Viaje 5

Esa misma tarde, tras el almuerzo, Indiego les dijo a los abuelos que no se sentía muy bien y que se iba a encerrar en su cuarto a descansar. Pasó las llaves y sacó el Cd de la caja. En la portada una mujer que bien podría ser hombre mira desafiante a la cámara con una chaqueta sobre el hombro izquierdo. Colocó el Cd en su discman y se puso los auriculares. Bebió dos o tres tragos del brebaje de Carmela y pulsó el botón de Play. El silbido del disco girando lo distrajo ligeramente, pero enseguida los sencillos acordes de un piano lo atrajeron… Cuando una voz ambigua pronunció “Jesus died for somebody’s sins but not mine” ya Indiego viajaba rumbo a una suciedad hermosa.

 

Nueva York, 1975. Año Internacional de la Mujer. Una muchacha desgarbada y de aspecto andrógino va a cambiar el mundo del rock para siempre. Su nombre, Patti Smith.

Patricia Lee Smith nació en Chicago, Estados Unidos, el último día de 1946, hija de una cantante de jazz, Testigo de Jehová, y un obrero de la multinacional Honeywell. Pasó su infancia en el sur de Nueva Jersey Extraños paisajes pantanosos y granjas porcinas, además de una fuerte educación religiosa, contribuyeron a su alienación. Patti comenzó a trabajar en una fábrica tras graduarse en 1964 debido a las dificultades económicas que atravesaba la familia. Sin embargo, su mente no estaba hecha para jornadas intensivas en fábricas. Intentó estudiar en la Universidad, pero tampoco encontró suficiente motivación, y en 1967 se trasladó a Nueva York. Dos años después se trasladó con su hermana a París, donde fue artista callejera, pero ya en 1970 regresó de nuevo a Nueva York, ciudad que iba a ser testigo de los prodigios de su poesía.

Poco a poco fue mezclando sus principales pasiones: la poesía y el rock, y fue construyendo un modo propio y original de decir las cosas. Decanta­da inicialmente hacia la literatura, pronto incorporó al guitarrista Lenny Kaye a sus recitales poéticos, y finalmente puso en marcha el Patti Smith Group. Por aquel entonces sólo existían divas o diosas del rock, y entonces apareció Patti Smith. Era an­drógina, no tenía pelos en la lengua y obviamente poseía cul­tura. Su irrup­ción en la escena rock significó un cambio importante para muchas mujeres que la tomaron como referente, y todo ello con su primer álbum: Horses. A partir de ese momento fue apodada “la madrina del punk” y aportó un punto de vista feminista e intelectual a la música punk, convirtiéndose en una de las artistas más influyentes de la música rock, integrándola con un estilo de poesía beat. Sus letras introdujeron la poesía francesa del siglo XIX a la juventud norteamericana, mientras que su imagen andrógina y poco femenina desafió a la era de la música disco. Ella porta la corona de musa del punk, pero su expresividad nada tiene de desperdicio. El punk neoyorquino no sólo fue propiciado por la frustración metropolitana que ocasionan la falta de horizontes laborales o los apartamentos compartidos; en el punk neoyorquino también contaba el desasosiego existencial, el desarraigo social, la rabia metódica propia de la juventud, el arte y retazos de poética personal, y todo eso lo conjuga en su música Patti Smith.

Patti Smith – Gloria (5:58)

Patti supo dotar a sus interpretaciones de un carácter mar­cadamente personal, hasta el punto de ofrecer una visión de la música tan intensa como indiscutiblemente femenina, a la que no es ajena una vertiente mística presente desde la primera fra­se de la versión de «Gloria» (un clásico de Van Morrison, grabado con su banda Them en 1964) que abre Horses (1975), su primer disco: «Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos». Al identificar el rock como una experiencia religiosa, completada con la noción de éxtasis (particularmente en sus in­terpretaciones en directo), Patti Smith articuló el poder del rock con mayor elocuencia y autoridad que ningún hombre ante­riormente.

En Horses, Patti potencia una imagen andrógina que pone de ma­nifiesto su menosprecio por las distinciones de género: desde la fotografía de portada de su primer disco, una instantánea en blanco y negro en la que aparece ves­tida con ropa masculina y no oculta el vello de su labio supe­rior (que la compañía discográfica insistió en eliminar, sin éxito), hasta en sus letras. En una ocasión, recordaría un momento trascendental de su infancia: «Cuando era pequeña, yo quería ser chico. No es que quisiera ser chico, sino que nadie me había dicho que era niña. Fue una época maravillosa, trepaba por los árboles, era muy atlética… No me avergonzaba mi cuerpo. Mi infancia fue como un paraíso. De pronto, cuando tenía doce o trece años, mi madre dijo: “ponte algo, tápate. Pronto serás una mujer”. No lo comprendía. ¿Es que ser mujer era avergonzarte de tu cuerpo? No lo entendí, me había educado de forma salvaje, éramos como animalitos, y el cambio fue algo para lo que no estaba preparada». De hecho, nunca ocultó sus preferencias por los artistas masculinos, de Brian Jones y Keith Richards a los poetas simbolistas franceses Baudelaire y Rimbaud, y pese a haberse convertido en un modelo para decenas de mujeres que posteriormente han tratado de abrirse camino en la industria del rock, siempre se sintió extraña en una escena en la que se reconocía como una intrusa: «El rock’n’roll es para los hombres. Yo quiero ver a un hom­bre ahí arriba. Quiero ver sus músculos, sus venas. No un par de tetas botando detrás de un bajo».

Patti Smith – Redondo Beach (3:27)

El tema que inmediatamente sigue a “Gloria”, con titulo Redondo Beach, fue publicado también como poema en su libro “Kodak” de 1972. Esta canción es erróneamente interpretada como un cuento que trata de una lesbiana que se suicida tras una pelea con su novia en una playa muy popular entre gays y lesbianas de Los Ángeles. Pero en realidad trata sobre Linda, la hermana de Patti; es una morbosa fantasía que pasea de la mano del remordimiento: Patti y Linda compartían habitación en el Chelsea Hotel de Nueva York y tras una pelea, Linda desapareció, causándole a Patti una terrible angustia. Escrita en 1971 y tras varios años en un cajón, estos versos se rescataron para darles un fondo reggae incongruentemente alegre a pesar de su historia.

Además del género y el sexo, Patti habla en sus letras de la pobreza y de otros asuntos de temática social, influida sin duda por lo vivido durante su infancia, en la que siempre su familia estuvo asomada al abismo de la pobreza, a pesar de que sus padres trabajaban, su padre en una fábrica y su madre de camarera. En una entrevista comentó: “Tuve una infancia muy feliz – mis hermanos eran geniales, mi madre era muy fantasiosa y a mi me encantaba leer. Pero siempre teníamos problemas económicos. Mis padres tuvieron 3 hijos justo tras la 2º Guerra Mundial y por desgracia bien mis hermanos o yo, alguno siempre estaba enfermo. Y mi cuarto hermano nació con graves problemas de asma y las facturas médicas aumentaban. Mis padres no tuvieron más remedio que luchar y luchar.

Patti Smith – Free Money (3:52)

La cuarta canción de Horses habla precisamente de crecer en pobreza. Es una canción que Patti dedica a su madre, quien siempre soñaba con ganar la lotería, aunque nunca comprara un cupón, pero le gustaba imaginar que haría si eso pasara.

En los 70 grandes voces de la música se apagaron. Dylan tuvo un accidente de moto y se retiró. Hendrix y Morrison habían muerto y los nuevos artistas parecía que salieran de una cadena de montaje de las factorías de Hollywood, todos ellos consumidos por el materialismo. Y en eso llegó Patti Smith con Horses: de la mano del productor John Cale, Smith realizó un trabajo tan hipnóticamente rudo y dolorosamente personal que su impacto no ha disminuido en 30 años. El álbum es una auténtica obra de arte de principio a fin, empezando por el retrato de Smith en la cubierta, de una exquisita honestidad, firmado por Robert Mapplethorpe. Horses fue ensalzado por los críticos y gozó de un moderado éxito comercial, y lo que es más importante: estableció a Smith como una poetisa bohemia que se convirtió en una fuerza motora protopunk. Ella consiguió ser un personaje agitador, responsable de una obra cruda y de alta intensidad, muy influyente no sólo en la escena rockera contemporánea sino en clave de género. Influida por la poesía simbolista francesa y la beat generation, pero también por el rock de garaje, Smith precedió al estallido punk y se convirtió en una de sus ideólogas ilustradas.

Patti Smith – Break it Up (4:04)

Con Break it Up, canción co-escrita junto a Tom Verlaine, quieren homenajear a esas voces que ya no pueden cantar. Describen un sueño en el que “Jim Morrison, atado como Prometeo, se libera de repente”. En directo Patti solía golpearse su pecho mientras cantaba “Ice, it was shining / I could feel my heart, it was melting”. (Hielo, cómo brillaba, podía sentir mi corazón, se estaba derritiendo)

Patti, que al recordar su adolescencia se describe a si misma como un bicho raro, que se siente extraño allá a donde vaya, con Horses intenta inspirar y dar un respiro a todos aquellos jóvenes que como ella sienten que no pertenece a ninguna parte. Logró su objetivo a ambos lados del Atlántico: en Gran Bretaña, donde influyó a geniales bandas como The Clash o The Smiths, y en Estados Unidos, donde bandas como Talking Heads, Blondie o R.E.M. han confesado estar en deuda con su influencia. Patti consiguió con Horses que el rock sonara poderoso y frágil a la vez, contundente y lírico a un tiempo. Horses presenta la vertiente más pura del arte urbano. Alguien dijo de él: “Nace de la suciedad, sí, pero es hermoso. Y purga el alma”.

 

Todo el mundo quedó extrañado y nadie encontraba explicación, pero tras ese día Indiego congenió con su prima. Iban y venían por la casa, juntos, hablando de sus cosas, en inglés, por supuesto. A veces, hasta reían. Lo que nadie sabía es lo que hacían los dos encerrados en el desván todas las tardes de aquellos días que acababan con agosto. Eso sí, que nadie vaya a pensar mal, no hacían nada malo. Si alguien hubiera mirado por el ojo de la cerradura tal vez hubiera visto a Mandy con un uniforme apolillado que había pertenecido al abuelo. A Indiego, sin embargo, se le veía con un salto de cama rosa que había sido de su abuela. En una esquina del desván, abandonado, un santo miraba hacia el techo. Afuera, detrás de la casa, tres cerdos hozaban el suelo de su pocilga.

diciembre 2018
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