Viaje 8

De pronto un ansia le hizo incorporarse y salir disparado hacia el tercer cajón de la maltrecha cómoda. Todavía le quedaban un par de pastillas de las de su madre: a partir de ahora no podría cogerlas con tanta facilidad, pero bueno, en ese momento caerían dos, las necesitaba. Se las tragó con fruición. Después abrió el disco, sacó el CD de su interior y lo metió en su discman, que ya empezaba a mostrar ciertos arañazos por el uso y por el abuso. Pulsó el play y se puso los auriculares. Bajo, batería y guitarra empezaron a sonar con fuerza. A veces hay que abrir ciertas puertas, se dijo, y empezó a viajar.

 

A lo largo de los años 70, el Reino Unido se encontraba en un larga recesión que parecía no tener fin, y a finales de la década la crisis del petróleo y la escasez de gas todavía continuaban. La alta inflación y las cifras de desempleo, los disturbios en los suburbios, el racismo y las restricciones sobre el movimiento obrero causaron graves problemas sociales y pobreza entre las clases trabajadoras. La generación más joven de esta clase trabajadora se sentía alienada y olvidada por el régimen y el sistema socio-económico británico fue un fracaso. Y en medio de esta recesión surgiría el movimiento punk.

Y lo que parecía malo en el año 1976, podía ir a peor: en mayo de 1979 de las elecciones sale ganador el partido conservador y Margaret Thatcher se convirtió en Primera Ministra: y aunque el thatcherismo todavía no era un concepto en sí, la población recibió un anticipo de lo que sería.

Cada subcultura tiene su propia ideología, y el movimiento punk no es una excepción. Lo que si es y fue significativo para el movimiento punk, es que adoptó gran variedad de influencias: culturas juveniles de antaño, movimientos artísticos, política y filosofía. Con esta amplia gama de influencias, los punks no tenían una tendencia unificada, sino más bien un término que engloba las creencias de este movimiento: la ética DIY, do-it-yourself (háztelo tu mismo), nadie más lo hará por ti. El mensaje es que todo el mundo puede ser su propio experto en sin estar capacitado y sin haber sido entrenado.

Así, el movimiento punk no era sólo aquello que se podía ver. Fue un movimiento que tenía un mensaje, tanto a nivel interno, como el DIY, como externo, hacia el público en forma de acciones políticas directas e indirectas. La frustración, la desilusión y a veces la agresividad de la generación más joven de Reino Unido de finales de los 70 se expresó a menudo a través de la música, y en la estela de los Sex Pistols se formaron otros varios grupos, The Clash fue uno de ellos.

Sin embargo, mientras los Sex Pistols habían nacido prisioneros de la codicia de Malcom McLaren, The Clash fueron un caudal creativo independiente que nunca olvidó el compromiso con los suburbios londinenses de donde procedían (excepto Joe Strummer que venía de una familia de clase alta) ni con los del resto del planeta.

The Clash fue una banda que estuvo activa entre 1976 y 1986, formada esencialmente por Joe Strummer (voz y guitarra), Mick Jones (voz y guitarra), Paul Simonon (bajo) y Topper Headon (batería). Mick Jones sacó el nombre de la banda de una pintada que había en el muro de la autopista que hacía de frontera entre su barrio y una de las zonas más acomodadas de la ciudad.

London Calling (03:19). The Clash estaban sin mánager y casi ahogados en las deudas. A su alrededor, su país pasaba por una crisis durísima: comienzo de la ultraconservadora era Thatcher, conflictos raciales, desempleo, abuso generalizado de las drogas… “Nos daba la sensación de que estábamos en las últimas”, dijo Joe Strummer, “y no había nadie para ayudarnos”. Strummer y el guitarrista Mick Jones canalizaron su preocupación en una canción que sonaba como si The Clash hubieran entrado en la batalla. Sobre ese sonido urgente , Strummer aullaba a propósito sobre desastres reales o imaginarios. “London Calling”, el aviso de alarma de los noticiarios de la BBC durante la Segunda Guerra Mundial, fue la llamada de socorro de The Clash desde el corazón de la oscuridad”. Es un tema apocalíptico: cambio climático, una nueva edad de hielo, lluvias torrenciales, sequía, drogas, errores nucleares y escasez de petróleo.

Antes de “London Calling“, The Clash habían publicado dos magníficos álbumes de punk rock, donde ya se atisbaba que eran algo distinto al resto de las bandas de este estilo: el idealismo expresado en las composiciones de Joe Strummer y Mick Jones contrastó con el nihilismo de los Sex Pistols y la sencillez de Ramones, las otras bandas emblemas del punk en la época.

Lejos de vivir encerrados y de emprenderla con la población inmigrante que ya era común en las calles donde habían crecido, The Clash se impregnaron de cosmopolitismo, y decidieron que al punk le convenía ver mundo. Por eso se tomaron en serio lo que Estados Unidos tenía que ofrecerles como fuente cultural y musical inagotable; por eso también se fueron a Jamaica a la primera ocasión. Y tal vez por eso mismo se apuntaron a todas las causas perdidas tiñendo su obra de un idealismo de izquierdas que casi siempre fue antagónico a la anarquía y al nihilismo propuestos por sus compañeros de generación.

Spanish Bombs (03:18). No se necesita saber leer entre líneas para darse cuenta que esta canción habla sobre la guerra civil española. Sin embargo fueron varios atentados de ETA y del IRA de los años 70, los que inspiraron a Strummer para escribir este tema. Varios complejos turísticos de la Costa Brava fueron alcanzados por bombas, causando numerosas bajas. Partes de los 2º y 3er versos son cantadas en español y la frase “Oh please leave the ventana open” es un guiño al verso que abre y cierra el poema de Federico García Lorca “Despedida”.

Todo este bagaje de punk, ideología y cosmopolitismo cristalizó de un modo exuberante en “London Calling“. El disco fue grabado y publicado en el invierno de 1979; a todo prisa y como si nada los Clash se sacaron de la manga un doble LP plagado de éxitos que se ha vendido siempre a precio de serie media. La portada hacía referencia de forma consciente, no se sabe si a modo de homenaje o de burla, a la del primer álbum de Elvis Presley, aunque la icónica fotografía de Simonon a punto de destrozar su bajo era puro punk. Y es que The Clash fueron de lo más punk, aunque no se lo parezca a quienes se acercan a este disco tres décadas después. Desde luego, no es «search and destroy». “London Calling” es una obra que propone salidas y respuestas, la solución más cuerda y entusiasta al callejón sin salida en que se había metido el punk denunciando que el pasado había sido decadencia.

Como todos los grandes discos, “London Calling” tiene la virtud de reciclar, filtrar, reinventar y generar. hay rock clásico y hasta apuntes de rockabilly, además de la evidente inmersión, honesta y respetuosa, en la música de baile de la época, el reggae y todas sus variantes. Y todo sin complejos. Precisamente esa falta de complejos es la manera de acercarse a “London Calling” con toda la comercialidad que atesora. En poco más de una hora, The Clash le regalaron al futuro un puñado de canciones clásicas y eternas.

Lost In The Supermarket (03:47). Adicción y alienación. La canción trata de cómo establecer una identidad a través del consumismo. A través de su letra, el oyente se sumerge de lleno en la alienación del consumidor: esa sensación de estar rodeado de promociones especiales y ofertas. El protagonista está sintonizado con la sociedad del consumo: ve todos los programas que le dicen qué comprar para convertirse en una persona realizada. Y para curar su vacío espiritual, se va a al supermercado a comprar esa oferta especial, una personalidad garantizada. Y si esto no funciona, empina una botella y se siente un poco liberado.

Aunque el estatus de “London Calling” sea ahora innegable, de ningún modo fue universalmente reconocido cuando fue publicado allá por 1979. La excelencia musical no era lo importante en esos días  extraordinarios en que importaba la actitud: muchos críticos entendieron este disco como una traición a los principios del punk, porque según ellos, los Clash se habían vuelto americanos. Eran capaces de utilizar modernos métodos de producción y usaban teclados y vientos, cuando el minimalismo y la miseria habían definido al punk desde el principio. Y sin embargo el disco estaba muy bien vestido: aunque su música seguía señalando y discutiendo la dura realidad de las vidas de sus seguidores, ahora ésta era más elegante, melódica, generosa y cálida. En cierto modo, la elegancia era algo que The Clash apenas podían evitar: aunque al principio no eran unos músicos virtuosos, con la práctica habían logrado la habilidad, la eficiencia y la inteligencia: para su tercer disco se habían dado cuenta de que la denuncia social no se trataba sólo de crear himnos que arremetieran contra sus supuestos opresores; también podía involucrar una meditada escala de grises.

Death Or Glory (03:55). Death or Glory es el lema de los lanceros Reales de la Reina del ejército británico, y significa que es honorable morir por tu país. Un soldado devoto prefiere morir antes que vivir en la deshonra. En 1979 este lema se había convertido en una frase de moda y era el eslogan para el estilo de vida de aquellos que consumían drogas. Strummer utiliza el lema en paralelo con el rock and roll y la hipocresía del negocio de la música, dejando entrever el modo en que las posturas juveniles de idealismo y de rechazo al compromiso son erosionadas por las realidades de la vida.

Se les puede acusar de suavizar el punk rock con disgresiones estilísticas y de hablar sobre política sin verdadero conocimiento de causa, pero treinta y cuatro años después de la grabación de “London Calling“, la obra maestra de los Clash, sigue siendo el disco que ofreció una salida vital al ombliguismo del punk, tendiendo un puente entre los 70 y los 80. “London Calling” puede y debe ser reconocido ahora no sólo como el disco en que los Clash escupieron al punk, sino como aquel con  el que lo reinventaron y demostraron que se trataba de conciencia social y artística, no de tres acordes y un estudiado aire sombrío. El álbum redefinió también en cierto sentido la música rock, cuyo modelo había sido hasta entonces los Rolling Stones. Aunque ambas bandas creían de verdad en la justificación de la rebeldía y la irreductibilidad del rock, allí donde los Stones eran engreídos, los Clash eran de la calle.

Train In Vain (03:10). “Train In Vain”, la canción oculta al final de este álbum “London Calling”, ya que no aparecía ni en la contraportada ni en la etiqueta. Ni siquiera tenía un título propiamente dicho (no están las palabras ni train ni vain en toda la letra) y los fans asumieron que era “stand by me”. “Train in Vain” es una canción de amor; cuenta su cantante Joe Strummer que Mick Jones por aquella época cogía el tren con frecuencia para visitar a su novia, pero que para su desgracia la mitad de las veces su esfuerzo no era recompensado, así que el viaje en tren había sido un esfuerzo en vano.

La actitud, el estilo y la originalidad lírica de The Clash han tenido una gran influencia en un sinnúmero de artistas, tanto dentro como fuera de la escena punk. La banda fue de gran importancia para el desarrollo del movimiento, tanto políticamente como en términos musicales, en particular a través de su conciencia social. Líricamente convirtieron estilo agresivo de la música punk en algo mucho más sofisticado y de género intelectual, con una intencionalidad política en sus letras que con el tiempo se convertiría en su característica distintiva fundamental. Ellos abrieron nuevas puertas mezclando todo lo que significa el punk con ritmos y estilos musicales como el Reggae, el Dub y el Ska.

 

Pasaron más de cinco minutos desde que había acabado el disco para que Indiego regresara de su viaje. Tenía muchas ganas de ir con Mandy a Londres. Había sentido la llamada, y presentía que este viaje no iba a ser en vano. Sólo era un presentimiento, pero era muy poderoso. Lo que sí que tenía muy claro es que nadie, ni siquiera las personas que más quería, le iban a decir qué puertas debía o no abrir. Y en ese momento tenía ganas de abrirlas todas a la vez.

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