Viaje 7

Iba tan anestesiado con la cantidad de porros que había fumado con Josito que ni siquiera pensó en tomarse un Prozac. Con dificultades le quitó el plástico al CD y lo abrió: el olor a pegamento y a papel nuevo se le posó en la nariz. Luego rescató de la mesilla el discman. Colocó en su interior el CD, se puso los auriculares y pulsó el play mientras se recostaba. Un tambor marcial empezó a sonar. Una guitarra ruidosa intentaba dibujar una melodía. Empezó a viajar con la sensación de meterse en un mundo dulce y áspero a la vez.

El ruido puede ser bello. Dentro del ruido puede haber melodía siempre que abras bien los oídos y la mente. Con tales fundamentos, en la gris Escocia de principios de los años 80, los hermanos Jim y William Reid comenzaron la carrera de uno de los grupos fundamentales de la música alternativa que posee uno de los nombres más sugestivos y enigmáticos del rock: The Jesus And Mary Chain (la cadena de Jesús y María).

Formados a comienzos de la década de los 80, no es hasta 1984 que se dan a conocer entre el público: “Upside Down”, inclemente losa de feedback y batería neandertal, deja a todo el mundo con la boca abierta. Es su primer single y la primera prueba de que entre el ruido y la distorsión hay cabida para la melodía. También comenzaron a ser conocidos por su original forma de actuar en directo: sin tener en cuenta a los asistentes (tocaban de espaldas al público y se negaban a hablarles), sus conciertos no solían durar más de 10 minutos y que consistían en una tempestad constante de distorsión y ecos; algunas actuaciones culminaban con los Reid destrozando su equipo, que normalmente seguía con el alboroto del público.

Ruido. Distorsión. Melodía. E imagen: ropas negras, pelos cardados, actitud indolente cuando no agresiva.

Con todo eso, llega 1985 y el disco que nos ocupa: PSYCHOCANDY. La palabra ruido y el sonido que genera la distorsión son lo que define Psychocandy. En el álbum encontramos a los hermanos Jim y William Reid azotando sus guitarras en oleadas de efectos una tras otra; acompañando el monótono bajo de Douglas Hart y la primitiva batería de Bobby Gillespie, construyeron una dura, borrosa y descolorida pared de sonido con tradicionales “malos” los tonos de grabación. Aunque no es un disco lo-fi (de baja fidelidad), sí que fue una de las primeras salidas musicales que utilizaban deliberadamente la grabación con ausencia de fidelidad cambiando así el tono de los instrumentos conocidos. Las guitarras  sisean como una radio sin sintonizar, el bajo es a menudo sólo vibraciones amortiguadas y el sonido de la batería que es áspero y metálico se mezcla ahogado y lejano.

The Jesus and Mary Chain – Just like Honey (3:04)

Probablemente esta sea la canción más popular de The Jesus And Mary Chain. Es una canción que define el género rock “noise”. Hay un ritmo de batería suave y un muro de sonido con fondo de guitarras. La lírica es un poco oscura, pero el estribillo es muy agradable, y probablemente la parte más poppy del álbum.

Psychocandy es un álbum de pop clásico, pero enterrado bajo capas de distorsión difusa. La sensibilidad pop de los Reid es impecable: no hay una sola canción en este, su primer álbum, que no sea conmovedoramente melódica, que no sea inmediatamente memorable. No tardaría mucho en que el éxito les sobrepasara: Psychocandy fue esencialmente el proyecto sobre el cual se construyó el movimiento shoegaze. Bandas muy influenciadas por este disco son entre muchas otras: Yo La Tengo, The Raveonettes, The Legends, y Crocodiles, que han trabajado diligentemente para recrear ese sonido Psychocandy.

El disco se convirtió en monumento musical y con razón. Es como uno de esos discos pop perfectos: 14 canciones, 38 minutos sin desperdicio. Es instantáneamente adorable e infinitamente gratificante. Vienes por el ruido, te quedas por las canciones. El álbum de debut de Mary Chain transpira genialidad. Unánimemente halagado por la prensa mundial, se le señala ahora como uno de los mejores primeros álbumes de la historia.

Los hermanos Reid lograron en Psychocandy lo impensable: fundir el estilo pop soleado de los Beach Boys con el brutal sonido empapado de feedback de la Velvet Underground, los muros melódicos de sonido de Phil Spector con el ruido y la distorsión de The Stooges. Con un fuerte sentido de la melodía (al límite del glamrock alegre), los hermanos Reid crearon devastadores himnos generacionales. Su sonido, lúgubre y desgarrador, es la experiencia extrema del gótico y la psicodelia.

The Jesus and Mary Chain – Some Candy Talking (3:15)

Hermosa canción compuesta por los hermanos Reid. El tema originalmente pertenece a un EP que se publicó en formato 7” y 12” en 1986, poco después de la publicación de la primera edición de Psychocandy. Tras la reedición en CD en agosto de 1986, el bonus track (pista adicional) “Some Candy Talking”, fue incluida en el álbum, pero sólo en la edición de 1986 de Blanco y Negro Records de Reino Unido. En las ediciones americanas de Psycochandy fue incluida como corte 9 del disco. En esta grabación, la banda contaba aún con la presencia de Bobby Gillespie en la batería, quien poco después abandonaría el grupo para continuar con su propia banda Primal Scream. Sea como sea, esta canción es probablemente una de sus creaciones más gloriosas. “Some Candy Talking” suele ser malinterpretada como una canción que habla sobre el uso de la heroína y fue prohibida en diversas radios, entre ellas la BBC, pero por lo visto fue culpa de un locutor de radio que se inventó esta historia; ya que en una entrevista a Jim Reid dijo que precisamente esta canción de ninguna manera hablaba sobre drogas.

The Jesus And Mary Chain lograron la revitalización del rock de guitarras mediante la inyección de perversión melódica, mientras los sintetizadores del Synth-Pop y las amaneradas posturas de los Nuevos Románticos triunfaban en las listas de éxitos. Y es que el estado del pop británico de la primera mitad de los 80 era el propicio para que una cuadrilla de jóvenes insolentes expulsaran un vómito sonoro. La ridícula fastuosidad de los citados nuevos románticos (esperpéntica mezcla de americana remangada, supuesta clase deluxe y actitud e imagen de nuevo rico al que el glamour le queda varias tallas grandes) era el caldo de cultivo perfecto para que se produjesen reacciones en todos los rincones del pop de las Islas. Bobby Guillespie rememorando aquellos tiempos ha dicho: “éramos la jodida Velvet Underground en un mundo lleno de Dire Straits”.

Psychocandy es un álbum que parte de los primeros días del punk rock (influenciado por los Ramones, por la furia anárquica de Sex Pistols y por la desolación existencial de Joy División) para llegar a un nuevo paradigma de rebeldía en la música. Las canciones se dividen entre baladas espectrales de una sensibilidad y ternura surrealistas, y otras de pasajes instrumentales que crispan los nervios y pueden llegar a incomodar al oyente.

Pocas veces un título reflejó tan fielmente su interior como Psychocandy, un caramelo anfetaminizado de efecto devastador. Licuar a los Beach Boys y las Supremes en el “White light/ White heat” de la Velvet Underground, o peor aún , en el “Metal Machine Music” de Lou Reed en un concepto de banda total: estética, sonido y actitud al servicio de una sola idea. Exhortación sonora, ética y estética. Marañas de guitarras afiladas y estridentes, melodías dulcemente envenenadas interpretadas con voz de ultratumba. Esa malsana violencia existencial de Joy Division mezclada con la dulzura del pop y el hedonismo primitivo del rock’n’roll. Carne, muerte, sexo, oscuridad y religión fluyendo por unos textos tan estúpidamente provocativos, narcisistas y banales que se convirtieron en los aforismos que necesitaba una juventud con ganas de gritar y reafirmarse sin saber muy bien por qué, tal y como siempre fue y ha sido y será el rock.

The Jesus and Mary Chain – Never Understand (2:58)

Hay un asalto de guitarra pesada entremezclada con voces silenciadas, y de nuevo una melodía azucarada. La melodía tiene gran gancho, y hace que la base musical sea más agradable a los oídos, pero a medida que la canción está llegando a su fin, el chirriante fondo va acompañado de lo que suena como una persona que está siendo torturada. Este tipo de sonido era algo inaudito en la década de 1980 y convierte esta canción en un clásico del género.

Sin embargo, Psychocandy no es únicamente una brillante propuesta formal y vanguardista. De hecho los propios The Jesus And Mary Chain siempre sostuvieron que su gestación no respondía a ningún punto de partida teórico, sino que la necesidad de expresión no se ve coartada por ningún patrón matemático-artístico. No existe en Psychocandy impostación alguna, el que se joda el mundo era emitido con toda pureza, rudeza y visceralidad. La deconstrucción del rock’n’roll para servirlo de nuevo del modo más primitivo posible.

A The Jesus And Mary Chain se les ensalza comúnmente por lo que ha significado y/o influido su formulación sonora, mientras se deja a un segundo plano de manera completamente injusta, un hecho indiscutible: que los hermanos Reid han sido ni más ni menos que una de las parejas de compositores más brillantes del último pop británico. Afirmación que se suscribe fácilmente a la vista de su impresionante repertorio, equiparable en calidad a los similares artefactos editados en su momento por bandas como R.E.M, The Smiths o The Cure.

The Jesus and Mary Chain – My Little Underground (2:31)

Ésta es otra de esas canciones que pueden llegar a no ser agradables a todos los oídos. Murallas de distorsión, feedback guitarrero y mucho eco.

The Jesus And Mary Chain han continuado su carrera, mostrando otras caras en discos fundamentales. “Darklands” de 1987 que desborda oscura belleza e introspección. “Automatic” de 1989 en el que fusionan a Bo Didley y los Stooges con bases programadas. En los restantes largos han demostrado su capacidad para realizar canciones perfectas. Sin embargo hoy nos hemos quedado con los primeros y primitivos Jesus And Mary Chain, aquellos que fueron capaces de diluir la suavidad pop en el caos ruidoso, aquellos que aún hoy dejan a boquiabiertas a las nuevas generaciones, aquellos que definieron un estilo mil veces imitado y reverenciado, un islote de rupturismo y subversión en el maquillaje neo romántico de la Gran Bretaña mitad de los 80.

Todos tenemos nuestras volubles partículas de rabia adormecidas en el interior, una agresividad latente que, reunidas las circunstancias oportunas, sale a relucir con toda su intensidad. En aquella tarde fría de aquel noviembre gris, Indiego regresó de su viaje. Cuando abrió los ojos, se encontraba frente al espejo de la cómoda, que sin saber porqué estaba roto. Notó un calor húmedo en su mano derecha y descubrió que estaba sangrando. Cuando se dio vuelta hacia la cama, vio con espanto cómo toda la habitación se encontraba revuelta, como si hubiera pasado un auténtico tornado. Supo lo que había pasado: la rabia lo había poseído en su viaje. Lo malo es que ahora tenía que recoger el cuarto. Pero le gustó enormemente saber que él, tan bueno, tranquilo y apacible, podía romperlo todo con su rabia.

enero 2019
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