandas y solistas independientes. “Daydream Nation” es para muchos el mejor disco de todos los de Sonic Youth y una obra maestra en la cual la banda nos presenta 12 canciones en las que intenta algo diferente y novedoso en cada una de ellas. Casi todas las críticas musicales lo ubican cerca de lo perfecto, pero no es un disco fácil de digerir, ya que su sonido todavía exige mucho del oyente.

Daydream Nation representa una conversión en el estilo de música del grupo, desde sus raíces Noise-rock hacia una sutil combinación de experimentación con guitarra y rock alternativo. Así se dispusieron a profundizar los caminos abiertos por los anteriores dos discos (“EVOL” y “Sister”). El resultado fue una obra maestra de post-punk que representaría un aire fresco, teniendo en cuenta los dominantes sonidos de la época como el pop comercial y el insoportable hair metal que copaban la creciente señal MTV y la mayoría de las radios. El cuarteto neoyorquino prefiere orientarse hacia un sonido lo más sucio y estridente posible, un sonido revolucionario, explosiones sonoras, estructuras imposibles y textos tan impredecibles como su sonido, ubicándose claramente en las antípodas de la escena musical de la época, desmarcándose algo del noise rock y experimentando con un pop rabioso y atormentado, logrando una sutil combinación de experimentación con guitarra y el rock tradicional.

Como nunca antes en un disco del grupo sus miembros principales brillan en forma bastante pareja. Thurston Moore, aporta guitarra y las melodías más pegadizas del álbum. Lee Ranaldo aporta guitarra, oscuridad y los momentos más confusos de “Daydream Nation”. No menos genial es la participación de Kim Gordon, una de los personajes femeninos más interesantes en la historia del rock, dándole voz y toda su energía a varios temas del disco.

Surrealista y exacerbado, al mismo tiempo también mordaz y realista, repleto de convulsa belleza, “Daydream Nation” fue el último trabajo de la banda con un sello independiente. El productor, Nick Sansano, llevó al batería Steve Shelley, a la bajista Kim Gordon y a los guitarristas Thuston Moore y Lee Ranaldo, a un nuevo nivel de reconocimiento como estudiosos del rock del pasado y proveedores de un nuevo inicio musical.

Innumerables artistas se declararon admiradores de Sonic Youth, y particularmente de este disco, que significó el momento justo de madurez del grupo, empleando el ruido y el caos como vehículo para dar rienda suelta a toda su creatividad pero incorporando conceptos más roqueros que resultaron impactantes y que determinarían su sonido de aquí en adelante. Crudeza, potencia y distorsión no apta para oídos exclusivamente académicos.

Fue un éxito en un gran número de publicaciones, incluyendo Rolling Stone, Spin Magazine, y Pitchfork Media lo galardonó como el mejor álbum de los años 80. Consecuentemente, es considerado como un hito en la historia de la música alternativa. Sin embargo, las ventas iniciales fueron pobres, en parte porque Enigma Records, discográfica de Sonic Youth, quebró poco después del lanzamiento del disco.

Extensa y vigorosa, enérgica y compleja, la música comprimida en este disco refina una búsqueda primigenia que había comenzado en el mundo underground neoyorquino de los 80, donde se cruzaron arte y punk, y que había sufrido experimentaciones a través del minimalismo y el hardcore. Conforme se avanza en su carrera hasta llegar a este disco, se puede detectar cómo el grupo se encaminó de manera natural hacia su apuesta definitiva, el trabajo por el que deberían ser recordados como la banda que introdujo al gran público en nociones como las sintonizaciones alternas o el collage de ruido.

Sonic Youth – Silver Rocket (03:47). Si Thurston Moore y Lee Ranaldo fundaron Sonic Youth como homenaje a la guitarra eléctrica, despreciando los roles de la guitarra principal y la rítmica en favor del ruido y más ruido, aquí consiguen ser una bestia de dos cabezas, atravesando riffs en afinación abierta y lanzando una tempestad informe de feedbacks en lugar de un solo. Es considerada una de las mejores canciones por su uso radical y novedoso de la guitarra eleéctrica.

Sonic Youth ha sido una de las bandas de rock alternativo más legendarias de la historia: está considerada uno de los grandes ejes sobre los que se edificó el rock alternativo y el indie rock de los 90s. Desde un principio el objetivo de la banda fue el de romper con los cánones del rock: su sonido introducía conceptos como la disonancia, el feedback y las afinaciones alternativas, que redefinieron el rock de guitarras. Su trilogía de lanzamientos de finales de los ochenta, “EVOL” (1986), “Sister” (1987) y sobre todo “Daydream Nation” (1988), definió las señas de identidad del sonido del grupo; experimentación con las estructuras de las canciones pop, la disonancia y la atonalidad. Estos tres discos están considerados como tres de las obras capitales del noise-rock y de la música alternativa.

El mismo año de publicación de “Daydream Nation”, Sonic Youth formaron un grupo paralelo de corta duración al que llamaron Ciccone Youth, formado con J. Mascis (Dinosaur Jr.) y Mike Watt (Minutemen) para establecer un tributo a la cultura pop en general y en particular a Madonna; después de grabar el Lp “Whitey album” el proyecto se disolvió.

En 1990 lograron firmar con un sello más importante, Geffen, hecho que fue visto con recelo por sus fans de antaño. “Goo” (1990), co-producido por Nick Sansano y Ron Saint Germain, ofreció un sonido más comercial y mayor rendición melódica sin perder sus singularidades. En 1992 publicaron el disco “Dirty”; fue producido junto a Butch Vig, quien hizo un sensacional trabajo para intentar llevar el sonido de Sonic Youth a las radiofórmulas sin traicionar su identidad independiente y su crujiente apariencia sónica.

“Experimental Jet Set, Trash and No Star” (1994), de nuevo con Butch Vig, fue un disco muy infravalorado por la crítica por alejarlos un tanto de su clásico sonido y abrazar posturas más pop, resultando un más que notable trabajo en donde su madurez y experiencia les hace explorar nuevos campos. Es sin embargo, el disco más vendido de su carrera.

En 1995, publican “Washing Machine”, co-producido por John Siket, disco en el que volvieron a sus parajes más experimentales con fascinantes guitarras y alucinógenos desarrollos. Después de colaborar con Jim O’Rourke grabando discos experimentales para sus fans más complacientes en su propio sello, STYR, Sonic Youth publicaron “A Thousand Leaves” (1998); este disco evoca de nuevo su magnificencia en la vanguardia, la experimentación y la creación de absorbentes atmósferas. El fin de siglo fue despedido por Sonic Youth con “Goodbye, 20Th Century” (1999), un trabajo muy irregular.

Con “NYC Ghost & Flowers” (2000) volvieron a mostrar reverencia a la generación beat, con Ginsberg y William Burroughs en primer término, en un recorrido irregular con material de escasa trascendencia, bastante autocomplaciente y pretencioso sin ser consumado. El 11-S supuso un duro golpe para la banda, su estudio estaba situado en la misma zona cero del desastre, y el admirable Murray Street (2002) fue su propio homenaje de respuesta; este disco mejoró de manera considerable la calidad de las composiciones de su predecesor, convirtiendo en belleza la improvisación, el ruido y la experimentación, como así también consiguen en “Sonic Nurse” (2004). Más tarde, en 2006, apareció “Rather Ripped” (2006). En 2009 publicaron el que es hasta la fecha el último álbum de la banda; su título, “The Eternal”.

En septiembre de 2011 anunciaron su retirada tras el divorcio de la pareja Thurston Moore y Kim Gordon. Pocas bandas han aunado como ellos compromiso artístico y empuje comercial, pocas han sido tan (y tan mal) imitadas, pocas han regado tanto y tan bien su pedacito de terreno musical, a favor del viento de las tendencias y contra él. Su muerte, junto con la de REM, ha sido casi un epitafio para el rock y el punk universitario de los 80.

Sonic Youth – Eric’s Trip (03:48). Sonidos surrealistas que acompañan a una perfecta parte vocal que a su vez pergeña letras surrealistas que intentan describir el viaje de Eric a través de ruido y melodía. ¿Raro? No, diferente.

Cuando Sonic Youth nacieron, la música era un potente catalizador social y un negociazo. Ahora, la noticia de su posible fallecimiento como banda ha pasado desapercibida a pesar de que puede ser considerada como la banda de rock más trascendental de los últimos 30 años. Su carrera fue un escándalo de creatividad, productividad y control de su carrera. Ellos convirtieron el ruidismo underground en pop.

Si hubiera que resumir toda la escena del rock underground americano de los ochenta con una sola banda, la respuesta sería bastante sencilla: Sonic Youth. La carrera de este grupo es tan sólida y llena de puntos altos, que varios de sus discos podrían entrar en cualquier selección de mejores de la historia. Su manera de canalizar el ruido y la distorsión en infinidad de formas ha sido única en sus treinta años desde su nacimiento, gracias a una escalada continua que les llevó a ser los nuevos Mesías del rock independiente. Un hecho que ha quedado grabado en la discografía más regular, coherente y regeneradora de la historia del rock.

El cuarteto neoyorquino es importante en la historia del rock porque desde mediados de los ochenta pueden ser considerados como los portaestandartes no solo del rock independiente, sino de una cultura “indie” que traspasa el mundo de la música para convertirse en una filosofía de vida y una forma de ver el mundo. Se los considera como los abanderados de la música independiente porque antes de que la música independiente fuera un subgénero publicitado, ellos sobrevivieron en una época donde ser un artista independiente era realmente no tener nada que ver con las discográficas y pasar de todo lo que pudiese ser medianamente comercial, hacer las carátulas de los discos por cuenta propia, dibujar y distribuir los discos de forma independiente y no tener ningún acceso a los medios masivos.

Surgidos en plena época no wave neoyorquina, el influyente grupo Sonic Youth, los padrinos de la música alternativa, incidió en la actitud independiente, en un enfoque revolucionario a nivel sónico y en un aspecto experimental, vanguardista, de la estructura rock sin despojarse de su esencia, prevaleciendo sobre la melodía un heterodoxo trabajo en texturas y atmósferas con tendencias noise, jazz y disposiciones rugosas, afiladas y áridas a nivel instrumental.

Sus influencias tanto se encuentran en la Velvet Underground como en los Stooges, Television, Neil Young, Wire, Ornette Coleman, Mission of Burma, James Chance & The Contortions, Rhys Chatham, Ramones o Glenn Branca.

El rock contemporáneo le debe lo que hoy día es a este grupo. Semejante aseveración no es gratuita ni la típica etiqueta inventada por la crítica especializada. Tiene el valor de que la suscriben sin reparos casi todas las bandas que se han formado entre finales de los ochenta y lo que va de década, tanto españolas como extranjeras. A partir de ellos, se explica buena parte de la música alternativa de los últimos 30 años: Nirvana, My Bloody Valentine, The Smashing Pumpkins, Yo La Tengo, The Flaming Lips, Radiohead, Pavement… la lista de grupos que reconocen su influencia y maestría se puede hacer casi eterna. En España su influencia fue vital para el surgimiento del sonido indie con bandas como Penélope Trip o El Inquilino Comunista.

Sonic Youth – Hey Joni (04:23). Ahora es Lee Ranaldo quien canta sobre el ruido. De nuevo letras enigmáticas que parecen no tener sentido sobre una base punk-rock, otra gran canción que parece querer conectar la locura chic de Velvet Underground y la tortura sonora de Pavement.

La de Sonic Youth es la historia del inconformismo, la metáfora perfecta de Peter Pan representada por Thurston Moore, Kim Gordon y Lee Renaldo, convertidos en padrinos de todo lo alternativo, pero también de unos genios a quienes siempre se les ha exigido el máximo de sus posibilidades.

En sus 30 años de carrera demostraron el significado de alternativo: su irrupción dio origen a todo un movimiento musical independiente en contraposición del rock más establecido. Se ha dicho de ellos que su música se entenderá mejor cuando pasen muchos años, como sucedió con The Velvet Underground.

En 1981, fecha oficial de su aparición pública, el rock neoyorquino que hasta entonces se había considerado vanguardista, languidecía o era definitivamente asimilado, y en el viejo continente la revolución punki empezaba a declinar en favor del travestismo nuevorromántico, posmoderno y techno, así que los primeros discos del cuarteto parecían un espejismo esperanzador. En 1988 Daydream Nation les colocó en lo más alto.

Daydream Nation es el símbolo de lo que para mucha gente debe ser el rock. Un viaje liberado de virtuosismos y épicas buscadas, bonito y feo, salvaje y tierno, vanguardista y trasgresor. Al escucharlo queda patente el compenetrado trabajo de banda que hay detrás y la democracia que lidera este caos, no sólo por el hecho de que el papel vocal se alterne. En definitiva, Daydream Nation es la forma artística de encarar el rock y como tal, toda una fuente de inspiración para el indie a la que ellos mismos han restado importancia con su ingente obra posterior en algunos casos a la altura.

Intensidad guitarrera y también momentos de desorden musical y desesperación. Así eran estos estadounidenses: ruidosos y emocionantes. A ratos excitantes, brillantes, profundos, intensos y melódicos. A ratos ásperos, caóticos, reiterativos y cansinos. Quizá ahí resida el genio de Sonic Youth: en la contradicción. O no.

 

 

Cuando Indiego regresó del viaje un apestoso olor llenaba su habitación. Fue hacia el baño y se vio con los mismos ojos del abuelo. Estaba más flaco que nunca. Llevaba un mes entregado al ruido, donde nada más importaba salvo él, donde era feliz, donde había placer, quizá fugaz, pero placer al fin y al cabo. Pero tenía que dejarlo. Notaba como le pesaban los párpados, las pestañas, las uñas, los labios y los dientes. Tenía que dejarlo, pero mejor mañana. Volvió a la habitación y pulsó el play del equipo. Ruido, dulce ruido.

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